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Las preguntas incómodas son el punto de partida para reimaginar el futuro

Miércoles, 19 de noviembre de 2025 a las 10:25
Verónica Ágrega, rectora de la Unifranz,

Verónica Ágreda, rectora de la Unifranz, sintetiza las grandes líneas de reflexión y propuesta del Futures week 2025

En tiempos de incertidumbre global, cuando los paradigmas se desmoronan con la misma velocidad con la que emergen nuevas verdades, surge una necesidad impostergable: atreverse a hacer las preguntas incómodas. 
Para Verónica Ágreda, rectora de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el verdadero cambio no nace de las certezas, sino del coraje de cuestionarlas. 
“Estamos actualmente en un mundo incierto, frágil, ansioso y lleno de incertidumbres, donde lo que parecía ya preestablecido y era el ejemplo a seguir, de pronto se desmorona por cuestiones a veces simplemente de ética”, reflexiona.
Esa crisis de modelos —académicos, políticos, económicos o sociales— obliga a repensar los fundamentos sobre los que se ha construido el progreso. La inteligencia artificial, el cambio climático o las tensiones sociales no son solo desafíos tecnológicos o estructurales: son dilemas éticos que exigen reflexión crítica. 
“La pregunta es quién hace la pregunta”, advierte Ágreda, subrayando la relevancia del pensamiento crítico. En un mundo saturado de información, “podemos también alimentar la pereza intelectual y decir: ‘tiene la información, lo sabe, y asumo por correcta y por única verdad esa respuesta’. Entonces, no siempre es el caso”.
Desde su mirada, las verdades absolutas se han vuelto efímeras, sujetas a revisión constante. Ni siquiera la academia —tradicionalmente vista como custodio del conocimiento— puede reclamar la posesión de una verdad única. 
“Estamos en un mundo en el que la academia no es dueña de la verdad porque existen múltiples verdades desde distintas perspectivas y distintas realidades”, sostiene. En esa pluralidad, la función del pensamiento crítico es vital: derribar paradigmas, cuestionar los constructos mentales y abrir espacio para nuevos significados.
El punto de inflexión aparece cuando esas preguntas sacuden nuestras zonas de confort. Las “verdades incómodas”, como las llama Ágreda, no solo revelan los errores del presente, sino que pueden ser el punto de partida para reimaginar un futuro distinto. 
“Lo que ha venido pasando no está bien, nos ha llevado a una crisis ambiental, económica y social. Entonces, realmente vamos a ir al colapso, ¿ese es el destino que vamos a seguir? ¿O nos damos cuenta de que cometimos errores, aprendemos de ellos y capitalizamos ese conocimiento para construir una nueva realidad?”, plantea.
Esa nueva realidad, sin embargo, exige decisiones profundas y sostenidas, capaces de trascender lo inmediato. Ágreda ejemplifica con el caso de la agricultura regenerativa, un modelo de largo plazo que busca recuperar la biodiversidad y los ecosistemas degradados. 
Frente al cortoplacismo de los monocultivos, esta visión apuesta por proyectos que pueden tomar hasta un siglo en dar frutos. “Pensar en un monocultivo de soya que me va a dar de comer durante un tiempo no es una solución de largo plazo”, explica. “La pregunta correcta es cómo vuelvo a recobrar la fauna y la flora de especies que se están extinguiendo y cómo les vuelvo a generar estos ecosistemas”.
El poder de hacer preguntas difíciles, entonces, no radica solo en el acto de cuestionar, sino en la capacidad de proyectar escenarios posibles.

 
Para Ágreda, imaginar futuros sostenibles requiere reconocer los errores del pasado sin caer en el cinismo ni en la resignación. “Estamos en un momento álgido donde realmente tenemos que tomar una decisión ahora, porque queremos reimaginar un futuro distinto. Entonces, ¿cuál es la hoja de ruta que me va a llevar a construir ese futuro que sueño o espero?”, plantea con urgencia.
La rectora de Unifranz y presidenta de la Asociación Nacional de Universidades Privadas de Bolivia (ANUP subraya que la academia tiene un papel decisivo en esta tarea: generar conocimiento que no se quede en los laboratorios, sino que impacte de forma tangible en los territorios y comunidades. 
Desde investigaciones sobre semillas más resistentes hasta el uso de sensores que detecten riesgos climáticos, el conocimiento científico debe ponerse al servicio de la transformación social. “El conocimiento y la ciencia tienen que poner sus soluciones a disposición de quienes viven en los territorios y necesitan ese conocimiento para potenciar sus emprendimientos y proyectos”, sostiene.
En su visión, reimaginar el futuro no es un acto de fe, sino de responsabilidad. Requiere mirar de frente las verdades incómodas —esas que exponen nuestros errores colectivos— y atreverse a formular las preguntas que duelen: ¿qué tipo de sociedad queremos ser? ¿Qué estamos dispuestos a cambiar para evitar el colapso que nosotros mismos hemos provocado?
Las preguntas incómodas, en última instancia, no buscan incomodar por capricho, sino sacudir conciencias y abrir caminos. 
“Ahí está la verdad incómoda —dice Ágreda—, el problema real de fondo y de raíz. Y vuelvo a insistir en la importancia de las preguntas, de hacernos las preguntas correctas, las preguntas que duelen”. En esa incomodidad, insiste, se encuentra la posibilidad de reimaginarlo todo.

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