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Violencia y educación

Martes, 07 de octubre de 2025 a las 09:43

La prevención es un proceso continuo que desarrolla competencias para que el sujeto solucione sus dificultades. Cómo prevenir es controlar el futuro, y el sistema educativo tiene un contexto apropiado para tal fin. Pedagógicamente es recomendable emplear las tres prevenciones:


- Primaria: son proyectos y programas tendientes a evitar la aparición de problemas y van dirigidos a todos los estudiantes. 


- Secundaria: reservada solo para estudiantes en riesgo. La meta es acabar o detener las dificultades lo antes posible. 


- Terciaria: se la utiliza con los alumnos que presentan trastornos evidentes de conducta, remitiéndolos a especialistas externos con el propósito de terminar con los inconvenientes.


La dupla agresividad-violencia tiene esta relación:  la agresividad es una forma de energía instintiva que, para sobrevivir, impulsa al sujeto a defenderse de los ataques del exterior. 


Hay dos clases de agresividad: positiva y negativa. La positiva vuelve al sujeto audaz para enfrentar los sinsabores de la vida, como el caso del alumno que se esfuerza de manera enérgica para terminar su tarea. 


La agresividad mal controlada rápidamente se desborda para convertirse en negativa. Al transformarse en violencia se expresa en actos que pueden dañar a otro. Tal el caso del alumno que, al no resolver su tarea, grita de impotencia, lanza improperios y golpea la mesa. 
La violencia es una actividad hostil; es el empleo intencional de la fuerza para alcanzar un objetivo causando daño, porque obliga al otro a hacer lo que uno quiere. 


Más simple: la agresividad es lo interno, es el motor de la conducta violenta del sujeto. La agresividad bien controlada no produce violencia; pero toda violencia contiene agresividad negativa. 


Al tener la agresividad una base orgánica en el sistema límbico, en neurotransmisores, en hormonas, en factores epigenéticos, etc., reprimirla será imposible; pero sí se la puede canalizar en forma constructiva, mediante la educación.


El alumno tiene que aprender a controlarse identificando el surgimiento de la agresividad al experimentar sus señales físicas: tensión muscular, respiración acelerada, calor corporal y palpitaciones. Luego debe hacer una pausa breve contando hasta diez y alejándose un momento del centro de discusión. A la vez tiene que respirar profundamente con el fin de no reaccionar con impulsividad. Una buena técnica es pensar, en ese momento, en una canción favorita.


Para un efectivo control emocional, la mejor forma de respirar es la diafragmática, o sea, se debe inhalar aire en forma lenta por la nariz (inflar la barriga) y exhalar largamente por la boca.


Después el alumno procederá, en forma progresiva, a relajar sus músculos, para lo cual irá soltando conscientemente los hombros, la mandíbula y las manos.


La educación es una respuesta a las necesidades de la sociedad; por tanto, este tema tiene que incorporarse en el currículum nacional.

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