Por: Claudia Torres Estrés y ansiedad: el enemigo silencioso Los síntomas del estrés crónico ¿Por qué solo 15 minutos? Tres formas de movimiento: Entrenamiento formal en el gimnasio Define tus “15 minutos sagrados” Elige un momento del día en que puedas garantizar ese espacio de gym, tal vez después del desayuno, durante el almuerzo, o apenas antes de dormir y que tenga menos probabilidades de interrupción. Celebra cada logro, día a día, por pequeño que sea: Si necesitas apoyo y quieres hacer consultas, está el consultorio psicológico del Para Ellas junto a la Dra. Claudia Torres. Puedes hacerlo en total confianza, es gratuito por el WhatsApp 72185459.
Psicóloga Clínica
Hoy en día, no es extraño sentirse abrumado por correos electrónicos, tareas acumuladas, responsabilidades familiares, expectativas personales y el bombardeo constante de noticias alarmantes.
La familia, el trabajo, los estudios, la vida social, el cuidado personal… todo se suma y se torna pesado. En este contexto, la ansiedad y la fatiga emocional se instalan con facilidad, afectando nuestro bienestar físico y psicológico.
Como la irritabilidad, la dificultad para conciliar el sueño, la falta de concentración, el desgaste emocional o los dolores musculares son señales de alarma que no se deben ignorar. Es justamente en esos momentos cuando el ejercicio aparece como una estrategia poderosa: no solo como corrección física, sino como un bálsamo para la mente.
Mucho se habla de rutinas intensas o de metas ambiciosas como “correr 10 km” o “ir al gym cinco veces por semana”.
Pero esa visión puede resultar intimidante y contraproducente. Aquí es donde entra en juego la psicología de la motivación: textos clásicos y recientes coinciden en que iniciar algo sencillo y sostenible es el primer paso real hacia hábitos duraderos.
Estudios demuestran que ya 15 minutos de actividad física al día pueden generar cambios positivos en el estado de ánimo, la concentración, la energía y la percepción de bienestar general.
En casa. El entorno doméstico puede convertirse en un refugio seguro para aquellos que se sienten cohibidos o estresados por la apariencia física o la demanda social de los gimnasios.
Unos estiramientos, yoga suave, bailes improvisados o ejercicios de autocarga (como abdominales, sentadillas o planchas) son opciones valiosas.
Al aire libre: caminar, el gran aliado
Caminar es una de las formas más antiguas y terapéuticas de moverse. Sin necesidad de equipamiento ni preparación previa, salir a dar un paseo de quince minutos ofrece beneficios inmediatos: aire fresco, sol o segundos de sol, conexión con la naturaleza, descubrimiento del entorno.
La caminata activa, con un ritmo que eleva ligeramente la respiración y el pulso, favorece la circulación y el flujo cerebral. Tiene potentes efectos psicoactivos: reduce el cortisol, mejora el humor, facilita la reflexión y disminuye la ansiedad.
Para quienes disfrutan de las instalaciones, la variedad de máquinas, clases grupales o el ambiente social del gimnasio, esta opción puede ser muy estimulante. Sin embargo, conviene no dejarse llevar por la presión del rendimiento o comparaciones. Lo esencial: la constancia en un ejercicio que genere placer, desafío y paz interior.
En verdad, ¿puede el ejercicio “salvar” nuestras vidas?
La expresión “salvar” puede sonar exagerada, pero, cuando se examina el efecto conjunto del ejercicio sobre el cuerpo y la mente, se vuelve plausible. No es un remedio milagroso, pero sí una herramienta robusta para:
-Prevenir y reducir la depresión.
Activa circuitos cerebrales que regulan el ánimo y aumentan la resiliencia emocional.
-Gestionar la ansiedad. El ejercicio baja los niveles de cortisol y adrenalina, normaliza la respiración que se traduce en calma mental.
-Mejorar el sueño. Ayuda a conciliar el descanso nocturno con mayor facilidad y profundidad.
-Reducir el agotamiento
o “burnout”: Ese estado crónico de agotamiento emocional, físico y cognitivo y reactiva la energía.
-Fomentar la autoconfianza.
Saber que somos capaces de sostener rutinas mejora la percepción de control sobre nuestra vida.
Alterna entre caminar, estiramientos, baile, respiración consciente, yoga, o ejercicios en casa.
Evita el “todo o nada”. Si un día solo puedes dar cinco minutos de paseo, está bien; esa continuidad es más poderosa que quedarse esperando al día perfecto.
Esa voz interna que dice “¿para qué? ¿ por qué hacer solo 15 minutos?” merece ser silenciada con un “he cumplido, y eso es suficiente hoy”.
No importa si haces sentadillas, das un paseo, estiras en tu sala, bailas sin ritmo o subes escaleras. Lo que importa es el sí, ese “aquí estoy, y aunque sea poco, me cuido un poco todos los días”.