Se acaba un año difícil. El 2025 ha sido un año de emociones intensas. La preocupante situación económica se acrecentó con la incertidumbre política en un año doblemente electoral. Solo el cambio de rumbo en el mando del país puso un poco de tranquilidad en el atormentado escenario nacional. Digo un poco, porque con la puesta en marcha de las elecciones autonómicas la palestra política se llenó, de nuevo, de postulantes, aspirantes, candidatos y demás actores listos para la batalla.
Peleas antes que planes. La tónica de la campaña electoral para definir a las nuevas autoridades municipales y departamentales viene picante. La misma noche del registro de candidatos se vivió el primer incidente con insultos, empujones, puñetes y acusaciones cruzadas. Mal inicio. Cuando más se necesita hablar de proyectos de inversión y de programas sociales, los políticos dirigen sus energías a mostrar los deméritos de sus rivales. No es nuevo este comportamiento, pero ya cansa volver otra vez a la misma tónica electoral.
Las urgencias son claras. Basta ver la ciudad o las necesidades que se viven en el campo para darse cuenta de que las nuevas autoridades tendrán un duro trabajo por delante. El pacto fiscal será el puntapié. Con una mejora en los recursos que reciban no hay más excusas. A nivel departamental: carreteras, hospitales y defensivos en las zonas inundables son emergencia. En la ciudad, más que bonos económicos se demanda orden en mercados, transparencia en las finanzas y confianza en las autoridades.