Soplan vientos de cambio en la aeronavegación nacional. Hace pocos días ya se evidenciaban señales de una crisis profunda en Boliviana de Aviación (BoA): se confirmó que arrastraba una deuda millonaria y que operaba con menos de la mitad de sus 20 aeronaves. Las consecuencias eran sufridas de manera directa y sistemática por los pasajeros, con constantes retrasos y cancelaciones de vuelos.
La nueva administración de BoA había comenzado a dar señales de mayor transparencia al reconocer que los números no eran favorables. Admitió la existencia de un déficit operativo millonario en lo que va del año, en marcado contraste con la anterior gerencia, que prometía superávit y minimizaba cualquier cuestionamiento. Expertos del sector ya advertían que, sin una capitalización urgente, la aerolínea corría un riesgo real de desaparecer.
En este contexto delicado, el Gobierno decidió intervenir la empresa aérea. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, anunció ayer desde la sede de BoA en Cochabamba la activación de un operativo de control, auditoría y transparencia en el marco de una intervención, con el objetivo de normalizar las operaciones. En los últimos días se incorporaron nuevas aeronaves y, aun así, persistieron los atrasos y las quejas de los usuarios. Para el ministro Zamora, esto evidencia un problema de planificación más que de flota, lo que habría precipitado la intervención.
Esta acción abre la posibilidad de dar un necesario golpe de timón en el sector. Lo que ocurre en BoA es sintomático del estado general de la aviación nacional, que el año pasado registró una caída del 2,4% en el número de pasajeros transportados, mientras que a escala mundial la aviación comercial creció un 10,4%.
Pero el debate va más allá de la aerolínea estatal. Cobra cada vez más fuerza la idea de una reforma integral del sistema aeronáutico nacional, que apunte a generar competencia y a romper la condición casi monopólica que heredó BoA tras la desaparición de sus principales competidoras.
En esa línea, la bancada de la Alianza Libre presentó un proyecto de ley de cielos abiertos, que permitiría a aerolíneas internacionales realizar vuelos de cabotaje. Hoy esto no es posible, ni siquiera cuando deben hacer escalas internas: vuelan con asientos vacíos. El objetivo central es beneficiar a los usuarios mediante la competencia, con más opciones de destinos y tarifas potencialmente más bajas.
Sin duda, a BoA le haría bien sacudirse del letargo operativo heredado de la era del MAS enfrentando un escenario competitivo real. Durante ese periodo primaron la protección estatal, las tarifas distorsionadas y la falta de responsabilidad empresarial. Sin ese paraguas, la aerolínea tendría que ordenarse, ganar eficiencia y mejorar sustancialmente sus servicios para sobrevivir en un sector tan exigente como el de la aviación comercial.
No obstante, abrir los cielos exige cambios previos: adecuaciones normativas, mejoras en los servicios aeroportuarios y una profunda modernización de las instituciones que regulan y prestan servicios complementarios. Conviene, además, ser realistas. La apertura no garantiza una avalancha de aerolíneas internacionales. El mercado boliviano es uno de los más pequeños de la región y la mayor parte de la demanda se concentra en las ciudades del eje central.
Lo que resulta innegable es que Bolivia debe avanzar hacia una modernización integral de su aviación comercial para poner en valor su ubicación estratégica en el corazón de Sudamérica. Este proceso sería coherente con la propuesta del nuevo Gobierno de reformar el Estado y abrir el país al mundo para atraer turistas e inversiones.