Cuando un líder político es derrocado o cae en desgracia, no solo debe buscar ponerse a buen recaudo, en muchos casos el exilio, sino también muchos de sus seguidores, simpatizantes, así como funcionarios de su desafortunada gestión. La historia de nuestro país está llena de ejemplos en este sentido hasta el presente. Pero no solo Bolivia es un ejemplo de estos casos y no siempre estos exilios son desafortunados. Ya en los setenta del siglo pasado, con algo de sorna, algunos de los exiliados de la dictadura militar de la época solían referirse a sí mismos como los “becados de Banzer” debido a que aprovecharon para realizar estudios en el exterior mientras durase el exilio, aludiendo también, claro, al exilio forzoso al que fueron sometidos.
A finales del siglo XIX, José Manuel Balmaceda (1840 - 1891) presidente de Chile entre 1886 y 1891, entró en un conflicto con el congreso chileno que no hacía más que empeorar, semana tras semana, caldeando las relaciones entre el poder ejecutivo y el poder legislativo y llegando a provocar una guerra civil en el vecino país.
Tras la derrota de la facción del ejército leal todavía al presidente, éste no tuvo más remedio que delegar el poder y refugiarse en la embajada argentina, mientras su familia partía al exilio a Estados Unidos. En la embajada redactó su famoso testamento político y después se descerrajó el cráneo de un tiro.
Si bien la historiografía chilena menciona que los exilios de los seguidores de Balmaceda fueron mínimos, es indudable que los hubo. Sus seguidores buscaron refugio en países vecinos, escapando de posibles represalias, así, llegaron algunos exiliados chilenos a Bolivia, buscando refugio y finalmente echando raíces en nuestro país. Dos de ellos, especialmente, son los que nos interesan hoy.
El primero, Ambrosio García Cárdenas, marino chileno nacido a mediados del siglo XIX, alférez de fragata y fiel partidario de Balmaceda, salió exiliado a fines de 1891, buscando refugio en las llanuras del Beni, donde, gracias a su sólida formación humanística, rápidamente encontró trabajo, formando parte del grupo de articulistas de la prensa beniana que, por entonces, crecía con pasos esperanzadores después de la fundación del primer periódico beniano en 1882, apenas una década antes de su llegada.
El primer periódico beniano apareció en la capital del departamento, la ciudad de Trinidad, en 1882, fundado por Tomás Melitón Villavicencio y se llamó El Eco de Oriente. A partir de entonces, poco a poco las demás poblaciones del departamento fueron haciendo aparecer sus respectivos medios de prensa. Ambrosio García Cárdenas fue periodista y trabajó en El Eco de Oriente y, poco después, en El 18 de noviembre, periódico fundado en Trinidad un 18 de noviembre de 1895, como homenaje a la fecha de creación del departamento por don Manuel Antonio Téllez. Entre sus redactores más destacados encontramos a Abelardo Zabala, Lisandro Guzmán Rosell y Plácido Molina Mostajo, trabajando codo a codo junto a don Ambrosio.
Don Ambrosio, ya un beniano más, formó una familia y se estableció definitivamente en el Oriente boliviano, dejando un enorme legado literario, periodístico y cultural, además de convertirse en el tronco de grandes intelectuales y escritores benianos, como José Luis Roca García, Hernando García Vespa y Ambrosio García, por citar solo unos cuantos.
A la par de Ambrosio, también buscó refugio en tierras orientales don Pedro Rojas Mery, joven político chileno que se asentó en la capital de la provincia Vallegrande y en donde llego a ser electo munícipe y subprefecto de la provincia. En 1924, Pedro Rojas levantó un censo urbano de la capital vallegrandina, coordinando la logística de dicho censo en miras al proyecto de departamentalización de la provincia.
En la década siguiente, radicado en la capital cruceña, Rojas Mery fue un destacado miembro de la sociedad cruceña, formando parte de instituciones representativas de la cruceñidad, incluso como fundador de algunas de ellas, como el Rotary Club de la ciudad, fundado a fines de la década de los treinta.
Los exilios casi siempre implican dolor por el desarraigo y la soledad. En este caso, si bien muy probablemente nuestros personajes también sufrieron el desarraigo después de la caída de Balmaceda en Chile, a la larga se convirtieron en elementos valiosos para la sociedad boliviana y miembros plenos de la misma. Bolivia y Chile comparten no solo límites fronterizos sino historias enormes de migración y cultura, en el ayer como en el ahora, y hechos como la caída de un presidente en el vecino país, llegaron a significar un aporte de capital humano valioso para nuestro territorio.