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El camino de lucha: el rostro de la rebeldía cruceña

Miércoles, 24 de septiembre de 2025 a las 07:00

Sin miedos. Las demandas de Santa Cruz tienen nombres propios. Junto a ellos un pueblo valeroso que avanza en unidad 

La noche del 13 de noviembre de 2022, Rómulo Calvo, en ese momento presidente del Comité pro Santa Cruz, consultaba a los miles y miles de cruceños presentes en el cabildo si consideraba pertinente repensar la relación entre Santa Cruz y el Estado. Las voces más críticas, las que siempre miraron con recelo las propuestas que nacían de esta calurosa tierra, volvieron a repetir un mismo argumento para denostar el clamor de un pueblo valeroso.

Ya el 24 de septiembre de 1810, la rebeldía que ebullía en estas llanuras se enfrentó sin miedo a las tropas realistas. 15 años después, el 14 de febrero de 1825 proclamó su independencia de la corona española y reivindicó su anhelo de escribir su propia historia. Es así que el 29 de abril de 1825, dispuso las 21 instrucciones que los dos representantes cruceños (Antonio Vicente Seoane y Vicente Caballero) a la asamblea deliberante convocada en Chuquisaca.

Las ideas modernizadoras que incubó Santa Cruz a lo largo del siglo XIX, alimentaron el afán federalista de Andrés Ibáñez en 1876. La aventura del club de la Igualdad duró poco (Ibáñez fue fusilado el 1ro de mayo de 1877), pero reforzó el espíritu rebelde del cruceño.

El reclamo federal tuvo un nuevo impulso en 1891 con la ‘Revolución de los Domingos (Domingo Ardaya, Domingo Ávila, Augusto Toledo y Jerónimo Otazo) y la Junta Federal de los Estados del Oriente.

Con el siglo XX, Santa Cruz mira al futuro con esperanza. El Memorándum de 1904 (destacan como autores Plácido Molina Mostajo, Ángel Sandoval Peña y José Benjamín Burela) establecía las bases de la modernización y el progreso para la región. En esa misma línea, años más tarde, llega el movimiento ‘Ferrocarril o nada’ (1921-1924), como expresión de una necesidad de desarrollo ahogada por el centralismo político.

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La colocación de la primera loseta en la capital cruceña /Foto: Archivo Comité pro Santa Cruz

Ni siquiera la Ley de Regalías, aprobada el 15 de julio de 1938, en el gobierno de German Busch Becerra, permitió el despegue de la región, pues la entrega de esas regalías petroleras estuvo congelada hasta la segunda mitad de la década del 50 gracias a las luchas cívicas que unieron a Santa Cruz en demanda de los recursos que cimentaran su propio desarrollo.

La figura de Melchor Pinto Parada, como presidente del Comité pro Santa Cruz (creado en 1950) movilizó a miles de cruceños no solo por las regalías; sino, y ante todo, porque Santa Cruz pueda definir su destino sin depender de las decisiones de La Paz. Las luchas cívicas de 1957-1959 alentaron la participación activa de la población. Así surgió la Unión Juvenil Cruceñista (7 de octubre de 1957) con Carlos Valverde Barbery al frente y la Unión Femenina Cruceñista (luego Comité Cívico Femenino) con Elffy Albrecht Ibáñez como primera presidenta. Fueron las mujeres cívicas quienes, en el marco de las protestas, iniciaron una huelga de hambre el 6 de diciembre de ese mismo año.

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Mujeres marchan durante la lucha por las regalías /Foto: Fabiola Fernández

En estos turbulentos años, Santa Cruz sufrió varias veces la cruenta arremetida alentada por el gobierno nacional. Las muertes de Jorge Roca (durante el paro cívico del 31 de octubre) y de Gumercindo Coronado (el 7 de diciembre) reflejan el nivel de represión impuesto por el MNR.

La escalada de violencia con el aval del Estado vivió sus jornadas más sombrías a partir del 14 de mayo de 1958 con la toma de la ciudad por el Ejército Nacional y milicias compuestas por mineros (de Huanuni y Colquiri) y campesinos (de Cliza y Ucureña). La presencia de estas milicias en Santa Cruz escribió una de las páginas más dolorosa de su historia con la masacre de Terebinto el 19 de mayo de 1958.

Golpeado, pero no doblegado, el espíritu de los cruceños continuó mirando el horizonte con la esperanza de sembrar mejores días para sus habitantes. La fortaleza de los cabildos por la autonomía, la defensa de la democracia durante el 21 F (de 2016) o la firmeza durante el paro de los 21 días son expresión viva del irreductible sentido de rebeldía que caracteriza a Santa Cruz.

 

 

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