Cristóbal Roda Roden, forma parte de la tercera generación del consorcio de empresas familiares vinculadas a la construcción, retail, bienes raíces, agropecuarias e industriales del Grupo Roda, donde también inició su vida laboral. Se incorporó al equipo del Ingenio Sucroalcoholero Aguaí en 2013, participando en el montaje de la planta industrial desempeñando roles claves, para luego ocupar la Gerencia de Operaciones y ahora la Gerencia General, al lado de su padre, Cristóbal ‘Pili’ Roda, gestor del megaproyecto agroenergético.
¿Cómo asume este nuevo reto en el gobierno corporativo de la industria sucroalcoholera más joven de Santa Cruz y del país? Es un honor y un desafío. Un honor por la confianza que me ha dado el directorio y sus accionistas de dirigir esta empresa modelo que hemos construido en estos 10 cortos años; y un desafío porque no es tarea menor la responsabilidad que cobramos al embarcarnos en el proyecto de producir alimento, combustible y energía para el país. El reto es grande y nuestro equipo es consciente de ello, por eso afrontamos este nuevo desafío con mucha confianza de darle continuidad al trabajo que se ha hecho, y crecer con nuestro horizonte bien definido. ¿Es la designación del cargo el primer paso para reemplazar a ‘Pili’ Roda, su padre, promotor de este proyecto agroenergético? De ninguna manera. Él tiene mucha energía y aporta siempre con una forma muy amplia de pensar, con ideas de avanzada, y con su liderazgo, y así seguirá encabezando nuestros proyectos como aporte al desarrollo económico del país desde el sector privado. En nuestro equipo contamos con él. Asume el cargo en un contexto de turbulencia y de alta incertidumbre asociada a conflictos sociopolíticos y señales de crisis económica en el país y el mundo, ¿no teme una mayor complejidad de estos factores o cuáles cree que son las variables para hacer frente a las adversidades? En un país como Bolivia, el sector privado siempre tiene desafíos, imponderables, e incluso incertidumbre. Tenemos muy claros los objetivos a conseguir, y sabemos que no será sencillo, pero ¿lo fue alguna vez?. Tener el norte bien marcado y el camino bien soñado también ayuda a que el camino pueda allanarse. Usted lleva una década en la industria, fue parte de esa fuerza laboral de Aguaí, y también aportó con su capacidad de gestión en la planificación estratégica, negociación de etanol, y las exportaciones. ¿cuál es su fórmula que siguió para alcanzar esas ‘victorias’ en tan corto tiempo? Voy a hacer uso de algo que siempre dice mi padre y que lo repite de mi abuelo: el éxito del proyecto parte en el diseño. Los proyectos deben estar pensados a detalle en todos sus aspectos desde su concepción, así nació Aguaí, conociendo la importancia de los alimentos, y sabiendo lo preponderantes que iban a ser los biocombustibles y las energías renovables. Con ese foco en la planificación nacimos y crecimos, y así pretendemos seguir. El Gobierno refleja indicadores y cifras de estabilidad y crecimiento económico en un contexto internacional adverso, ¿cree usted que se reflejan la realidad? Nosotros hemos delineado el futuro de nuestra empresa, y está -en gran medida- en continuar abasteciendo de alimentos, energías y combustibles alternativos a una población global que crece permanentemente. El contexto internacional y también nacional es cambiante, y creemos que la mejor manera de abordar estas situaciones es intentar dar respuestas hoy a los conflictos que se vienen, como la crisis alimentaria, la necesidad de cambios en la matriz energética, y otros. Para eso trabajamos. ¿Cree usted que el etanol es la apuesta real para reducir la brecha de subvención y el gasto de importación de combustible? No es solo una apuesta real, sino una apuesta -y quizás la única- de reacción y resultados inmediatos. A diferencia al sector de hidrocarburos que puede demorar varios años en obtener una solución estructural a este problema, la agroindustria puede sustituir de 200 a 250 millones de litros de importación este mismo 2023. La historia habría sido diferente si hubiésemos podido desarrollar, en conjunto con el Estado, un plan de mediano y largo plazo desde un inicio. Hoy estaríamos sustituyendo hasta 500 millones de litros importados, generando además el ahorro que representa comprarle a los bolivianos un producto nacional más barato, de fuente renovable, en bolivianos, y ampliando un polo de desarrollo para miles de familias bolivianas. ¿La buena noticia?, todavía estamos a tiempo y en condiciones de llegar a esa magnitud de volúmenes en un muy corto plazo. ¿Cuál es el impacto de la sequía de dólares en las operaciones de la industria Aguaí? Es un impacto importante. En una industria como la nuestra que todavía es joven y tiene mucho crecimiento por delante, a los costos ya altos que tenemos para importar, se suma el problema de la falta de dólares y el mayor costo para los pagos al exterior. ¿Son las agroexportaciones la solución estructural para atraer divisas y así sortear la crisis cambiaria que vive el país? Nosotros estamos convencidos de que sí. Lamentablemente los sectores del país que podrían mover la aguja con mayor fuerza en nuestro país son rubros que necesitan un mayor tiempo para activarse, partiendo desde la atrac-ción de inversión; hablamos de hidrocarburos, minerales, metales y litio. El agronegocio -a diferencia de estos- nos encuentra en una posición de reacción casi inmediata, de muy corto plazo. Existe el potencial, existe el conocimiento, y así lo hemos demostrado en el tremendo crecimiento en los últimos años de las exportaciones de carnes, de azúcar y de soya, y otros. Y si a esto le sumamos el efecto multiplicador que genera el agro con miles de miles de familias que se mueven en diferentes subsectores, nos damos cuenta de que en el oriente tenemos una fórmula ganadora.