Estuvo en Santa Cruz invitada por Fundacion Iguales y se reunió con ejecutivas y directivas para hablar de la participación de las mujeres en las empresas. Tiene una vasta trayectoria como líder en negocios de diferentes rubros y como asesora de varias empresas. Sin embargo, al hablar lo hace con sencillez y nitidez propias de quien ha recorrido el camino y se expresa con profundo conocimiento de las situaciones que atraviesan las mujeres en el recorrido por la igualdad de oportunidades en todos los espacios, desde el hogar hasta la alta dirección.
¿Cómo las mujeres encaran la realidad actual para avanzar en la equidad a un paso más acelerado?
Hay mucho talento de mujer. El tema es que a veces está escondido o no es tan obvio. Entonces, es más fácil en las corporaciones identificar primero al hombre, también porque el hombre manifiesta más lo que ha hecho y habla más de sus logros. Nosotras esperamos que alguien se dé cuenta de lo que hemos hecho.
Partiendo del punto de vista de que hay que buscar el mejor talento, es verdad que las mujeres representamos más del 50 por ciento de la población y hay un potencial tremendo de lo que podemos aportar a la economía. Hay muchas formas de trabajarlo, hay toda una parte que tiene que ver con que nosotras tomemos conciencia de todo el valor que podemos aportar para trabajar y tener más seguridad en nosotras mismas, crecer en redes de contacto (que esta parte no siempre la hacemos bien) y, sobre todo, creérnoslo, creer que tenemos realmente esa valía.
De parte de los hombres, que nos vean como un valor añadido. No es una competencia de géneros, sino que somos muy complementarios. Tiene que ser un trabajo en el que se vea que, cuando hay diversidad, y no solo de género, hay aporte de diferentes puntos de vista; en tanto más perspectivas se tenga es mucho mejor, porque son más ojos para encarar los retos.
¿Cómo lograr que las mujeres nos creamos los méritos propios? A los hombres se los suele contratar por expectativas, las mujeres pensamos que debemos demostrar que nos merecemos ser tomadas en cuenta.
Al hombre se le evalúa por el potencial y a nosotras por los logros; hay una diferencia. Hay que comenzar desde pequeños con la educación. Hay oportunidades. Por ejemplo, como mujer puedes estar en un equipo deportivo y ser la capitana, esa ya es una forma de liderazgo. O hay aspectos en los que a las niñas les toca liderar y eso es importante. Tiene que haber un esfuerzo para lograrlo en la familia, en las escuelas, no se puede cargar todo en un solo espacio: solo el Estado, solo la familia, solo la escuela. Es un esfuerzo de todos el intentar llegar a esa igualdad de oportunidades, reconociendo que hay diferencias que lo que hacen es enriquecer.
¿Cuánto pesa el techo de cristal o los límites que nos ponemos las mujeres, en relación con la falta de reconocimiento al aporte de la mujer?
Hay un estudio que analiza que, ante una oportunidad de trabajo o que puedas solicitar una mejora en tu escala de empleo, el hombre se postula si cumple el 40% de los requisitos. La mujer se centra en lo que no cumple. Eso ya nos perjudica desde un inicio. Hay que cambiar la forma en que pensamos.
Por eso creo que una palabra clave para la mujer es Confianza, que confiemos en cómo somos, en lo que hacemos. A nivel de entorno educativo, empresarial puede haber capacitación y formación en tema de sesgos, ya que puede haber mucho sesgo cultural. Por ejemplo, la mujer no siempre tiene hijos, pero si los tiene o está a cargo de personas mayores o con capacidades diferentes, el peso de esas personas lo lleva la mujer. Ahora hay tendencia a compartir esas responsabilidades, pero si la mujer tiene esa tendencia a asumir esa responsabilidad, además de la del trabajo, y si en el trabajo te piden disponibilidad muy grande, al final eso va contra la mujer.
