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Quiroga y Doria Medina: el ocaso de la insistencia

Martes, 21 de octubre de 2025 a las 07:02
Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina. Foto de archivo: APG

Dos décadas en campaña, varios intentos fallidos y el mismo desenlace:  Tuto y Samuel se alejan sin victorias.

Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga son, probablemente, los dos políticos con mayor participación electoral en los 43 años de democracia boliviana. Ambos buscaron el poder en diferentes ocasiones, pero nunca lograron ganar una elección. Hoy, cuando el país recapitula ese largo periodo, su trayectoria reabre el debate sobre los límites del liderazgo sin partido y de los partidos sin militancia.

Quiroga asumió la presidencia entre 2001 y 2002, tras la muerte de Hugo Banzer. Desde entonces, intentó regresar al poder en varias oportunidades, siempre usando siglas ajenas: en 2005 participó con Podemos, en 2014 con el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y en 2025 con la alianza Libre 21. Su estrategia se centró en alianzas más que en construir una estructura propia, lo que lo dejó sin una base orgánica duradera. a

Doria Medina, en cambio, fundó y presidió Unidad Nacional (UN), un partido diseñado a su medida. Fue candidato presidencial en 2009, 2014 y 2020, sin alcanzar la victoria. Tras la primera vuelta del 17 de agosto de 2025, reconoció públicamente su derrota. Pese a haber designado a Elizabeth Reyes como jefa nacional, el control efectivo del partido permaneció en su entorno cercano y la organización no logró proyectarse como estructura de base.

El caso de 2025 también dejó otra señal: el propio presidente electo, Rodrigo Paz, compitió con la sigla del PDC, un rótulo histórico pero con escasa militancia activa, lo que ilustra una constante del sistema: siglas que se prestan, partidos débiles y liderazgos que se montan sobre etiquetas antes que construirlas.

A más de cuatro décadas del retorno democrático, el patrón se repite: partidos frágiles, caudillos itinerantes y una democracia que avanza con más inercia que convicción. Los recorridos de Quiroga y Doria Medina, por rutas distintas, desembocan en la misma conclusión: sin organización política real, las candidaturas se vuelven episódicas y el voto premia la oportunidad antes que los proyectos duraderos.

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