El aumento del 10% al salario mínimo nacional, anunciado horas previas al 1 de mayo, resulta insuficiente frente a la pérdida real del poder adquisitivo de los trabajadores en Bolivia. Con una cotización paralela del dólar en alza, alta inflación y un mercado laboral mayoritariamente informal, los 2.750 bolivianos actuales apenas equivalen a 180 dólares en el mercado negro.
Aunque el valor nominal del salario ha subido, su poder real se ha visto gravemente afectado, asegura Fernando Romero, presidente del Colegio de Economistas de Tarija. Según estimaciones el especialista, el salario real ha caído en un 25% respecto al año anterior. Sin embargo, si se mide por su capacidad de compra en el mercado, la pérdida podría ser de entre un 50% y hasta un 70%.
“Uno de los factores clave de esta devaluación es la brecha entre el tipo de cambio oficial (6,96 bolivianos por dólar) y el tipo de cambio paralelo, que en la actualidad ronda los 15,21 bolivianos por dólar. Esto ha provocado una caída directa del valor del salario en moneda extranjera”, dijo Romero.
En 2024, el salario mínimo de 2.500 bolivianos equivalía a 217 dólares al tipo de cambio paralelo. Hoy, el nuevo salario de 2.750 bolivianos equivale apenas a 180 dólares en ese mismo mercado. Esto representa una reducción del 17% en su valor expresado en dólares del mercado negro, una referencia crítica para la importación de productos y la economía cotidiana.
El salario mínimo, al cambio oficial, equivale a 395 dólares, pero en el mercado real solo representa el 45% de ese valor. Mientras el dólar paralelo siga subiendo, la capacidad de compra de los trabajadores disminuirá aún más.
“A esto se suma el problema estructural del empleo en Bolivia. De acuerdo con el último estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el país presenta el nivel más alto de informalidad laboral de América, con un 84,5%. La cifra podría haberse elevado hasta el 90% en el contexto actual, marcado por la recesión y la falta de empleos formales”, dijo Romero.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), solo 753.000 trabajadores formales en áreas urbanas serían potenciales beneficiarios del aumento salarial. Sin embargo, muchos de ellos están contratados como consultores o con contratos temporales que no garantizan el acceso a incrementos ni beneficios laborales plenos.
En contraste, el empleo por cuenta propia y sin beneficios sociales ha crecido notablemente. Aunque la tasa de desocupación urbana es del 3,9%, esta cifra no refleja la precariedad laboral del país. Se estima que 4 de cada 10 personas están realmente desocupadas o subempleadas.