La pandemia ha tenido dos efectos. Uno que ha sido muy negativo desde el principio, porque la mujer se encontró con que tenía que hacerse cargo de todo, ya que no siempre se compartía de la misma manera con el resto de la familia, y hay muchas que dejaron el trabajo porque no lograban compatibilizarlo. Sin embargo, por otra parte, al pasar al trabajo remoto, puede compatibilizar mejor. Es necesario compartir las tareas con la pareja, con la familia.
¿Asusta a los hombres el avance de la mujer? ¿Cuánto pesa el temor de que la mujer ocupe el lugar del hombre?
Yo creo que se debe hacer ese trabajo de concienciación de que hay que complementariedad en la diversidad, que no es una competencia.
Muchas veces se habla de que hay casos de discriminación positiva a favor de la mujer, pero eso también es porque ellas estaban subrepresentadas en varios espacios. Pero ahí le tienes que dar talento, que es muy importante.
Y al hombre hay que ayudarlo a entender, porque se viene de una época en que los hombres ocupaban los puestos más altos; en esa transición hay que acompañar; porque los cambios extremos no funcionan.
El ir trabajando con los hombres para que vean las ventajas de esto (la igualdad de oportunidades). Y también es necesario que haya hombres que sean adalides y promotores.
¿Cuánto se ha avanzado en este cambio de visión masculina sobre la equidad de género?
Yo creo que en las nuevas generaciones sí que hay cambio. Lo que tenemos que aceptar es que en este momento convivimos muchas generaciones. Los abuelos han vivido en otra época y pedir que cambien su mentalidad a los 80 años es complicado. En mi generación se ve que se está produciendo un cambio, pero no a la velocidad que querríamos. En las nuevas generaciones va más rápido, pero ahí hay una gran responsabilidad en educación y en la familia, cómo formamos, si tratamos igual a la mujer y al hombre. Podemos hablarlo de puertas para afuera, pero de repente en lo cotidiano le pedimos a la hija que ayude a recoger la mesa, pero no se lo pedimos al hijo. Hay temas de los que a veces no somos conscientes.
¿La discriminación positiva ayuda o perjudica a la mujer?
Si la cuota a favor de la mujer sirve para que salga el talento escondido, es fenomenal; el tema es cuando se elige a la menos preparada. Y ahí es cuando se dice: ¿Ves cómo no funcionan las cuotas? ¿Ves cómo no hay mujeres suficientemente preparadas? Y eso se nos vuelve en contra. Por eso, es un tema que hay que gestionar muy bien. Y no deberíamos caer en la trampa de que me designen para que sea un florero; es decir para no hacer nada.
Se ha visto también que cuando hay situaciones muy complejas, se elige a mujeres para que los resuelvan, pensando que si fracasan son ellas.
Sí, pero la experiencia muestra que en esos momentos difíciles, la mujer hace un buen trabajo. Lo malo es que te toca la parte difícil.
¿Cómo son los rasgos de los hombres y las mujeres en la dirección de una empresa?
A veces hay diferencias y a veces no tanto. Lo que yo digo es que es buena esa complementariedad. El estereotipo es que el hombre enfrenta los problemas de uno en uno y es muy rápido, ve la meta y la resuelve; la mujer tiene una visión más lateral, intenta ver las implicaciones de una decisión antes de tomarla.
Si tienes ambas visiones juntas es mucho más rico porque vas a llegar a un tema intermedio. Hay mujeres que se atribuyen más al hombre y viceversa. Yo entraría mucho al tema de los estilos, sino en que se promueva esa diversidad. Y también es verdad que ahora se tiende más a un líder más humano y colaborativo. El ordeno y mando es algo que está desapareciendo.
¿Se podría decir que la mujer es menos ejecutiva que el hombre?
Eso es algo que se nos achaca. Yo no estoy de acuerdo. Yo creo que es una ejecución diferente. Si lo sacas del entorno laboral y te vas al de la familia, verás que la mujer está decidiendo todo el rato o no pasa nada en la casa. No veo por qué no va a decidir en el mundo de los negocios.
