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Madre de los niños golpeados por su tía: “Nada me devuelve a mi hija, ni sana a mi hijo”

Jueves, 27 de noviembre de 2025 a las 07:28
Gina Paola no puede contener el llanto mientras busca recursos para los tratamientos que necesita su hijo, que logró sobrevivir a los golpes. Foto: Juan Carlos Torrejón

Gina Paola Tapia llora la muerte de su pequeña de 5 años, que falleció tras recibir golpes de su tía. Su primogénito, de 6 años, fue dado de alta, pero tiene secuelas que no le permiten caminar ni hablar. También usa pañales y no mueve la mano 

Con sus pequeñas manos, Jade Megumi hizo un molde para una tarjeta en la que dejó escrito, con puño y letra, el inmenso amor que sentía por su mamá. Ahora, ese pedacito de cartulina se ha convertido en un tesoro para una madre que intenta contener el dolor para luchar por la vida de su otro hijo, el pequeño de seis años que sobrevivió al brutal ataque perpetrado por su tía.

La tragedia golpeó a la familia el 29 de octubre, cuando los niños fueron atacados por su tía con la culata de un rifle de aire comprimido mientras estaban solos en casa. La madre los encontró inconscientes y, en medio del dolor, los trasladó a un hospital. Jade Megumi, de apenas cinco años, no resistió las lesiones y falleció dos días después.

Su hermano Gabriel fue dado de alta hace unos días de la Caja Petrolera de Salud (CPS), pero ya no es el mismo: no habla, no puede caminar ni jugar. Estuvo 20 días en terapia intensiva y otros cinco en recuperación, producto de los golpes.

Este miércoles, Gina Paola Tapia y su esposo Jorge López volvieron al hospital para avanzar con los trámites que permitan que su hijo continúe con las sesiones de fisioterapia.

La tristeza invade a la joven pareja, pero intentan sacar fuerzas para seguir adelante por el niño que les queda.  Desde las puertas del hospital, Gina Paola relata el viacrucis que están viviendo; su esposo solo observa en silencio, a ratos con la mirada perdida. Las lesiones que sufrió el niño le dejaron secuelas graves, especialmente en la cabeza, donde tiene las marcas de los 16 puntos que le hicieron para suturarle la herida.

“El niño ya volvió a casa, pero permanece recostado porque no puede caminar. No mueve la mano, no logra sostener su cuerpo ni su cabecita. Usa pañales y recibe suero para ayudar a regular su organismo”, relata Gina Paola, intentando contener el llanto. “Fue un golpe muy fuerte en la cabeza”, agrega.

Los médicos advirtieron que podría quedar con secuelas, pero mantienen la esperanza. Les han dado un plazo de tres meses para que, con cuidados constantes y un estricto seguimiento en fisioterapia, neurología y gastroenterología, el menor pueda volver a ser el mismo que, hasta hace un mes, disfrutaba jugar con los dinosaurios.

 

“Ha destrozado a mi familia”

Rompe en llanto cuando habla de la condena que recibió la agresora, quien se sometió a un juicio abreviado y obtuvo 30 años de cárcel. “Eso no me devuelve la vida de mi hija, ni cura las secuelas que tiene mi hijo. Mi pequeña murió a las dos de la madrugada, ese día, por la tarde, fue su audiencia (de la agresora). No quiso testificar, no dijo nada. Le dieron 30 años y con eso se lavó las manos”, se lamenta.

“Ha destrozado a mi familia”, agrega, al indicar que su vida y la de su familia no volverá a ser la misma. Su pequeña era quien hacía jugar a su hermanito. Ambos estaban en la escuela, ella en prekínder y él en primero.

Cree que la agresión comenzó contra la niña, porque su cuerpo estaba cubierto de golpes. “No había una sola parte de su cuerpito que no estuviera dañada; su carita estaba desfigurada”, relata.

Jamás imaginó que algo así pudiera ocurrir. Aquella tarde salió a trabajar dando clases particulares y dejó a sus hijos al cuidado de su suegra. “No quería ir, pero pensé: voy a trabajar y con eso les compro pan, porque justo se había acabado y ellos siempre desayunaban tostadas”, cuenta con la voz quebrada.

A las 16:00 recibió una llamada y tardó apenas 20 minutos en llegar a la casa. Al entrar, encontró a su pequeña apoyada contra la puerta, como queriendo escapar, y al niño tendido en el piso, ambos inconscientes.

Cree que la agresora actuó movida por una deuda que tenía con ellos y recuerda que, en otras ocasiones, ya les había robado una garrafa, joyas y dinero.

Gina Paola es  maestra y su esposo es electrónico industrial y trabaja en una empresa  de servicios petroleros.

Después de que las autoridades dieron la orden para levantar el precintado, sacaron sus cosas y decidieron mudarse para intentar reconstruir sus vidas.

 “Pero es difícil… es muy duro lo que estamos pasando. Mi pequeña era una niña feliz, muy apegada a su padre. Ella era todo para él, por eso está destruido”, repite.

 

Necesitan ayuda

Al dolor se suma la preocupación por las deudas  para cubrir los gastos médicos porque el seguro no cubrió la atención por ser riesgo extraordinario.  De la niña cancelaron Bs 17.835, que lograron cubrir con las actividades apoyadas por el  colegio de la pequeña, pero resta por cancelar  la atención del niño, que estiman unos Bs 80.000.

La familia está organizando una kermés para recaudar fondos, y aliviar los gastos y deudas que tienen. Se realizará el 6 de diciembre, desde las 10:00, en la cancha de los orureños, ubicada sobre la avenida Olímpica, séptimo anillo.
Quienes deseen colaborar pueden comunicarse al celular 678-53981.

 

Las estadísticas

Según datos de la Fiscalía General del Estado, desde el 1 de enero hasta el 31 de octubre se registraron 27 víctimas de infanticidio en todo el país. Cochabamba registra 8, La  Paz 7, Santa Cruz 6, Potosí  3, Oruro 2 y  Chuquisaca 1. La mayoría de los agresores son del entorno familiar.

 

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