Dos cuentas regresivas avanzan en paralelo. La primera, la más notoria, marca el 19 de octubre como el momento cero. La cita con las urnas concentra la atención de la gran mayoría del país. La segunda cuenta regresiva se maneja casi en privado. En este segundo caso, el reloj en retroceso se encuentra en la Casa Grande del Pueblo y marca como fecha final el 8 de noviembre, día de la transición de mando.
Para el Gobierno central, ese día, el 8 de noviembre, se cerrará el telón de una gestión nefasta. Más allá de reconocerlo y hacer ‘mea culpa’, diversas autoridades insisten en sostener la farsa del ‘todo está bien’. Un ejemplo de ello lo vemos en la declaración de la viceministra de Presupuesto y Contabilidad Fiscal, Gloria Villanueva, cuando insiste en sostener que “nosotros no estamos dejando un país con una economía en crisis, más al contrario, en todo este tiempo, desde el 2020, hemos ido trabajando en diferentes políticas y estamos entregando una economía estable”.
Poco dura el espejismo de bonanza. La realidad se encarga, de una manera brutalmente silenciosa, de desdecir al Gobierno. La realidad… y otros funcionarios dependientes del mismo Gobierno.
Horas después del alentador mensaje de Villanueva; el presidente de YPFB, Armin Dorgathen, mostró la verdadera versión de un Gobierno a la deriva que trata de sostener la nave solo hasta el 8 de noviembre.
“No hemos recibido, en las últimas dos semanas, los pagos suficientes para poder realizar el abastecimiento (compra de combustible en el exterior)... así que estimamos que esta semana vamos a estar con un abastecimiento al 70, al 80% para poder proveer en las estaciones de servicio”, lanzó el ejecutivo. Completó su ‘confesión’ con el reiterado mensaje a la población para que no llene su tanque si este está, todavía por la mitad.
Como si fuera un banderazo de salida en una carrera de velocidad, cientos de automóviles fueron a los diversos surtidores para abastecerse antes de que escasee nuevamente el combustible. La imagen de las largas filas de vehículos aguardando en los surtidores por horas contradice el mensaje esperanzador de la viceministra.
Las declaraciones de Dorgathen, más allá de la alerta por la disminución de combustible que despacha YPFB, son reveladoramente preocupantes. “No hemos recibido los pagos suficientes” es el hecho. Hay que indagar las causas. ¿Por qué no se aprovisionó los dólares necesarios para garantizar el abastecimiento de gasolina y diésel tal y como se ha comprometido este Gobierno saliente con diversos sectores productivos? ¿Tiene relación esta dificultad de conseguir las divisas con el retraso en el pago del bono Juancito Pinto? ¿Hay liquidez en el aparato estatal?
Habrá que esperar hasta el 8 de noviembre, cuando el nuevo presidente de Bolivia elegido en una histórica segunda vuelta le cuente al país en qué condiciones recibe la economía del Estado. Será ese momento, cuando el segundo reloj ya marque cero, cuando los espejismos discursivos de las autoridades actuales se rompan. Y no es de extrañar que, en ese mismo momento, esas mismas autoridades que trataron de extender al máximo esa mentira de la estabilidad económica durante la gestión de Luis Arce, reclamen al Gobierno entrante respuestas inmediatas para los problemas que ellos mismos generaron, aumentaron y dejaron sin atender.