A veces se critica a la mujer porque cuando llega a puestos directivos es autoritaria con el fin de que la respeten o le den ese lugar.
Eso era antes, pero eso está cambiando. Es verdad que en un momento había que comportarse de una forma determinada para ser tomada en cuenta, ahora ha cambiado mucho el estilo de liderazgo. Eso tiende a un gran cambio.
Al estar la mujer más ligada al hogar y a temas que resolver, ¿la presencia de mujeres en puestos de dirección hace que las acciones de la empresa estén más dirigidas al bienestar social?
El incorporar a la mujer en puestos de decisión, aportando ese otro punto de vista, ayuda. Al final es positivo para todos. Puedes introducir cambios de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, también de la mujer hacia el hombre. Eso es lo que hay que ver cómo se mueve.
Estudios internacionales muestran que, si bien hay más mujeres en las universidades, son pocas en el campo de las ciencias, la tecnología o las matemáticas. ¿Cómo cambiamos esta realidad?
Es un problema mundial. Ahora que se necesita tanto especialista en carreras técnicas, el porcentaje de mujeres es bajísimo. Y ahora, con la transformación digital, las empresas necesitan contratar personal con ese perfil técnico y digital, pero se encuentran que hay menos mujeres. En Europa se está debatiendo qué hacer desde la educación infantil. Hay fundaciones que están llevando a mujeres a roles de liderazgo en espacios no habituales. A las niñas hay que darles otros roles y romper ciertos clichés.
¿El que mujeres no tomen este tipo de carreras tiene que ver con inseguridad?
Es un tema de confianza. Tenemos que creer que somos capaces. Eso hay que fomentar. Al final, nuestro peor enemigo somos nosotras mismas. Muchas veces se dice que si se visualiza algo, la probabilidad de obtenerlo es mucho más grande. También se dice que la palabra crea realidad. Si yo digo que no puedo, la realidad me mostrará que no puedo. En cambio si visualizo que llego, voy a estar ahí.
Es probable que haya que luchar más de lo habitual, pero ahí hay que tener resiliencia.
Y en la relación de hombres y mujeres, a veces hay prejuicios sobre el desempeño de unos y otras.
Un consejo es: sé tú misma. Lo que yo no haría es actuar como un hombre. Si entras en un directorio, tienes que asumir que lo haces por mérito propio. También investiga cuál es la cultura de ese directorio, porque no te interesa estar en un lugar donde no te van a tener en cuenta. Sé cuidadosa en lo que eliges, sé tú misma y, en función de un plan estratégico, fíjate qué tipo de competencias hacen falta para llegar a los objetivos del directivo. Esas competencias deben ser complementarias.
Uno de los retos es talento, cómo consigo el mejor. Ahí las mujeres tenemos otro tipo de sensibilidad y el aporte es dar el punto de vista desde tu perspectiva. Hay diferentes formas de aportar. Pero primero haz bien el análisis de dónde vas a entrar.
¿Qué consejo les das a las niñas y a las jóvenes ?
Confía en ti y no te pongas límites. Podemos con todo. Permítete ponerte objetivos que te desafíen y cree en ti misma. Si crees y te lo propones, la posibilidad de alcanzarlo es alta. No será un camino de rosas.
Y en el hogar, ¿está también valorándose el avance equitativo de hombres y mujeres en una pareja? ¿Cómo se vive esto en otros lugares?
Lo que está pasando en Europa es que, con el trabajo de ambos en la pareja, ahora se está definiendo a quién se va a seguir. Antes era a los hombres de manera automática, ahora hay que decidir. Se puede priorizar la carrera de uno de la pareja por momentos. En algún momento el hombre tendrá el protagonismo y en otros la mujer. Porque no siempre hay la misma posibilidad para ambos en simultáneo.