La decisión de cerrar los bancos se tomó después de una serie de siete atracos que nada tienen que ver con bandas criminales. Se trataba de clientes exasperados que no podían recuperar sus ahorros por tres años de restricciones bancarias drásticas.
En Beirut, en el barrio comercial de la calle Hamra, una veintena de clientes hacen cola para entrar en la sucursal del banco con el ojo puesto en los dos policías y los agentes de seguridad privados. Son autorizados a entrar a cuentagotas.
“Hace una hora que espero para retirar 50 dólares”, se queja una clienta. “En estos momentos tendría que estar en la universidad, pero estoy esperando para poder sacar mi dinero”, deplora Ahma Zaeiter, un estudiante.
Un poco más lejos Aïda Khoury, profesora jubilada, se exaspera. El cajero automático está vacío. “Hoy después de 42 años de carrera, tengo que estar mendigando. Había ingresado todos mis ahorros en el banco y el dinero ha desaparecido”, se lamenta.
Solo un puñado de las 1.000 sucursales que hay en el Líbano han reabierto. Ali Ammar, vicepresidente del sindicato de los empleados del sector, culpa a la falta de medios.
“Para reabrir completamente los bancos, tenemos que garantizar la seguridad. Hemos pedido ayuda a las fuerzas del orden y lo están haciendo en la medida de lo posible, pero hay escasez de efectivos. Si no podemos garantizar la seguridad de los empleados, los directores de agencia y los clientes, tendremos que volver a cerrar”, alerta.
Las asociaciones de consumidores advierten de que habrá nuevas acciones para recuperar el dinero de los ahorristas libaneses. “Los bancos serán atracados mañana o pasado mañana. La gente necesita el dinero porque tiene problemas de salud, los estudiantes han vuelto a las universidades y también lo necesitan. Este mes las familias tienen mucho gasto”, explica Samia Sabaji, miembro de la asociación “Cri des déposants” (Grito de los ahorristas).
Siete atracos en un mes
Desde el otoño de 2019, los establecimientos financieros en Líbano impusieron restricciones draconianas a sus clientes, sin ningún marco legal, impidiendo la retirada y el ingreso importante de dinero, particularmente en dólares. Los clientes tienen un acceso muy limitado a sus ahorros, cuyo valor se ha hundido.
Siete bancos fueron atracados en el último mes. Cinco de ellos en un solo día, el pasado 16 de septiembre. Muchos bancos han decidido colocar paneles de metal para protegerse.
Esta serie de atracos no es sino la expresión del hundimiento económico del país que está en default desde el 2020. Los ahorristas son las primeras víctimas de las pérdidas colosales del sector bancario, estimadas en 72.000 millones de dólares.
Desde el 2019, la moneda nacional ha perdido el 95% de su valor en el mercado clandestino en comparación al dólar y la deuda pública se sitúa entre el 150% y el 170% del PIB nacional.
Los precios están por las nubes. Además, Líbano importa el 20% de lo que consume, lo que se traduce por graves lagunas del aparato productivo. Resultado de esta situación catastrófica: el 80% de la población es pobre.
Un desastre que los responsables políticos y financieros, considerados incompetentes y corruptos por la población, no quieren asumir.