¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Rodrigo, Dulce, Naomi y Agustín, cuatro gladiadores de la danza oriental

Jueves, 12 de febrero de 2026 a las 16:36

Detrás de los escenarios hay historias de vida que se tejen con esfuerzo y disciplina. Son cuatro chicos que se alistan para el Corso de este sábado 14 en el Cambódromo.

Son cuatro pelaus apasionadísimos por las tradiciones de la llanura sudamericana. No son hermanos ni mucho menos primos, pero están unidos por un solo lazo: la danza. Este cuarteto está decidido a conquistar el mundo con el arte del cuerpo y no va a desmayar hasta lograrlo. Ellos, Rodrigo Cortez (23), Dulce Rivero (24), Naomi Aguilera (19) y Agustín Pardo (18), integran las filas del Grupo de Expresión Cultural Kerembas, dirigido por Eduardo Lafuente. Ellos, son unos verdaderos embajadores del folclore oriental. 

A Rodrigo el médico le dijo que nunca más iba a poder bailar, porque un esguince castigó a su pie. A Dulce le llegó la corona de reina del elenco gracias a su dedicación y disciplina constante. A Naomi le parece fabulosa la idea de convertirse en una maestra de danza profesional. A Agustín le gusta desafiarse a sí mismo y es por eso que vende brownies y queques para pagar sus atuendos. Para ninguno le ha sido fácil llevar esta carrera de danzarín, pero detenerse no es una opción.  

Entrega

Vive donde el décimo anillo abraza al Plan Tres Mil. Sale bien temprano de casa y toma el micro sobre esa vena abierta llamada Avenida Paurito. El viaje, muchas veces incómodo, dura una hora y concluye en el centro de la ciudad. Ese trayecto es cíclico. Desde peladingo, Jorge Rodrigo Mariaca Cortez veía a otros muchachos ensayando en una plaza, eso lo hipnotizó. En julio de 2019 comenzó su aventura y desde entonces no se dio respiro; para él danzar no es sacrificar otra cosa.

“No lo llamaría sacrificio. Cuando algo te gusta de verdad no lo llamás así. Obviamente invertís tiempo y dinero, pero la recompensa son los aplausos del público”. Su ejemplo a seguir es su madre, “una luchadora de la vida”. Una vez, su pie tuvo un esguince y la medicina dictaminó que no iba a poder seguir bailando, pero pudo más el coraje y con una venda siguió acudiendo a los ensayos.  

Naomi Aguilera y Rodrigo Cortez/ Escenario: Museo de la Ciudad Altillo Beni / Foto: Secretaría Municipal de Cultura y Turismo

Disciplina

Ya se graduó de Derecho. Sin embargo, su verdadera pasión es la danza. Dulce Yuliana Rivero Jiménez sacude los pies desde hace nueve años y llegó a integrar un elenco después de que una amiga la invitara a bailar en las precarnavaleras. “La danza es arte, pasión, amor, comunicación no verbal. Nos permite conectar con la música, expresar emociones y dar a conocer historias a través del movimiento”, explica. Ella sabe reflejar muy bien las tradiciones orientales. El ‘profe’ Eduardo Lafuente premió su disciplina y le puso la corona de Reina de Kerembas. Este título, para ella, significa entregar más del 100% y en esa exigencia demostrar un mayor crecimiento.

Estudia Cosmetología y Belleza. Lleva en su ser esa garra de mujer. Le gusta enfundarse en el traje de danzarina y derrochar carisma puro. Ruth Naomi Aguilera Dávalos cree, a sus casi 20 años, que la “disciplina y la perseverancia son las claves para seguir en el mundo dancístico”. Depositará más esfuerzo para convertirse en una maestra de danza como su coreógrafa.

Agustín Pardo y Dulce Rivero/ / Escenario: Museo de la Ciudad Altillo Beni / Foto: Secretaría Municipal de Cultura y Turismo

Esfuerzo

Siente “libertad, felicidad y una paz inexplicable” cuando se desconecta del mundo y se entrega a la danza. En sus ojos se refleja ese frenesí que se desprende de los bailarines cuando están concentrados en una performance. Su madre le heredó ese sentimiento y ahora él deja que fluyan sus emociones cuando está sacudiendo su ser. Agustín Pardo Núñez sabe lo que quiere: seguir danzando, es por eso que hasta vende brownies y queques para costearse sus atuendos. Su estatura (1,80 m), su rostro y su disciplina son elementos que le suman para ser todo un bailarín, pero también es cocinero nato y su especialidad son las pastas y el pique macho.

Le gustan los tatuajes y ya tiene cuatro que estamparon el nombre de su madre, una curiosa araña, una figura que refleja “lo complicada y dura que es la vida” y un cuarto que muestra a cinco dragones en representación a toda su familia, su combustión. Agustín tiene muchos sueños, que tejerán su futuro y, así como tiene el amor y el físico para seguir bailando, no descarta convertirse en un modelo publicitario. 

Los cuatro son el mejor ejemplo de que la juventud también hace cultura y difunde las tradiciones y los ritmos musicales en la ciudad. Los cuatro se han convertido en ganadores de las precarnavaleras en reiteradas ocasiones. Hoy, se preparan para seguir encandilando con su arte en el gran Corso Cruceño este sábado 14 de febrero, desde las 17:30, en el Cambódromo. Ese día, se pondrán sus atuendos, levantarán la mirada, sonreirán, batirán las manos y se llamarán, otra vez, Kerembas.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: