La innovación universitaria se está abriendo paso como una fuerza creativa capaz de responder a desafíos reales. Estudiantes de distintas áreas encontraron en la inteligencia artificial (IA) una aliada estratégica para convertir ideas en soluciones concretas que impactan en la salud, la seguridad, la inclusión social y el cuidado del medioambiente. Con inventiva y compromiso, estos jóvenes demuestran que la tecnología puede ser una herramienta al servicio de la sociedad cuando se combina con sensibilidad social y conocimiento aplicado.
“Hoy la inteligencia artificial dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta que los estudiantes utilizan para resolver problemas reales del entorno. La clave está en aprender haciendo y en aplicar el conocimiento con propósito”, afirma José Araníbar, docente de la carrera de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) e investigador en sistemas inteligentes, al referirse al desarrollo de proyectos tecnológicos con impacto social.
Ese enfoque se materializa en los proyectos integradores de Unifranz, una metodología académica que impulsa a los estudiantes a diseñar y desarrollar propuestas funcionales desde su etapa de formación. Bajo este modelo, los universitarios integran programación, visión artificial, robótica, análisis de datos e inteligencia artificial para dar respuesta a problemáticas concretas, consolidando competencias técnicas y humanas en contextos reales.
Uno de los proyectos más destacados es la prótesis de mano electrónica inteligente, desarrollada por Ronald Uriel Choque Paco, egresado de Ingeniería de Sistemas. El dispositivo utiliza algoritmos de visión computarizada e inteligencia artificial para replicar movimientos humanos a partir de la cámara de un teléfono celular, sin necesidad de sensores musculares invasivos.
“El proyecto es una prótesis de mano electrónica que utiliza el acto de la imitación para generar sus movimientos. Observa un movimiento y lo replica, tal como aprendemos los seres humanos”, explica Choque. La prótesis reconoce gestos y posiciones en tiempo real y los ejecuta en menos de medio segundo, reduciendo costos y facilitando el acceso a este tipo de tecnología.
En el ámbito productivo, otro proyecto reciente aplica IA para mejorar la seguridad laboral en la industria bananera. El sistema inteligente de detección de huevos de araña fue desarrollado por Adrián Pinto Calvetty, Cristian Benítez Peña, Nicolás Gonzales Urdininea y Owen Terceros Vera, estudiantes de noveno semestre de Ingeniería de Sistemas. Mediante visión artificial y un dataset propio de más de 150 imágenes, el sistema identifica huevos de arañas venenosas en los racimos y activa procesos automatizados de limpieza.
“Utilizamos una inteligencia artificial entrenada con imágenes reales para detectar tanto a las arañas como sus huevos, algo que el ojo humano no puede identificar fácilmente”, señala Owen Terceros.
La tecnología también se puso al servicio del medio ambiente con el robot submarino ROV creado por estudiantes de Ingeniería de Sistemas para la limpieza de lagos contaminados. El equipo, integrado por Daniel Apo Quispe, Isaac Leonardo Mealla Pozos, Ignacio Zárate, Christopher Rodríguez Ayala y José Fernández Pozo, bajo la guía de Araníbar, desarrolló un prototipo capaz de detectar y clasificar residuos sólidos bajo el agua mediante redes neuronales convolucionales.
“Hemos entrenado la inteligencia artificial como si fuera un niño, la hemos alimentado con miles de imágenes para que aprenda a diferenciar plásticos, metales y otros desechos”, explica Ignacio Zárate.
Innovación en el ADN
Estos proyectos son solo una muestra de la innovación que ocurre dentro de la universidad, en pasados años otros proyectos integradores de estudiantes de Unifranz pavimentaron esta línea de innovación.
En 2024 surgió Nana, una plataforma y dispositivo inteligente para el cuidado infantil creada por Adrián Calderón, que utiliza sensores e inteligencia artificial para monitorear el sueño, la temperatura del ambiente y la presencia de extraños mediante reconocimiento facial.
“La inspiración fue mi experiencia como padre primerizo y la necesidad de contar con una herramienta que ayude a cuidar a los niños”, relata Calderón.
Ese mismo año, otros estudiantes desarrollaron Save Driver, un sistema de prevención de accidentes de tránsito por consumo de alcohol. El proyecto fue creado por Rodrigo Calle Leyton, Mariana Menacho Ugarte, Cristopher Flores Tinta, Fabiana Choque, Manuel Paye y Beymar Villca, y propone el bloqueo del motor de un vehículo cuando se detectan niveles elevados de alcohol.
“No solo queríamos aplicar tecnología, sino aportar a la seguridad vial y salvar vidas”, afirma Mariana Menacho.
La inclusión también encontró un espacio en la innovación con SLITE, un videojuego educativo que enseña Lengua de Señas Boliviana mediante visión artificial. El proyecto fue desarrollado por José Velarde, Raúl Pacajes y Jean Franco Choque, quienes diseñaron una experiencia lúdica para reducir las barreras de comunicación.
“Queríamos que aprender lengua de señas sea accesible, dinámico y atractivo para todos”, explica Velarde.
A esta lista se suma Aerofinder, un sistema de drones con inteligencia artificial para la búsqueda y rescate de personas desaparecidas, creado por Alejandro Yahir Rosales e Isai Anguela. El sistema combina reconocimiento facial y geolocalización para apoyar a grupos de rescate en zonas de difícil acceso.
En conjunto, estos proyectos evidencian que la inteligencia artificial, cuando se aplica desde la formación académica, puede generar soluciones reales, sostenibles y con impacto social. Más allá del aula, los estudiantes demostraron que la innovación no es un privilegio de grandes laboratorios, sino una capacidad que se construye cuando el conocimiento se pone al servicio de la sociedad.