Pobladores de Alto Paraguá están afanados en aprovechar y proteger su riqueza natural. En ese marco, avanza la iniciativa para la creación de la Reserva de Biosfera Alto Paraguá–Marfil, que apuesta por la conservación mediante la gestión indígena del territorio.
El 30 de septiembre, Bolivia oficializó ante la Unesco la postulación de esta área, ubicada en San Ignacio de Velasco. El área propuesta incluye la protección de una parte de la laguna Marfil (que es compartida con Brasil) y el cerro Manomó, reconocido por sus fuentes de agua.
El proyecto busca proteger los ecosistemas de los incendios forestales y avasallamientos, promoviendo a la vez un modelo de desarrollo sostenible que integre las actividades productivas sostenibles de las comunidades locales.
Lordy Suárez Choré, presidente del Comité de Gestión Territorial del Alto Paraguá y miembro del cabildo de la comunidad San Simón, destacó que la iniciativa se gestó en 2021, cuando las comunidades identificaron el gran potencial natural y cultural. Para cumplir con los requisitos, se elaboró un estudio técnico integral, financiado con recursos de la Unión Europea y la Cooperación Alemana, a través del proyecto Paisaje resiliente en la Chiquitania. Este estudio recopiló información sobre biodiversidad, recursos hídricos y características ecológicas del área.
Turismo comunitario
La propuesta incluye la habilitación de una ruta turística que partiría desde la falda del cerro Mamonó, identificando puntos estratégicos de interés natural y cultural hasta llegar a su cumbre, a 728 metros sobre el nivel del mar, desde donde se aprecia una vista impresionante del paisaje chiquitano, destacó Suárez.
Como parte del plan, la comunidad está elaborando un perfil de proyecto para implementar un sendero interpretativo, que incluirá guías locales, zonas de descanso y toda la logística.
El objetivo es gestionar recursos y alianzas que permitan consolidar esta propuesta de turismo comunitario y habilitar nuevos circuitos.
Las reservas de biosfera son áreas de conservación, donde la población vive, trabaja y participa activamente en la protección del entorno.
En este marco, el ecoturismo se consolida como una actividad clave para la economía local. “De ahí nació la idea de proteger nuestro territorio y la naturaleza, con énfasis en la seguridad hídrica”, remarcó.
¿Qué ver?
El recorrido desde la comunidad San Simón hasta el cerro Manomó ofrece un contacto con la naturaleza y una vista panorámica incomparable desde las alturas. A lo largo del trayecto se han identificado puntos turísticos de gran valor natural, como las cuevas del tigre, zonas donde habitan cóndores, suchas y halcones, y un sitio donde brota agua directamente de la roca, al que los comunarios han bautizado como “Lágrimas del cerro Manomó”.
El cerro también guarda una historia que da origen a su nombre. Según Suárez, en tiempos antiguos los pobladores ascendían a caballo por un antiguo sendero, y cuando sus perros se cansaban, los cargaban en brazos. Por ello, el nombre “Manomó”, que proviene del bésiro y significa “perro cansado”.