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Viven sin agua y sin sus padres; una abuela e hija recicladoras están a cargo de 10 niños que necesitan útiles

Sabado, 15 de febrero de 2025 a las 05:21

Rosario Villarroel (59) y su hija Alejandra (29) se ganan la vida como recolectoras de material reciclable. Ambas están a cargo de 10 niños, el mayor tiene 16 años y la menor 8 meses. Cuando una de las hijas de Rosario murió en Chile, víctima de su pareja, tuvieron que vender todo lo que tenían para traer su cuerpo. Les falta todo, empezando por un lugar dónde vivir.

Gladys Echenique es una voluntaria de Calentando Corazones, fundación que desde hace 9 años lleva a cabo un trabajo sostenido, ayudando con lo que se puede a los niños en situación y riesgo de calle. Antes de eso solía visitar hogares, hasta que una vez encontró a una jovencita en un canal de drenaje que sin conocerla la abrazó y le pidió ayuda, la habían violado toda la noche y le dolía la parte baja de su vientre. Gladys quedó tan impactada que no se atrevió a volver en un mes, pero después comprendió que no podía volcar la cara y mirar para otro lado.

Ahora la fundación trabaja arduamente en la reinserción social de personas en situación y riesgo de calle, con acompañamiento y seguimiento individual. Son 150 los voluntarios, aunque los más activos son 25. 

Mirá el video:

En su página de Facebook dan cuenta de todas sus actividades, desde repartir cenas, colaborar para dotarlos de documentos de identidad, hasta lograr ubicarlos en hogares de acogida. Su trabajo es incansable.  

Esta vez tienen un reto grande. Conocían desde hace tiempo a Mariana y Viviana porque viven en situación de calle en la zona del cuarto anillo y avenida Beni, pero no sabían en detalle la historia familiar hasta hace poco. La madre de ellas dos, Rosario Villarroel (59), es una abuela que se gana la vida como recicladora y trabaja junto a solo una de sus hijas, Alejandra (29). Esta abuela está a cargo de 10 de sus 12 nietos (que provienen de sus diferentes ocho hijos, de los cuales seis quedan vivos). En esta época de inicio de clases los chicos, que tienen entre 16 años y 8 meses (la menor), necesitan con urgencia el material escolar y ropa. 

En un inicio fueron a conocer donde vivían, y una vez allí comprobaron que las necesidades eran mayores. Esta enorme familia vive en dos habitaciones en el barrio Esperanza, noveno anillo. No tienen agua y hace muy poco un vecino les está pasando luz.  

 

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Calentando Corazones hizo una campaña en enero, consiguieron una mesa con 8 sillas y un horno para hacer pan para vender  

 

Drama familiar

 

Una casa de ladrillo visto, solo con la mitad de un portón de metal, es el lugar donde pagan para vivir en dos de las tres habitaciones que hay (el primer cuarto lo habita un inquilino, ajeno a la familia). Tiran colchones al piso y se acomodan los que no entraron en la dos únicas camas que hay. El alquiler les cuesta Bs 400. En el patio acopian lo que reciclan. Cartón y botellas de plástico son la base de su sustento. Cuando la necesidad apremia mucho, venden lo colectado en el día y hacen Bs 80 y cuando logran juntar todo lo de un mes, reciben Bs 600.

Alejandra es la hija que nos recibió, tiene a su vez tres hijos (que conviven con los otros siete niños, que vienen a ser sus primos). No terminó el colegio porque a los 15 años se enamoró y se embarazó. Una vez estuvo tentada a vivir en la calle, lo probó y se arrepintió. Dijo que no faltan las amistades equivocadas que aconsejan mal. Sus ojos verdes han sido testigos de mucho infortunio. 

Camina la zona de su barrio en el noveno anillo y cuando se fleta una moto con carrocería se va hasta el centro a buscar todo lo que sirva para reciclar.

Tiene una cicatriz en la frente y dice que le llega hasta la mitad del cráneo, cuando tenía 12 años un auto la atropelló, perdió la memoria y tardó casi dos años en recuperarse. 

Cuenta que perdió a un hermano de 4 años (Adolfito), cuando todos eran niños. Cayó a una noria y murió ahogado. El hecho causó mucho dolor, "la madre casi se enloquece, lloraba todo el día", cuenta Gladys.

La otra muerte en el seno de la familia también fue trágica. Su hermana María Eugenia Paz (32) llevaba 8 meses viviendo en Chile, trabajaba cosechando duraznos, manzanas y cerezas, Alejandra cree que se fue huyendo de su pareja que le pegaba. Nunca se enteraron de que el hombre la siguió y estando allá la mató.

"Mi madre tuvo que vender todas sus cositas, hicimos kermés, juntamos algo de dinero y el resto se lo prestó para viajar a verla. María Eugenia estuvo unos 20 días en terapia intensiva, "le deshicieron su cráneo, lo reconstruyeron, pero no resistió. Cuando mamá llegó le dio una estampita que ella apretó con la mano, pero luego la soltó y se murió".

Esa hermana dejó cuatro hijos que están al cuidado de Rosario: Bryan Esteban (16), Luciana (14), Noelia (12) y Dylan (8).  

"Necesitamos ayuda para hacerlos estudiar, no tenemos dónde vivir, la plata no nos alcanza. Necesito ayuda para trabajar, lo que gano no me alcanza. Lo que necesitamos es un impulso", dijo la abuela en un video que grabó la fundación.  

Alejandra aprendió el oficio de recicladora de su mamá y esta, a su vez, de su madre. Como no terminó el colegio, no se imagina haciendo otra cosa, pero sabe cocinar muy rico y le gustaría ganarse la vida haciendo lo que le gusta, teniendo una vida más digna. 

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Alejandra muestra el horno que les donaron

 

En campaña por esta familia

 

La campaña de diez días de Calentando Corazones logró reunir Bs 2.400, con lo que compraron útiles escolares para algunos de los niños, con Bs 300 se adquirió una garrafa para la cocina que donaron, pero que necesita reparación. Hay en efectivo Bs 1.900 para conseguir un nuevo lugar dónde vivir. También llegó una donación de un horno en el que ya elaboraron su primera prueba de pan que salió bastante bien, ahora solo faltan insumos para preparar más y empezar a vender.

Conseguir otro lugar donde vivir que tenga los servicios básicos, dotar de todos los útiles a los chicos y reunir lo necesario para hacer más pan es lo más urgente. Y la familia recibe de brazos abiertos cualquier colaboración que quieran hacer llegar. Los corazones solidarios pueden llamar a la fundación, marcando el número 70072001 (los estafadores, por favor abstenerse).

Otra situación que preocupa es un nietito de siete años, Yandiel, que está en edad escolar, pero no lo han metido al colegio porque no habla. Entiende todo, pero no le sale una sola palabra de su boca. Es importante tener asistencia de algún profesional que lo diagnostique y lo pueda ayudar.   

La abuela recicla por el Plan Tres Mil, que era donde antes vivían, algunos nietos también estudian por ahí, donde les dan un cuarto para acopiar lo reciclado y se quedan a dormir de lunes a viernes porque el colegio les queda más cerca. Alejandra y los otros niños que estudian en el noveno anillo viven en el barrio Esperanza, pero los fines de semana se juntan todos ahí, porque entre ellos comparten lo poco que hay. Y es justamente la esperanza a lo que se aferran, a la esperanza de tener días mejores. Han crecido rodeados de cartones y botellas, pero eso no quiere decir que toda su vida deba ser así. 

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