Es cerca del mediodía, primer lunes de octubre; la tierra, el sol y el viento azotan. Un grupo de recolectores de basura hace una pausa en su trabajo para almorzar en el centro de acopio Amigos Ecológicos, ubicado en el barrio El Recreo, sobre la avenida La Peña, camino principal al vertedero San Juan de los Junos. Hasta allí llegaron a bordo de una volqueta a dejar los residuos reciclados que habían juntado en el primer viaje del día. David Llampa, de 31 años, se encarga de recibir el material y pesarlo en una balanza artesanal instalada en el ingreso de su vivienda. Posteriormente son vendidos a las empresas que los utilizan como insumos en la fabricación de sus productos. “Es una actividad para personas de escasos recursos, que gracias al reciclaje han salido adelante. Son alrededor de 60 personas en esta asociación, todos son trabajadores de Emacruz, que ganan un ingreso extra hasta que les llega su sueldo a fin de mes”, explicó Llampa, que también fue recolector de basura junto a su esposa. Empezó recorriendo por las noches las calles del centro de la capital cruceña. Los materiales más comunes que ellos recogen de las calles son cartón, botellas desechables de plástico, botellas de vidrio, latas de aluminio de cerveza, metal y toda clase de envases de plástico. Se paga entre Bs 0,50 y Bs 0,80 por kilo de cartón y Bs 1,80 por kilo de botellas de plásticos. David pone un ejemplo: si una cuadrilla de cinco trabajadores junta 300 kilos de cartón, él paga Bs 0,50 por kilo, suma Bs 150 y se divide entre todos, cada uno recibe Bs 30. Con ese monto costean su almuerzo y pasaje diario, y lo que les sobra lo gastan con sus familias. Amigos Ecológicos funciona hace 7 años en un terreno alquilado, donde los recicladores pueden almorzar por Bs 10, descansar sobre las bolsas apiladas de residuos y tienen acceso a internet. Forma parte de Aresecruz, una de las grandes asociaciones de recolectores que tiene actualmente Santa Cruz. Agradecido con Dios Pedro Molina Suárez, de 48 años, es miembro de Amigos Ecológicos desde hace 5 años, pero desde sus 18 años ha trabajado como recolector de basura en diferentes empresas municipales de aseo urbano. Es padre de 6 hijos, vive en el barrio Primavera, zona Los Chacos. “Es un trabajo sencillo pero también cuesta, a veces el viento está fuerte, los camiones se friegan y no hay trabajo; pero así la pasamos todos los días, es una rutina lo que hacemos”, indicó. Según contó, por cada viaje que realiza saca Bs 50 y semanalmente logra juntar Bs 400. “Para mí está bien. Es un ingreso extra aparte del sueldo. Tenemos que esforzarnos porque si no reciclamos no ganamos. Lo único que puedo decir es darle las gracias a Dios, pedirle que me mantenga con buena salud y que me siga dando el trabajito que tengo.” Críó sola a sus hijos A sus 53 años Berta Valencia Guardia administra un centro de acopio ubicado en el barrio El Recreito, colindante con el barrio El Recreo. Ella trabajó como recolectora desde muy joven, y hace cuatro años por su edad decidió habilitar un centro de acopio con la ayuda de cuatro trabajadores. Con su trabajo pudo criar sola a sus dos hijos. Ella trabajaba antes en la avenida Paurito, zona del vertedero de Normandía, dice que en aquel entonces eran pocas las personas que se dedicaban al reciclaje y había más trabajo. Ahora son cientos de familias las que viven gracias a esta actividad. “Compramos desde medio kilo cualquier material, llegan a toda hora y entran nomás. Lo que no sirve lo botamos a la basura”, expresó doña Berta. Recolección en la Expocruz Durante los 10 días de la Expocruz 2023, los recolectores trabajaron en el acopio de desechos; y al finalizar el evento tienen dos días para retirarlos. María Eugenia Paz, de la asociación Punto Rojo, que a su vez aglutina a cinco asociaciones, explicó que una vez han sido seleccionados y embolsados en bolsas grandes los juntan a un costado del ingreso ubicado sobre el tercer anillo externo. Ahí esperan a los camiones de las empresas que compran cartón, papel y botellas de plástico. “Lo que no logramos vender lo llevamos al centro de acopio del barrio Monte Cristo que está en la Pampa de la Isla. Todos los años trabajamos en la feria”, indicó María Eugenia, de 33 años, quien a sus 17 empezó a trabajar como recolectora en la calles. “¡No desates la bolsa!” María del Rosario Paz, de 55 años, y Ana María Paz, de 54 años, además de tener el mismo apellido coincidentemente, ya que no son familia, tienen el mismo oficio y hablan sobre el trato diario que reciben de la gente. Ambas llevan más de dos décadas deambulando por las calles del Plan Tres Mil, El Mechero y Los Lotes. Una vive por la avenida Beni, tercer anillo, y la otra en la zona conocida como El Bateon del Plan Tres Mil. También estuvieron este año en la Expocruz. Arrancan su jornada a las 5 de la mañana y acaban generalmente a las 15:00. Suelen almorzar “donde nos agarre”, dicen. En cuanto a su trabajo, aseguran que hay gente que las trata y les grita: “¡No desates la bolsa!” cuando las ven cerca del basurero. “Algunos se enojan. Hay gente que es muy conflictiva con nosotras. También hay gente que nos agradece, que valora nuestro trabajo”, coinciden ambas mujeres. Ellas aseguran que fueron capacitadas para seleccionar los residuos de la basura y que una vez cumplen con su objetivo, cierran las bolsas de basura. “Ojalá aprendan a separar su basura, ¡lindo fuera que todos lo hicieran!. No cuesta nada. Salvamos de no contaminar al planeta”. A sus 60 años María Lourdes Guarachi continúa trabajando, quedó a cargo de sus siete hijos cuando su marido la abandonó cuando ellos eran apenas unos niños. Una de sus hijas ahora la acompaña, ambas trabajan en la Villa Primero de Mayo, zona donde viven, y este año también estuvieron en la Expocruz. “Hace 22 años soy recolectora, empecé en el mercado La Ramada. Me siento muy feliz y contenta con el trabajo que tengo. Saco para mi alquiler y mi comida”, expresó con una sonrisa en el rostro.