Estimados lectores hay que ser claros desde el inicio: Starlink no es barato, pero tampoco es un capricho tecnológico. Es internet que baja del cielo —literalmente— y eso, en un país donde muchas zonas siguen esperando una antena o una fibra óptica que nunca llega, cambia la conversación.
Arranquemos por lo que todos quieren saber: ¿Cuánto vale este servicio?.
En Bolivia, contratar Starlink implica un pago inicial fuerte. Según el sitio web de la compañía, el equipo básico —la antena que se instala en el techo y la fuente de energía— cuesta alrededor de 2.800 bolivianos, aunque hay una versión “Mini” que baja a 2.200 bolivianos.
A eso se suma la mensualidad: 610 bolivianos en el plan estándar o 460 bolivianos en la versión “Lite”. Ojo con un detalle que suele pasar de largo: el router Wi-Fi no viene incluido, así que hay que sumar ese gasto.
¿Es caro comparado con el internet de la ciudad? Sí. ¿Es caro comparado con no tener internet en absoluto? Ahí la cosa cambia.
Starlink funciona con satélites de órbita baja, no con cables ni torres. Eso significa que da igual si estás en medio del monte, en el altiplano o lejos de cualquier capital: mientras la antena vea el cielo, hay conexión.
Por eso este servicio no apunta tanto al usuario urbano con fibra óptica, sino a comunidades rurales, productores, escuelas alejadas, puestos de salud, emprendimientos y empresas que hoy navegan a paso de tortuga o directamente no navegan.
Para empresas, eso sí, la factura sube varios pisos. Los equipos pueden costar hasta 25.000 bolivianos y las mensualidades van desde 425 hasta más de 3.500 bolivianos, dependiendo de la capacidad contratada. No es para cualquiera, pero sí para operaciones que necesitan conexión constante donde antes no había nada.
Ahora, ¿por qué importa todo esto más allá del precio?
En un país con brechas digitales profundas, donde estudiar, trabajar o vender sin internet es casi una condena, tener una opción que no depende de carreteras, postes ni cableado abre otra puerta. No es la solución mágica ni reemplaza a la fibra en las ciudades, pero sí cambia las reglas del juego en lugares olvidados por la conectividad tradicional.
Un factor clave para que Starlink finalmente pueda operar en Bolivia fue un cambio importante en la regulación del servicio de internet satelital. Hasta finales de 2025, no estaba claro si empresas como SpaceX, propietaria de Starlink, podrían ofrecer su servicio en el país debido a restricciones anteriores sobre este tipo de conexiones.
Pero La administración del presidente Rodrigo Paz aprobó en diciembre de 2025 el Decreto Supremo 5509, una norma que autoriza la operación de internet mediante satélites de órbita baja y habilita a proveedores globales como Starlink, OneWeb y Amazon Leo a ofrecer sus servicios en territorio boliviano.
En resumen, no es barato, no es para todos, pero donde llega, marca una diferencia abismal. Y hoy Bolivia está integrada al mundo gracias a este servicio.