Rubén Dario Rúa (60) es un colombiano que atraviesa fronteras en su bicicleta. Pasa meses, inclusive años en las carreteras, ha recorrido grandes distancias, que lo han llevado a conocer varios países de América Latina. Antes de llegar a nuestro país estuvo en Chile y Perú, y solo sabe que su próximo destino es Brasil. Quiere llegar a Curitiba. Se hace llamar “el andariego del mundo”, asegura que lleva 50 años recorriendo el mundo sobre dos ruedas.
EL DEBER lo encontró en la plaza principal de Puerto Quijarro, donde hizo una breve parada de dos días antes de cruzar a la frontera y conversó con él para conocer su historia. En 1985 perdió a toda su familia cuando el volcán Nevado del Ruiz, ubicado en Tolima, ocasionó grandes daños en la ciudad. Fueron momentos duros, pero al poco tiempo decidió no encerrarse a sufrir por la pérdida de sus seres queridos y “cogió su bici” para recorrer el mundo.
De buen trato, muy sonriente, muestra con orgullo dos recortes de prensa que lleva pegados en un cesto de plástico instalado en la parte trasera de la bici. Uno de ellos es justamente de 1985. ¿Cuántos años tenía cuando erupcionó el nevado del Ruiz?, le preguntamos. “Era jovencito, tenía 10 años”, responde escuetamente, prefiere no hablar de ese tema. En aquel momento era aprendiz de zapatero. Vea la entrevista: Y fue precisamente por este oficio que no estuvo en la ciudad el día que ocurrió el desastre natural, que cobró la vida de más de 20.000 personas. Se fue a buscar unos zapatos a una localidad vecina. Cuando regresó a su casa, lo único que vio fue que el piso había crecido tres metros y había enterrado a su madre y sus tres hermanos. Dice que nunca le han robado, a pesar de que en su casa móvil, así se refiere a su bicicleta, lleva todo lo que tiene y necesita para vivir. Son dos llantas de repuesto, una colchoneta, dos cestos plásticos medianos (uno de adelante y otro atrás de la bici), un reproductor de DVD, batería eléctrica, bocinas, radio, linternas, banderas, utensilios de cocina, ropa y un machete, su perro guardián como lo llama. Todo su equipaje pesa 114 kilos. “Ando pedaleando. El motor es para subir las lomas”, aclara. Con la ayuda que recibe de la gente que encuentra en cada lugar que visita ha logrado mantener su bicicleta en buen estado. Es la segunda que tiene. A Puerto Quijarro llegó sin frenos delanteros, y pudo arreglarlos gracias a los aportes que le entregaron. Este jueves (20 de octubre) dejó nuestro país, antes de irse nos regaló una pequeña tarjeta de recuerdo.