Por: Daniela Revollo
En una pequeña cocina de Santa Cruz, en medio de la incertidumbre económica y la presión de la universidad, nació una idea fermentada a fuego lento: Kyõsei, una marca de alimentos pro-bióticos que hoy impulsa salud, empleo y propósito. Su creador, Bruno Augusto Gandarillas Rodríguez, no tenía capital, ni respaldo financiero, ni siquiera un espacio propio. Lo que sí tenía era una convicción: el equilibrio no es un destino, es una forma de vivir.
Corría 2019. Bruno, estudiante de Marketing y Publicidad, estaba desempleado, debía cubrir su mensualidad universitaria y vivía de favor en la casa de un amigo. “No había opción B”, recuer-da con la voz firme. La frase no fue solo una decisión: fue el juramento silencioso que lo acompañó cada madrugada, entre botellas de vidrio reutilizadas y fermentadores improvisados.
La kombucha llegó a su vida por accidente. Buscando una alternativa a su bebida favorita —la sidra— y algo que ayudara a su digestión sensible, Bruno comenzó a prepararla para sí mismo. Pero lo que comenzó como una curiosidad casera se transformó en un producto compartido con su círculo íntimo. “A mi familia y amigos no solo les gustó el sabor: comenzaron a notar beneficios reales en su salud”, relata. Así nació la idea: si esto funciona para mí, puede funcionar para otros.
La pasión por los alimentos saludables no era nueva. Desde los 18 años había intentado emprender en ese rubro. “Fracasé varias veces, pero eso me dio algo más valioso que el éxito: experiencia. Conocía al consumidor y sabía que el mercado necesitaba algo distinto”, cuenta. Kyõsei no era solo un producto: era un manifiesto. Su nombre —que en japonés significa “con-vivencia” o “armonía”— sintetizaba su filosofía: alimentación equilibrada, emocionalmente sostenible y culturalmente consciente.
Un abismo
Pero entre la idea y la empresa hubo un abismo. Sin ahorros ni bienes, acceder a financiamiento fue casi imposible. “Recorrí bancos, cooperativas, intenté préstamos con conocidos. Nadie entendía qué eran los alimentos probióticos, y todos pedían garantías que no tenía”, recuerda. El punto de quiebre llegó en una materia universitaria, cuando un docente creyó en su visión y lo dirigió al Banco de Desarrollo Productivo. Aunque al principio fue rechazado, Bruno insistió. Con un plan sólido y el respaldo de un amigo como garante, accedió a un crédito de Bs 24.000 Kyosei había conseguido su primer impulso.
El primer taller era tan básico como simbólico: un armario, una mesa, un freezer pequeño y un cartel hecho a mano. Su primera venta formal no fue en una tienda, sino en un semáforo. Mientras trabajaba como encuestador durante las elecciones de 2019 en la avenida Virgen de Cotoca, aprovechó para repartir folletos sobre los beneficios de la kombucha. Días después, una mujer lo contactó y le compró cuatro botellas de dos litros. Ganó 160 Bs. “Era el equivalente a tres días de trabajo. Ese momento me cambió. Pensé: ¿Y si emprendo una vez más?”
El salto fue con miedo, pero con determinación. “Me dije: no voy a volver a buscar trabajo, voy a hacer que esto funcione, aunque termine en la calle”. Y funcionó. Hoy Kyõsei tiene un equipo de cinco personas y genera 300 empleos indirectos entre proveedores, distribuidores y aliados logísticos.
Seis años después, Bruno mira hacia adelante con ambición. Su visión es expandirse a más ciudades del país, escalar la producción sin perder el toque artesanal, y encontrar socios que compartan su misión más allá del capital.
“El momento perfecto no existe. Hay que empezar con lo que uno tiene”, asegura. Su mensaje es claro, directo y visceral: cree en ti aunque nadie más lo haga, apunta a 200 si quieres llegar a 100, y sobre todo, nunca dejes que el miedo decida por ti.
Kyõsei no es solo una marca. Es una historia que fermentó en tiempos difíciles, que se consoli-dó con fe. Es la prueba de que incluso en medio del caos, se puede construir equilibrio.
EN DETALLE
- Diversos. Su portafolio creció de una bebida a toda una familia de alimentos vivos: kombucha, kéfir de leche y agua, chucrut, kimchi y vinagre de manzana.
- Avance. Cuentan con tanques fermentadores industriales, heladeras propias y presencia en cadenas de tiendas en Santa Cruz.