El auditorio de la universidad estaba lleno de estudiantes de Medicina que asistían a una evaluación académica de fin de semestre. En medio de la rutina, un joven pidió la palabra. Habló de su barrio, de los niños que jugaban entre montañas de basura, del centro de salud que solo abría de lunes a viernes y de su sueño de transformar ese lugar en un espacio seguro y saludable.
“Si nosotros no hacemos algo, ¿quién lo hará?”, fue la pregunta que quedó suspendida en el ambiente, interpelando a todos, incluido Miguel Ángel Silva Flores, director de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) y experto en salud pública.
El relato del estudiante refleja el momento decisivo que atraviesan las ciudades y la necesidad urgente de avanzar hacia un futuro donde la salud, la educación y la participación juvenil se conviertan en los cimientos de un desarrollo realmente sostenible. Ese futuro —señala Silva— debe empezar a construirse hoy, y no sin la participación de quienes heredarán estas ciudades.
“Bolivia es un país joven. Más del 50% de su población es menor de 30 años. Obviar a los jóvenes sería obviar el futuro. No solo representan la mayoría demográfica, sino que también son quienes mejor se adaptan a las nuevas tecnologías, aportan ideas disruptivas y comprenden las dinámicas cambiantes de la salud pública”, subraya.
Según el académico, la creatividad, la digitalización y la capacidad de organizarse en comunidad de los jóvenes los convierten en actores esenciales para co-crear políticas urbanas y proyectos de salud pública: desde la ampliación de espacios verdes hasta la prevención de enfermedades, la educación sexual, la salud emocional o la alimentación consciente.
“Debemos aprovechar la capacidad de liderazgo y la capacidad de crear nuevos espacios que tienen los jóvenes”, enfatiza Silva. Para él, las ciudades saludables no nacen en oficinas ni en documentos técnicos, sino en el diálogo constante con quienes viven, recorren y sueñan la ciudad todos los días.
La salud es uno de los ejes centrales del Futures Week 2025, que se desarrolla entre el 10 y el 13 de noviembre en La Paz. El encuentro busca consolidarse como un espacio de reflexión, co-creación y proyección del porvenir desde Bolivia, reafirmando su compromiso de transformar la visión juvenil en acción colectiva.
Futures Week es organizado por Unifranz, con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y 2030 Construyendo Futuros.
Educación y salud: un vínculo que construye bienestar
Para Silva, la relación entre educación y salud es inseparable. “Una población con un nivel educativo significativo disminuye los riesgos de salud de manera trascendental”, explica a partir de décadas de experiencia en salud pública, donde comprobó cómo la educación mejora indicadores sanitarios sin necesidad de grandes inversiones.
Silva insiste en que la formación en hábitos saludables debe acompañar transversalmente a los estudiantes, desde los primeros años, “para que a los 17 o 18 años tengan una conciencia plena de su estado de salud y de sus necesidades”, porque la educación es el punto de partida de cualquier ciudad que aspire a ser saludable.
El reto de un sistema de salud desigual
El especialista reconoce avances importantes en el área de la salud, como el Seguro Universal de Salud (SUS), pero también las brechas que aún persisten. “El sistema de salud en Bolivia está afectado por muchos inconvenientes estructurales: la falta de recursos, la falta de equipamiento y la escasez de especialistas, sobre todo en zonas alejadas”, señala.
Las ciudades cuentan con mejores servicios, mientras que en el área rural la atención aún es limitada. Este desequilibrio afecta directamente la posibilidad de que todos los habitantes accedan a un sistema de salud digno. Construir ciudades saludables implica cerrar estas brechas mediante políticas públicas integrales, innovación y participación activa de la ciudadanía.
La alianza que puede transformar el futuro urbano
Silva sostiene que la construcción de ciudades saludables requiere la unión de actores clave, como el gobierno, la academia y las instituciones, que “deberían trabajar juntos”. Considera que las universidades tienen un rol central como formadoras de líderes innovadores.
En ciudades donde los desafíos sanitarios cambian rápidamente —contaminación, enfermedades crónicas, falta de espacios seguros— se vuelve imprescindible que la academia impulse nuevas currículas orientadas a la innovación y la salud comunitaria.
Tecnología e innovación para acercar la salud a todos
La irrupción de la digitalización abre una oportunidad histórica para democratizar el acceso a la salud. “La tecnología y la inteligencia artificial son herramientas importantísimas hoy en día”, destaca Silva.
Estas herramientas permiten diagnósticos precisos, telemedicina para zonas alejadas y sistemas de información más eficientes. Ajustarse a la revolución tecnológica es clave para que los futuros profesionales puedan responder a los retos de las ciudades modernas.
El camino hacia ciudades saludables no es un proyecto institucional ni únicamente gubernamental. Es una invitación abierta a los jóvenes para que imaginen, propongan y lideren. Los desafíos sanitarios actuales necesitan de su creatividad, empatía y capacidad de innovación, porque cuando la juventud empieza a co-crear sus ciudades, no solo imaginan un mejor futuro: lo hacen posible.