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Cara a cara

Lunes, 05 de enero de 2026 a las 04:00

 El Gobierno volvió a convocar al diálogo y la COB volvió a sentarse a la mesa. El gesto, en sí mismo, es necesario: en una crisis profunda, dialogar siempre es mejor que imponer. Pero el problema no está en la convocatoria, sino en la coherencia de quienes dicen representar a los trabajadores.

 Los dirigentes de la COB hablan en nombre del pueblo, pero viven muy lejos de su realidad. Mientras millones de bolivianos hacen malabares para llegar a fin de mes, varios líderes sindicales gozan de sueldos privilegiados, viáticos generosos y una estabilidad que no conoce el obrero común. 

 La doble moral es evidente. Convocan a paros y bloqueos que castigan al ciudadano que necesita trabajar, al pequeño comerciante, al transportista y al emprendedor. Protestan desde la comodidad de oficinas y salarios seguros, mientras paralizan al país.

 El diálogo es imprescindible, sí. Pero también lo es la honestidad. Sin autocrítica y sin coherencia entre discurso y práctica, cualquier mesa de diálogo corre el riesgo de convertirse en una puesta en escena más.

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