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Modelo económico cruceño: de los trapiches al poder agroindustrial

Miércoles, 24 de septiembre de 2025 a las 07:06

Hito. De pioneros anónimos a visionarios empresarios, la historia productiva de Santa Cruz convirtió a la región en el motor agroindustrial de Bolivia

La historia de la agroindustria en Santa Cruz no comenzó con los ingenios modernos ni con los grandes consorcios azucareros del siglo XX. Se remonta, como recuerda el historiador Carlos Cirbian, a los días fundacionales de la ciudad, cuando la ilusión del dorado se disipó y los colonizadores entendieron que el verdadero tesoro estaba en la tierra.

“Desde la primera década del siglo XVII ya hay registros de producción azucarera en escala significativa, encabezada por figuras como doña Catalina Polanco, una cruceña pionera en aquellos tiempos”, relata Cirbián.

En paralelo, Santa Cruz empezó a integrarse a los circuitos mercantiles del Virreinato del Río de la Plata: compraba ganado en el Tucumán, lo engordaba en sus llanuras y lo revendía a mercados brasileños. No era aún capitalismo, sino economía precapitalista, pero ya mostraba la vocación productiva de la región.

En el siglo XIX, el paisaje productivo se diversificó con café, azúcar, cueros y charque. En ese tiempo surgieron familias y personajes que serían el germen de la agroindustria moderna.

Uno de ellos, Lorenzo Santa Cruz Aguilera, introdujo innovaciones tecnológicas con trapiches metálicos a vapor.

Ya en el siglo XX, apellidos como Aponte Jiménez, Gutiérrez, Gasser y Barbery marcaron el rumbo de la agroindustria. Y entre ellos brilló con luz propia Rubén Darío Gutiérrez, un empresario que no solo fue pionero en la producción cañera y la diversificación industrial, sino también en la visión cívica. Cirbián lo recuerda como “un emblemático empresario agroindustrial de Santa Cruz y, al mismo tiempo, el primer presidente del Comité Cívico”.

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Ramón Darío Gutiérrez, empresario pionero en la producción azucarera y primer presidente del Comité pro Santa Cruz

Su figura encarnó la transición entre el impulso productivo familiar y la organización institucional que proyectó a Santa Cruz hacia la modernidad.

“El factor común —resume Cirbián— es la cultura productiva, la herencia genética de un pueblo que nunca improvisó. Aquí no fue el Estado el que impuso cultivos; fueron generaciones de cruceños que crecieron vinculados a su tierra, con trabajo tesonero y sin respaldo estatal”.

La carretera asfaltada llegó recién en los años 50, y con ella la integración plena al país. Hasta entonces, Santa Cruz había sido autosuficiente y olvidada a la vez. A partir de ese vínculo tardío, la región se convirtió en garante de la seguridad alimentaria nacional: arroz, azúcar, carne y proteína animal que antes se importaban empezaron a producirse en escala suficiente para abastecer a Bolivia.

Hoy, cuando se intenta relativizar ese proceso histórico, Cirbián es categórico: “Bolivia perdió más de un siglo de desarrollo por haber marginado a Santa Cruz. Este país jamás tuvo un plan de construcción de Estado serio. Lo que ha sostenido a Bolivia en lo alimentario son Santa Cruz, Beni y Pando, que siempre fueron autosuficientes”.

La agroindustria cruceña, lejos de ser un regalo estatal, fue fruto de siglos de sacrificio, innovación y cultura productiva. Desde los trapiches coloniales hasta la visión de hombres como Rubén Darío Gutiérrez, Santa Cruz sembró lo que hoy cosecha: el lugar de motor económico del país.

CIFRAS DEL AGRO

Importancia. Santa Cruz participa con el 100 % del sorgo y girasol del país; 99 % de la soya; y 92 % de la caña de azúcar

Comercio exterior. En exportaciones agropecuarias, Santa Cruz lidera con el 87 % del valor y el 94 % del volumen

Aporte. El departamento aporta cerca del 31,5 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país

Modelo económico. La región produce el 76% de los alimentos que consumen en todo el país

 

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