La vieja política se rehúsa a desaparecer. Se aferra cual garrapata a su supervivencia, mientras succiona las últimas posibilidades de mantenerse vigente en los diversos escenarios políticos. No dudan en plantear uno, dos y cien recursos jurídicos para dilatar lo inevitable. En este caso, el gran salto a una nueva forma de hacer política desde la transparencia y el servicio.
Esa esencia gastada de la política corrompida ha contagiado al Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra. Ese mismo legislativo municipal que, solo un par de años antes, era elogiado por su buen hacer. ¿Cómo ha devenido aquel hemiciclo dinámico y cuestionador en un adormecido Concejo incapaz de sesionar?
Desde el inicio de gestión, allá por mayo de 2021, la disputa por el control del Legislativo municipal confrontó a las dos bancadas mayoritarias. Tanto UCS como Comunidad Autonómica contaban con cuatro concejales cada bando. La disputa sobre quién era considerada la fuerza mayoritaria abrió un frente legal que se demoró casi toda la legislatura para dilucidarse en los estratos judiciales. Los porqués de semejante demora se explican en la complicidad entre los estratos judiciales y los poderes políticos de turno.
La fragmentación de la ‘bancada de Gary Áñez’ como se autodenominó C-A, debilitó la postura opositora y allanó el camino a la UCS. Los alejamientos de Lola Terrazas, primero, y Juan Carlos Medrano, después, afianzaron el dominio de los ‘pupilos de Jhonny’. Durante los tres primeros años, operó el rodillo oficialista, fruto de la convenenciera alianza con los dos concejales del MAS, para alegría y beneplácito de Jhonny Fernández.
El periodo de Gabriela Garzón en la presidencia replicó en el salón de sesiones el comportamiento despótico de un alcalde dominado por la vanidad. Era frecuente, en esas sesiones, ver a Garzón interrumpir, limitar y corregir constantemente al concejal Fede Morón en una permanente provocación para irritar al opositor más pasional.
A pesar de la desfavorable posición que tenían los opositores, tanto los de C-A, como los ediles de Demócratas –el titular y su suplente– lograron hacer una más que digna fiscalización al ejecutivo. De nada sirvió la monstruosidad del aparato municipal. Nunca lograron intimidar a una oposición que dinamitó la poca credibilidad del ejecutivo con sus incesantes denuncias, comprobadas en la mayoría de los casos, de corrupción.
Los aires rejuvenecedores se hacían campo en el Concejo. Tanto así que dos de los pesos pesados de Jhonny dijeron basta a ese servilismo característico de la vieja política y optaron por cambiar de vereda. Con Silvana Mucarzel e Israel Alcocer en el frente opositor, ahora en mayoría, el Ejecutivo sintió el peso de un Legislativo que encarrilaba su labor de control y fiscalización.
Poco duró ese buen hacer del Concejo. La demanda por transfugio iniciada por UCS contra los dos autoseparados concejales derivó en el periodo más turbio de la legislatura. Gritos, insultos y peleas se hicieron normales donde antes se debatía leyes o se cuestionaba a funcionarios del Municipio. La participación de abogados, de uno y otro bando, ensombreció aun más el día a día del Concejo; tanto así que las ansias de protagonismo y los anhelos de poder desmedido contagiaron a más de un concejal.
Ahora, la pelea por acceder a la presidencia del Concejo tiene nuevos contendientes… ojalá que no se contagien de las malas mañas políticas.