Este miércoles se conmemora el Día Mundial del Autismo. Desde una mirada sociointegradora, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que los trastornos del espectro autista (TEA) engloba un grupo de afecciones diversas. Se caracterizan por algún grado de dificultad en la interacción social y la comunicación. Presenta también otras características o patrones atípicos de actividad y comportamiento; por ejemplo, dificultad para pasar de una actividad a otra, gran atención a los detalles y reacciones poco habituales a las sensaciones.
El TEA se clasifica en tres niveles de gravedad, dependiendo del grado de asistencia que la persona necesita. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), el nivel más amplio dentro de la clasificación mencionada es el nivel 1 (anteriormente conocido como autismo de alto funcionamiento o síndrome de Asperger) y es el menos detectable, ya que muchos niños pueden desarrollar estrategias para compensar sus dificultades. Los niños con TEA leve pueden llevar una vida relativamente independiente con ciertas adaptaciones. No obstante, presentan dificultades en la interacción social.
En Bolivia no se sabe exactamente cuántas personas viven con TEA, sin embargo, la Red Boliviana de Padres de Personas con Autismo estimaba que había 45.000 autistas en todo el país en 2019.
Las personas con TEA destacan en habilidades específicas como memoria, atención al detalle o pensamiento lógico. Los niños con TEA pueden llevar una vida relativamente independiente, aunque presentan dificultades en la interacción social.
La toma de conciencia sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es fundamental para promover la inclusión y el respeto hacia quienes viven con esta condición. Comprender sus desafíos y fortalezas permite construir una sociedad más empática y accesible, donde cada individuo pueda desarrollarse plenamente.
Yanira Garamendy Salas, psicóloga, psicopedagoga y neuropsicóloga infantil, docente de la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS), afirma que la integración escolar es un reto y una oportunidad. A pesar de los desafíos, la mayoría de los niños con TEA nivel 1 pueden integrarse a escuelas regulares con el apoyo adecuado. Algunas estrategias clave para su éxito educativo incluyen el uso de apoyos visuales para estructurar actividades, la flexibilización de normas y tiempos en el aula, la enseñanza explícita de habilidades sociales, el apoyo en la regulación emocional y adaptaciones en la evaluación y comunicación con los docentes. “Un abordaje adecuado no solo facilita su desarrollo académico, sino que también promueve su inclusión social, permitiéndoles desenvolverse con mayor autonomía en distintos ámbitos de la vida”, agrega el especialista.
Por su parte, Paola Alemán Valdivia, psicopedagoga especialista en estimulación e intervención en educación especial y docente de la UPDS, señala que, en el contexto universitario, los estudiantes con TEA pueden presentar desafíos relacionados con la organización del tiempo, la interpretación de instrucciones ambiguas, la participación en trabajos en grupo y la adaptación a los cambios frecuentes en los horarios o métodos de evaluación. La transición desde un sistema educativo más estructurado, como el de la educación regular, a la autonomía que exige la universidad puede ser particularmente difícil.
"Para el docente universitario, trabajar con estudiantes con autismo implica enfrentar diversos retos pedagógicos, emocionales y comunicacionales. Uno de los principales desafíos es comprender que el TEA es un espectro amplio, por lo que no existe una única forma de enseñarles. Cada estudiante requiere un enfoque personalizado y, muchas veces, no cuenta con un diagnóstico visible o previamente comunicado, comenta el especialista.
Asimismo, Alemán indica que entre las estrategias más efectivas se encuentra la flexibilización metodológica, que implica ofrecer distintos modos de participación, permitir presentaciones escritas o grabadas, adaptar evaluaciones y estructurar claramente las consignas. Además, la anticipación y previsibilidad son claves para reducir la ansiedad: proporcionar cronogramas detallados, explicar con antelación los cambios en el aula y entregar materiales con suficiente tiempo permite que el estudiante se prepare adecuadamente y no se frustre en el intento.
“Es esencial fomentar una comunicación clara y directa. Muchos estudiantes con TEA tienen dificultades para interpretar el lenguaje figurado, el sarcasmo o las instrucciones implícitas, por lo que un lenguaje concreto, sin ambigüedades, facilita su comprensión y participación activa”, afirma. La formación continua en educación inclusiva es indispensable para brindar herramientas prácticas a los docentes, ayudándolos a promover entornos de aprendizaje más equitativos y sensibles a la diversidad.
Finalmente, Alemán informó que, con la colaboración de Mentor - Educación para Todos y Cerebro y Corazón se realizaron cursos de capacitación titulados “Entornos inclusivos en Educación Superior”, con el objetivo de transformar las aulas y crear un ambiente accesible e inclusivo.
Actividades que fomentan la empatía, el respeto y el trabajo colaborativo sin prejuicios pueden marcar una diferencia significativa en la integración social del estudiante con autismo, mejorando su experiencia y permanencia en la universidad.