Los estados están ahí para proteger. Pero también están los padres.
Abdel Aziz Majarmen estaba parado al lado de su hijo de 13 años, Islam, cuando este fue asesinado a tiros por las fuerzas israelíes este mes a la entrada del campo de refugiados de Yenín, en la Cisjordania ocupada.
"Mi hijo cayó al suelo y luego escuché el sonido de un tiro, expresó. Un jeep del ejército se acercó y cinco o seis soldados me apuntaron con sus armas, ordenándome a que me fuera. Ni siquiera me di cuenta de que mi hijo había sido martirizado. Empecé a llevarlo conmigo.
Abdel Aziz contó que había ido al campamento -ocupado por el ejército de Israel desde enero- para recuperar los documentos de la familia que tenía en su casa.
No hay con quien quejarse, me dijo. Ellos controlan todo. La Autoridad Palestina ni siquiera puede protegerse a sí misma, sólo ejecuta las decisiones de los judíos.
Como palestino, Abdel Aziz está resignado a su impotencia. Como padre, está atormentado.
En mi mente, continúo preguntándole a ese soldado '¿por qué se mete con un niño de 13 años? Yo estoy parado al lado de él. Máteme a mí. ¿Por qué están matando a niños? Aquí estoy, máteme a mí'.
Reuters
El ejército de Israel declaró que había disparado para neutralizar la amenaza presentada por sospechosos que se les habían acercado en una zona militar cerrada, y estaba examinando el incidente.
Rehusó clarificar qué amenaza representaba el adolescente.
Las ciudades como Yenín quedaron bajo el control total de la Autoridad Palestina hace tres décadas, de acuerdo a los Acuerdos de Paz de Oslo entre israelíes y palestinos.
Se suponían que fueran las semillas de las cuales brotaría un Estado.
Pero Israel afirma que lo que floreció fue el terrorismo. En enero, envió tanques a Yenín y a la vecina ciudad de Tulkarem para reprimir a grupos palestinos armados, señalando que aplicaría las lecciones aprendidas en Gaza.
Desde entonces, las fuerzas israelíes han permanecido, arrasando grandes áreas de los campamentos en ambas ciudades y demoliendo edificios en otras zonas.