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El gran desafío del próximo gobierno

Domingo, 12 de octubre de 2025 a las 04:00

El próximo gobierno heredará un país en bancarrota y con crisis estructural. Como sostuve en varias columnas, no es solo una desaceleración; es el modelo agotado e insostenible. La estabilidad del nuevo gobierno estará sujeta al equilibrio macroeconómico. Mantenerse en el poder hasta la conclusión del mandato será uno de los grandes retos.


Su permanencia dependerá del equilibrio y la estabilidad económica. Ahora, el equilibrio macroeconómico pasa, inevitablemente, por un radical ajuste y cambio de modelo. El Modelo Económico Social Productivo, en el horizonte de 20 años, ha sido un rotundo fracaso. Los padres de este modelo, los “Chuquiago Boys”, resultaron unos despreciables p’aqpakus.


Durante cerca de una década, en la bonanza económica, se “pavoneaban” con la ilusión de prosperidad eterna. Hoy, habiendo tocado fondo, el modelo se desnuda y se ve la realidad: déficit fiscal, inflación, deuda, iliquidez y un Estado hipertrofiado. 


La raíz de todos estos males es el déficit fiscal. Durante diez años consecutivos, el gobierno gasto más de lo que tenía. En economía, ese es un error capital. En el mediano plazo, cavas tu propia tumba. El promedio del déficit fiscal durante una década, alcanza al 10% del Producto Interno Bruto (PIB). Si el año pasado, el PIB bordeo los 46.000 millones de dólares, el déficit fiscal fue de 4.600 millones de dólares. 


En promedio, ese es el monto que el gobierno debe financiar cada año, obteniendo esos recursos de algún lado. Primero, financiaron con las Reservas Internacionales Netas (RIN), disponiendo incluso parte de las reservas de oro. Luego, el déficit fue financiado con préstamos. La deuda interna y externa, hoy, se acerca al 100% del PIB.


Como no quisieron, ni pretendieron ajustar los gastos, después, ingresando a un campo minado, comenzaron a financiar el déficit con la impresión inorgánica de moneda. Esta constante, de gastar más de lo que se tiene, es una obstinación absolutamente irracional. Al desplomarse los ingresos del gas, mínimamente, debían buscar el equilibrio reduciendo los gastos. Sin embargo, estos se mantuvieron constantes. 


De este modo, agotaron las reservas internacionales, vendieron (también empeñaron) el oro, se endeudaron y echaron mano a los fondos de la Gestora Publica. Como ya no hay cómo, ni de dónde, financiar estos gastos, están imprimiendo billetes en cantidades nunca antes vista.


Derivado de esto, viene otro terrible mal: la inflación. El 2025, según cifras oficiales, la inflación acumulada bordea el 20%. Para muchos, sin embargo, ese dato no mide la subida real de precios, pues, los precios de casi todos los productos, fluctúan sobre la base del precio del dólar en el mercado paralelo.


Con la subida de precios y la consecuente pérdida del poder adquisitivo, los salarios se erosionan cotidianamente. Cada vez, se compra menos. Y, lo que es más grave aún, la economía no crece. Las últimas cifras del Banco Mundial, sobre el crecimiento del PIB, son de terror. No solo dejaremos de crecer, sino que, el 2026 y 2027, la economía boliviana decrecerá -1,5%. Esto significa que, estamos frente a una peligrosa combinación: recesión + inflación, habiendo ingresado a una fase de estanflación.


Este terrorífico escenario, las cifras oficiales pretenden maquillar. Sin embargo, en las calles y en los mercados se vive la cruda realidad. La falta de dólares, la incontrolable subida de precios, las enormes filas por combustibles; son síntomas inequívocos de una economía colapsada.


La aguda iliquidez agrava este cuadro. Las pocas divisas disponibles no alcanzan ni siquiera para pagar las cuotas del servicio de la deuda. Hubo momentos en los que se decidió no comprar combustible para priorizar el pago de la deuda y no ingresar en default.


La reciente operación con nueve toneladas de oro fue el último recurso de este modelo en agonía. Como el problema es estructural, no hay como financiar el gasto, sostener la moneda y garantizar la estabilidad. 


Hasta ahora, se evitó el colapso, imprimiendo moneda. Es una solución rápida y fácil, empero muy destructiva. La historia nos dice que la impresión indiscriminada de billetes es la antesala de la hiperinflación.


Como la raíz de todos estos males es el déficit fiscal, el desafío del próximo gobierno es ajustarlo para encontrar el equilibrio. El ajuste será traumático, tiene muchos riesgos y un enorme costo social. Las clases populares serán las más afectadas. Recientes estudios, que han medido el impacto de un futuro ajuste, dan cuenta de la magnitud del costo. Cientos de miles de bolivianos ingresarían al umbral de la pobreza.


Sin embargo, los costos de no hacer el ajuste, son peores. Si con los ajustes, los pobres se vuelven más pobres; sin los ajustes, millones de pobres serán condenados a la miseria. Difícil decisión. De cualquier forma, ese es el gran desafío del próximo gobierno.
 

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