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Fiebre de encuestas

Sabado, 30 de noviembre de 2024 a las 23:00

Por Redacción

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Faltan alrededor de nueve meses para las elecciones presidenciales y la fiebre política se acrecienta antes de que acabe 2024. Uno de los síntomas es la abundancia de encuestas y estudios de todo tipo, que en vez de orientar a la ciudadanía pretenden mostrarlas como tendencias del electorado boliviano, muchas de ellas con preferencias y sesgos que buscan camuflarse  en una danza de porcentajes.

Las encuestas son fotografías que generan datos diferentes y pueden dejar resultados más o menos favorables,  dependiendo de cómo se selecciona la muestra a consultar. La experiencia ha mostrado que, entre el momento que se aplica el cuestionario y el de la publicación puede haber variaciones, más en estos momentos de tanta volatilidad política, económica y social, como el que vivimos actualmente.

De lo que se conoce, la mayor preocupación de los bolivianos es la economía que afecta al ciudadano en sus diferentes manifestaciones: el incremento de precios y el mayor costo de vida para los hogares, la escasez de dólares a precio oficial y la falta de carburantes, lo cual complica la calidad de vida. Todo lo anterior se refleja también en una baja aprobación de la gestión presidencial, tomando en cuenta que la pugna interna del Movimiento Al Socialismo afectó las acciones del Gobierno nacional para resolver los agobios del país, que cada vez son mayores.

Hay entonces un desencanto generalizado del MAS y un desgaste de este partido, lo que podría fortalecer a la oposición, si no estuviera tan fragmentada como está.

La enorme cantidad de precandidatos opositores y el contexto mencionado, hace que cada uno de ellos busque liderar tal o cual encuesta, porque eso les permite generar un golpe de efecto que los favorezca a medida que se van definiendo alianzas y las posibilidades reales de postulación a las elecciones del próximo año.

No obstante, queda claro que hay un bloque oficialista que tiene su nicho de votación versus un abanico de opositores que se reparten el apoyo ciudadano en pequeños fragmentos, que resultan ser insuficientes para tomar decisiones que nos favorezcan a todos.

Quedan nueve meses para las elecciones y todo puede pasar en ese tiempo, por lo que ninguna encuesta puede reflejar ahora lo que ocurrirá entonces. Además, ante tanta incertidumbre sobre el futuro del país en su conjunto, hay que desconfiar de todas las cifras que se presenten a estas alturas.

La convocatoria a elecciones saldrá en abril y entonces también se sabrá quienes se consolidarán como candidatos a la presidencia, vicepresidencia y para legisladores. Las encuestas que consulten sobre los nombres de la papeleta de sufragio tendrán mayor relevancia, ya que ahora nada de eso está definido.

La etapa preelectoral se convierte en una frenética búsqueda de votos y también de manipulaciones de la realidad, porque cada candidato querrá llevar agua a su molino. Será importante que el ciudadano esté alerta para no ser presa de noticias falsas y de posverdad.

Hay que defender la libertad de pensamiento y, cuando llegue el momento, de elegir con la mente clara y fría. De nosotros depende. El futuro de nuestro país está en juego.

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