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El tiempo se detiene mientras cumplen el aislamiento preventivo: “Es desesperante”

Domingo, 19 de julio de 2020 a las 07:22
Han retornado al país y cumplen una cuarentena de observación. Un hotel les brinda la comodidad durante estos días ante de llegar a sus casas

Olga y Martha aterrizaron la mañana del jueves 16 en Santa Cruz. Llegaban en un vuelo solidario de BoA que partió de Miami. Ambas viajaron a visitar a sus familiares y se quedaron varadas por la suspensión de vuelos internacionales. La pandemia las atrapó en Estados Unidos, aunque ellas decidieron conocerse, recién, en Santa Cruz.

Martha y Olga se volvieron a juntar en la terraza del hotel Radisson. Durante una hora al día, pueden salir al sol y sentir el viento. Hablan sobre todo, pero coinciden en que éste es el viaje “más largo” de sus vidas. Después, retornan a sus habitaciones para continuar con la cuarentena rígida.

El protocolo dispuesto por cancillería y el Ministerio de Salud establece que los viajeros que retornan al país del exterior deben permanecer aislados durante un periodo de 7 a 14 días antes de poder normalizar su estancia. 

Para Olga “es desesperante”; para Martha “es absurdo”. La primera cree que “es una injusticia que teniendo donde llegar, teniendo una casa, no podamos hacer ahí la cuarentena”. La segunda considera que “debía hacer la cuarentena en mi destino final. Saliendo de aquí, tengo que subir a un avión para llegar a La Paz, y ahí puedo contagiarme también”. Pero ambas concuerdan que deben acatar la norma por el bien de todos.

Un acuerdo entre BoA y el hotel Radisson permite que los pasajeros de los vuelos solidarios utilicen el hospedaje en el hotel para cumplir el aislamiento. El gerente del Radisson, José María Reyes, explica que ya ha atendido a más de 1.500 personas de acuerdo a las disposiciones planteadas por el Sedes para estos casos. “Permanecen aislados, pero cuentan con las comodidades de un hotel”.

Reyes recibe personalmente a la mayoría de las delegaciones. Viene en convoy desde Viru Viru. La Policía abre la caravana compuesta por unos 10 micros, todos pasajeros recién aterrizados. Mientras aguardan el registro de su habitación, el gerente les da la bienvenida y les recuerda las normativas que corresponden para la cuarentena rígida. Para Olga y Martha, la explicación es clara. Deberán estar 23 horas en su habitación y podrá compartir una hora al día en la terraza.

58 trabajadores atienden la necesidad de los hospedados. Ellos también permanecen en régimen de aislamiento desde el 18 de marzo. Son situaciones atípicas y el hotel también se ha adecuado. Ante todo, se trata de evitar contactos que puedan provocar los contagios.

Mientras Olga mira televisión y conversa con su familia, que vive a un par de kilómetros de su habitación; Martha prefiere leer un libro, “a veces la Biblia que me da sosiego”, explica.

Las horas pasan lentas en las habitaciones de 35 metros cuadrados. Cuentan con las comodidades de un hotel (televisión por cable, internet), aunque las áreas de recreación como piscina o spa han sido suspendidas de acuerdo a las disposiciones del Sedes.

Reyes valora la atención que los trabajadores realizan para dar la mayor comodidad y confort a quienes se alojan temporalmente. El precio que se paga es realmente solidario. Son 25 dólares y cuenta con desayuno, comida y cena. “No es el servicio habitual que podemos ofrecer. Nos hemos adecuado para facilitar la estadía sin ser una carga para las personas”, matiza.

Es la hora de comer. Martha pide continuar la entrevista telefónica después. Por ahora, quiere disfrutar la sopa y segundo “antes de que se enfríen”. Al concluir, saca la bandeja y la deposita en el suelo. Vendrán a recogerla. Así pasará también con la cena y el desayuno.

De vez en cuando pasa un minimercado con productos de consumo diario. Desde refrescos hasta artículos de limpieza. “Los precios son del supermercado”, aclara Reyes, que cada día busca formas para aliviar la estadía de los huéspedes.

Olga habla con cierta resignación. Ya solo quedan tres o cuatro días para volver a su casa. Dentro de lo que cabe “es una estancia agradable. Es que tenemos que acostumbrarnos a que las cosas han cambiado para todos”. Ella prefiere mirar con optimismo.

Martha se muestra más impaciente. Quiere llegar cuanto antes a La Paz. Si bien vive sola, en el mismo edificio residen sus padres y su hija. Ya quiere verlos. Aquí, dice, se siente algo “incómoda” sobre todo por el servicio de limpieza. “Entiendo que es por evitar riesgos innecesarios”, justifica.

Las normas de higiene disponen una limpieza general a la semana. Una vez se retiran todos los integrantes de un mismo vuelo, es momento de desinfectar las habitaciones y los pasillos con el apoyo de “una empresa que trabaja con ozono y con el mismo sistema que los quirófanos” reseñan desde el hotel.

Reyes recuerda que el Radisson cuenta con una tarifa fija de $us 25 que permanecerá hasta fin de año. Además de la cuarentena para las personas que llegan del exterior, oferta un sistema de cuarentena dinámica para las personas que afrontan la pandemia en primera fila: médicos, enfermeras, funcionarios públicos, policías, periodistas, etc. Pueden trasladar su residencia ahí para evitar el riesgo de exponer a sus familias. 

En esta terraza pueden pasar una hora del día

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