Fotos:
Jhon Orellana
Jovita Egüez Valverde se enmarca entre los ejemplos de mujeres jóvenes que inspiran y transmiten pasión desde sus roles profesionales. Nacida en Santa Cruz, es hija de Juan Mario Egüez Ágreda (+) y Viviana Valverde. Está casada con Hugo C. Chávez Justiniano, y es mamá de Luana (6 años), Thaynara (2 años) y Hugo (3 meses). Formada en Medicina Veterinaria y Zootecnia con la especialización en mejoramiento genético de ganado de carne y leche, enfocada en la salud, producción y bienestar de los animales; y, además, como profesional de Ingeniería Industrial se centra en la optimización de procesos, sistemas y organizaciones.
“He construido mi carrera en el sector agropecuario, un espacio que tradicionalmente ha sido de difícil acceso para las mujeres, pero que con esfuerzo y pasión he logrado convertir en mi lugar de crecimiento. Durante nueve años fui gerente técnica de la institución más importante de la genética cebuina de Bolivia, Asocebu, liderando un equipo de profesionales comprometidos con la mejora y el desarrollo del hato nacional. Actualmente formo parte de Pil Andina, una gran industria láctea, donde tengo el desafío de fortalecer la relación entre la empresa y los productores en todo el país”.
¿Jovita tiene un origen especial?
Mi nombre tiene un origen familiar; lo eligió mi papá inspirado en mi abuela muy querida. Con el tiempo he aprendido a darle un significado. Para mí, Jovita representa fortaleza, equilibrio y fe. Digo, ser profesional en el agro, esposa y mamá no ha sido sencillo.
He descubierto que la clave está en el amor por lo que hago y en el apoyo de mi familia, sobre todo.
Mis hijos son mi motor, y mi esposo mi compañero en cada paso ha sido un pilar esencial en ese proceso.
La maternidad y sus grandes desafíos:
Ser madre me enseñó a priorizar, a trabajar con propósito y a valorar los pequeños logros diarios, tanto en casa como en el campo. En mi carrera he asumido grandes desafíos, y cada uno de ellos ha sido posible porque cuento con una familia que me inspira y me sostiene.
Gracias a ese equilibrio, puedo desempeñarme con pasión, liderar con empatía y mantener siempre viva mi vocación en el agro.
Cuéntanos tu historia…
Desde pequeña crecí entre sembradíos, potreros, pasturas y animales, acompañando a mi padre en cada jornada de trabajo en el campo. Fue él quién me enseñó a amar la tierra y a entender que el esfuerzo diario es la semilla de todo logro. Mi padre fue y sigue siendo mi mayor inspiración. De él aprendí la disciplina, la perseverancia y el valor de hacer las cosas bien, sin atajos.
Esa conexión con el campo marcó mi vocación. Hoy, cada vez que enfrento un nuevo desafío profesional, pienso en esas enseñanzas y en el ejemplo que me dejaron: que el trabajo honesto y el amor por la tierra siempre dan fruto.
En el agro, ¿dónde hay más presencia femenina?
A lo largo de mi carrera he visto cómo la presencia femenina en el agro ha crecido.
Actualmente no hay estadística específica, pero debe estar en un 10%. Cada vez más mujeres que estudian carreras relacionadas con el agro se animan a trabajar en el campo, rompiendo estereotipos.
Las veo liderando asociaciones, dirigiendo empresas, liderando áreas técnicas, comerciales, y eso me llena de orgullo. En Bolivia, hay una nueva generación de agropecuarias que están transformando el sector con compromiso y sensibilidad.
Frente a los cambios en el país, entre mujeres, ¿cómo podemos dar la talla?
Creo profundamente que las mujeres tenemos una capacidad natural para resistir, reinventarnos y construir comunidad. En tiempos de crisis, somos las primeras en buscar soluciones, en sostener hogares, empresas y equipos con esperanza y determinación.
Mi mensaje para todas es: no dejemos que el miedo nos detenga. Invertir en conocimiento, creer en nuestras capacidades y rodearnos de personas que nos impulsen es la clave. El agro necesita más mujeres con visión, liderazgo y corazón. Porque cuando una mujer se fortalece, también se fortalece su familia, su entorno y su país.