El ingreso de unas 600 cisternas a las instalaciones de YPFB Logística representa un alivio temporal para los surtidores de Santa Cruz, que podrán operar con mayor normalidad durante al menos una semana. Sin embargo, la situación en el resto del país continúa siendo crítica, con largas filas en estaciones de servicio de La Paz, Cochabamba y varias ciudades intermedias, donde el diésel y la gasolina siguen racionados.
Bolivia atraviesa una situación inédita: la falta de gasolina y diésel ha puesto en jaque a varios sectores productivos que se declararon en emergencia ante la imposibilidad de operar con regularidad. La crisis incluso derivó en bloqueos de carreteras —como el registrado en Cochabamba—, una medida que fue levantada sin que el problema de fondo haya sido resuelto.
Alivio temporal
El presidente de la Federación de Empresarios Cisternos del Oriente, Sergio Kosky, confirmó que los camiones comenzaron a descargar combustible, pero advirtió que la normalización no será inmediata.
“Después de tanto sacrificio del pueblo, puedan empezar a descargar estas cisternas. Estaban acá alrededor de 600 cisternas que estaban cargadas en la puerta de Palmasola, tanto con diésel como con gasolina”, explicó.
Kosky precisó que el volumen ingresado equivale a unos 20 millones de litros, cantidad que apenas cubriría la demanda departamental durante una semana.
“Esos 20 millones de litros deberían alcanzar para 7 u 8 días. Así que hay que darle continuidad de cargas tanto en la Argentina como en el Paraguay”, sostuvo.
El dirigente señaló que la crisis no solo es consecuencia del retraso en las importaciones, sino de una “mala administración y una deficiente logística” dentro de la estatal YPFB. “Esto tiene que hacer una reingeniería, recomponer toda esta mala administración, toda esta mala logística y tenemos que empezar todos a reconstruir nuestra patria, que se ve destruida por muchos años de pésimas políticas económicas, logísticas y de trabajo”, agregó.
En las últimas dos semanas, la escasez de combustibles se acrecentó en la región oriental. Esto hizo que varios sectores productivos se declaren en emergencia.
Mientras tanto, la situación en el altiplano y los valles sigue siendo preocupante. En La Paz, se registran colas de hasta 10 horas en surtidores de la zona Sur, El Alto y Viacha, donde los transportistas denuncian cupos limitados por vehículo. En Cochabamba, las estaciones reportan un promedio de abastecimiento del 40%, y las asociaciones de transporte público anunciaron que podrían reducir frecuencias si el suministro no se regulariza en los próximos días.
En la región del valle, los gremiales de se declararon en estado de emergencia ante el desabastecimiento de combustible que viene afectando de manera directa su actividad económica. La falta de diésel y gasolina ha provocado una notoria escasez de productos de primera necesidad en los mercados, especialmente verduras, hortalizas y alimentos básicos de la canasta familiar.
“Estamos muy preocupados porque los precios empiezan a subir y los productos se están agotando. La población está sintiendo el impacto y los gremiales no podemos trabajar con normalidad”, manifestó el dirigente del sector, Edgar Herrera.
Un respiro no una solución
El exministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, señaló que la cantidad de combustible descargada “es un respiro, pero no una solución definitiva” a la escasez.
A lertó que el problema se agrava para el resto del país.
“Bolivia necesita aproximadamente 9,5 millones de litros diarios de gasolina para cubrir la demanda interna. Si ingresan unas 500 cisternas con capacidad de 25.000 litros cada una, estamos hablando de unos 15 millones de litros, lo que apenas cubre un día y medio de consumo”, explicó Ríos.
El exministro expresó su preocupación por la falta de dirección en la estatal petrolera. “Lo que más me preocupa es que YPFB está descabezada. Toda esta logística, ¿quién la está manejando? Ese es el otro problema que estoy analizando. Si bien ingresa combustible, este debe distribuirse a todo el país, y con un solo día y medio no se resuelve el desabastecimiento”, señaló.
Importación de crudo
Hoy, Bolivia paga más de un dólar por litro de combustible importado y enfrenta colas interminables en las estaciones de servicio, mientras sus refinerías operan por debajo del 30% de su capacidad.
“Nos hemos ido al tacho por corrupción y mala gestión. Se acabó la propaganda, y ahora llegó la realidad”, sentenció Carlos Delius, expresidente de la Cámara de Hidrocarburos y Energía.
Delius aseguró que las plantas refinadoras, que podrían procesar hasta 60.000 barriles diarios, apenas producen 17.000.
“Todo está mal: no hay dólares, no hay contratos buenos, no hay previsión ni planificación. Le deben plata a los cisternistas y a los vendedores. El modelo colapsó”, afirmó el especialista.
Delius sostiene que la falta de divisas y el manejo político de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) impidieron que el país adopte soluciones técnicas que los propios ingenieros propusieron hace años, como la importación directa de crudo para refinarlo localmente. “No sólo es más barato —explica—, sino que además reduce la demanda de dólares. Si usted refina aquí, la mayoría de los costos son en bolivianos”, enfatizó.
Delius asegura que solo importando crudo, Bolivia podría ahorrarse hasta $us 500 millones al año en divisas si en lugar de importar combustibles terminados, adquiriera petróleo crudo y utilizara sus refinerías al máximo.
“Eso permitiría reemplazar importaciones de diésel y gasolina a 1 dólar por litro por crudo de 0,39 dólares”, dijo Fernando Rodríguez, especialista en hidrocarburos.
Ambos expertos coinciden en que la solución técnica existe, pero ha sido bloqueada por intereses políticos y económicos. “El camino más fácil y más lucrativo fue importar combustible refinado, donde hay más margen para la corrupción y la opacidad”, Rodríguez.
La afirmación coincide con denuncias de sobreprecios, pagos irregulares y contratos poco transparentes en los procesos de compra internacional de combustibles.
El problema, sin embargo, va más allá del abastecimiento. Delius lo vincula directamente con el colapso del modelo económico impulsado en los últimos años. “Se comieron las reservas, el oro y los ahorros. Dejaron morir la fábrica de dólares que era el gas y ahora quieren dólares para importar combustible. No se puede”, dice. Según él, “lo que se vive es el fin de un ciclo de despilfarro y corrupción que desmanteló la capacidad productiva del Estado”.
ANH dice que se normalizará
Durante la jornada, el jefe de Análisis y Evaluación Técnica de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Andrés Lamas, reconoció que existe un “desfase de cuatro a cinco días” en la provisión de gasolina, aunque aseguró que YPFB ya inició los pagos a las empresas proveedoras para acelerar la descarga de cisternas.
Lamas sostuvo que el propio presidente de YPFB anticipó públicamente que se registrarían dificultades temporales en el abastecimiento, y pidió comprensión a la población. “Apelamos a poder entender que iba a ser un problema que duraría unos cuantos días”, señaló.
En ese contexto, los analistas coinciden en que cualquier gobierno que asuma el poder enfrentará el desafío de reconstruir el sector hidrocarburífero desde sus cimientos. La recuperación, insisten, pasa por tres medidas urgentes: atraer inversión extranjera, reactivar la exploración y producción de gas, y permitir la importación de crudo para refinación local, liberando la comercialización sin subsidio.