Jaime Dunn, economista y especialista en finanzas ha expresado su preocupación por la situación financiera del país a través de diversas plataformas en un escenario preelectoral. De hecho, su nombre ha sido mencionado como posible candidato con miras a las eleciones de agosto y en esta entrevista se declara un “político nuevo”.
El profesional conversó con EL DEBER sobre una posible candidatura suya a la Presidencia y sobre la unidad de los partidos de la oposición.
¿Quiere ser candidato? En realidad, lo que hemos comentado son dos cosas: por un lado, un programa de gobierno y, por otro, una participación con la Universidad de Harvard. Sí, se mencionó la posibilidad de una candidatura, pero es solo eso, una posibilidad. Lo he dicho claramente: no hay definiciones, ni acuerdos, ni nada concreto. Lo que sí he señalado es que, para tener una candidatura seria, se necesitan muchos elementos. El primero es no dividir el voto. Tampoco se trata de ser un candidato más, sin reales posibilidades. Como siempre digo: no se trata de querer ser presidente, sino de poder serlo. Y para poder serlo, se necesita un partido consolidado. De hecho, de los 19 candidatos de la oposición, 15 no tienen partido. Ellos están perdiendo el tiempo. ¿Descarta entonces ser candidato o buscar un partido? No lo descarto, pero tampoco es una decisión tomada. Como bien dijo (el periodista) Cacho Herrera en un tuit, ‘Jaime Dunn podría ser candidato, si encuentra todos los elementos necesarios’. Podría ser, sí, pero solo si se dan esas condiciones. Hoy es solo una posibilidad. ¿Ha tenido acercamientos con algún precandidato? Se habló de usted como posible candidato a vicepresidente de Jorge ‘Tuto’ Quiroga. He tenido aproximaciones con varios precandidatos de la oposición, prácticamente con todos. Pero no hay ninguna definición tomada. Todo sigue en evaluación, porque hay muchas diferencias sobre cómo se piensa el país y cómo quieren encarar los cambios. ¿Y con cuáles ha tenido mayor afinidad? ¿Apunta a la vicepresidencia o algún ministerio? Mi objetivo es que el voto opositor sea lo suficientemente fuerte para realizar los cambios que el país necesita, no solo en lo económico, sino también cambios culturales profundos. No se trata de cargos. Se trata de un proyecto realmente serio. ¿Con qué precandidatos ha tenido mayor sintonía en ideas y propuestas? Prefiero no revelar eso por ahora. Son conversaciones en curso y no sería prudente adelantarlas. Circuló información en redes sobre que Harvard le está haciendo su programa de gobierno. ¿Es cierto? Eso es completamente falso. Yo ya tengo un programa de gobierno desde hace meses. Lo que estoy haciendo es colaborar con la Universidad de Harvard, pero no para que me hagan un programa, sino para contribuir con ideas desde Bolivia. Harvard no me está armando nada. Esa es una mala interpretación que ya aclaré en varias oportunidades. ¿Cuál es el rol del empresario boliviano Marcelo Claure en este proceso? ¿Él lidera esta propuesta de Harvard? No, Marcelo Claure no lidera Harvard. Lo que ha hecho es una donación y está colaborando, pero no dirige ni lidera el programa. Además, el programa de Harvard no es para un candidato específico. Es una propuesta abierta para quien gane las elecciones. El presidente electo decidirá si lo toma en cuenta o lo desecha. Se ha hablado de un posible resquebrajamiento del bloque de unidad, especialmente tras la conferencia conjunta de Samuel Doria Medina y Vicente Cuéllar. ¿Qué opina sobre eso? Yo siempre he dicho que el llamado “bloque de unidad” solo tiene de unidad el nombre. No hay un verdadero acuerdo programático ni estratégico. Lo único que los une es querer sacar al MAS. No tienen claridad sobre qué es la unidad ni cómo gobernarían juntos si llegaran al poder. Además, hay posiciones encontradas sobre cómo se repartirían las responsabilidades en un eventual gobierno. Algunos hablan de cogobierno y otros, como Tuto Quiroga, dicen: “Si gano, el gobierno es mío”. Ni siquiera hay un programa económico común. Cada uno tiene su propio plan y hay diferencias sustanciales. ¿Podría dar un ejemplo de esas diferencias? Por ejemplo, si se sientan todos a discutir el tema de autonomías regionales, habrá choque inmediato. Camacho, por decir uno, tiene una visión muy liberal al respecto, mientras otros ni siquiera usan ese lenguaje. ¿Cómo se puede hablar de unidad sin programa común? Con este panorama, ¿el MAS sigue siendo el gran beneficiado? ¿Qué piensa usted? Totalmente. El MAS es el mayor beneficiado. Porque quienes pretenden gobernar Bolivia ni siquiera pueden gobernar un bloque de unidad. Eso muestra una enorme falencia en el espíritu de unidad. Volviendo al tema de su posible candidatura, ¿cuándo definirá si se lanza o apoya a alguien? Es difícil ponerle una fecha. Todo cambia cada día. Hay mucha politiquería de por medio. Yo me considero un político nuevo, no un politiquero. Pero la politiquería es lo que hace que los acuerdos duren 24 horas y después se rompan. Además, el MAS y el sistema político han diseñado las reglas de juego para que nadie pueda hacer campaña seria sin un partido y sin recursos. Por ahora, sigo evaluando. No hay nada definido. Finalmente, ¿qué mensaje le deja a la oposición frente a esta coyuntura? Que no caigan en el juego de los plazos ni en la desesperación por tener un candidato de inmediato. Si la oposición no es capaz de construir un verdadero proyecto común, con un programa claro y con reglas sobre cómo gobernar juntos, lo único que harán es facilitarle el camino al MAS. Sin unidad programática, no hay unidad real. Y sin unidad real, no hay esperanza de cambio. PERFIL Especialista en inversiones Graduado con honores del Programa de Maestría para el Desarrollo de la Universidad Católica de Bolivia y Harvard Institute. También se formó en Relaciones Internacionales en Colgate University y fue operador bursatil en Nueva York. Escritor y analista financiero.