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Hugo Ayaviri casi perdió los dedos de la mano y el pie izquierdos que se congelaron en el Everest; se alista para el Manaslu, en Nepal

Lunes, 14 de abril de 2025 a las 12:15

De abril a septiembre se gana la vida como guía de montaña, el resto del tiempo viaja para conseguir auspicio porque tiene la meta de ser el primer boliviano en escalar las 14 cumbres de más de 8 mil metros sin oxígeno de repuesto.

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La imagen que mueve a Hugo Ayaviri Quispe (46) es la de un manto inmaculado y congelado que se extiende hasta donde se pierde la vista, arriba del mundo, en la cima de algún nevado, contemplándolo casi en soledad. El montañista se ha propuesto ser el primer boliviano en hacer cumbre en los 14 'ochomiles', como se les dice a las 14 montañas por arriba de los 8.000 metros de altura, todas ellas en Asia. Pero no solo eso, las quiere hacer sin oxígeno de auxilio. El niño de una empobrecida comunidad aimara, que mira al Illimani se hizo camino escalando. Su vida son las montañas y desde que empezó a sus veinti tantos no ha parado. Escalar es su modo de vida y también su inspiración.

Ser joven y buscar un lugar en el mundo, más si se viene del área rural, arrastrando muchas desventajas a cuestas, puede ser un reto muy grande, tanto o más que escalar una enorme montaña. Su pueblo, la comunidad de Una (La Paz), tiene una pequeña escuela que solo posee los tres primeros cursos de primaria. Los niños ahí aprenden a leer y la matemática básica, dice en su bio, porque Hugo no esconde sus orígenes, es más, está orgulloso de ellos. 

Solamente las familias que tienen un poco más de dinero envían a sus hijos a continuar sus estudios a una escuela más grande, solo el que quiera terminar la primaria debe trasladarse a Quilihuaya, para lo que hay que caminar 4 kilómetros y bajar 600 metros. Pero la familia de Hugo no era tan privilegiada. De chico tenía que ayudar con las labores de casa y las agrícolas, en el único bien que poseía su pequeña familia integrada por él y su madre: una chacra. También tenían un caballo, con lo que se ayudaban trasladando las carpas y los enseres de los "gringos" que llegaban con la idea de escalar el Illimani.

Él y su madre no entendían bien qué atraía a esos rubios para poner en peligro la vida, imaginaban que eran cazadores de tesoros que iban hasta la cima por una ganancia mayor.

Hoy en día, después de conseguir estudiar la secundaria, profesionalizarse como andinista y guía de montaña está seguro de que lo único imposible es aquello que no se intenta. Lleva en su cuenta personal 6 cumbres de las 14 'ochomiles' y se dispone en unos meses a sumar una más, el Manaslu, en Nepal, un territorio que no les es ajeno, ya estuvo ahí intentando hacer historia.

Hace exactamente un año se embarcó en la aventura de escalar el monte Everest, la montaña más alta del planeta (8.848 metros), ubicada justo entre la frontera de China y Nepal. Fue una experiencia que lo marcó, porque vio colegas que subieron y no bajaron nunca más, casi se congeló y llegó a temer que iba a perder los dedos de su pie y de su mano izquierda, también se cayó a un glaciar que le fisuró las costillas. Con tanto infortunio, le tocó tomar una decisión valiente, así fue como decidió abandonar la meta porque entendió que más valiosa era su vida. "La montaña va a seguir ahí, algún día voy a volver", se prometió. 

Pasó dos meses intentando subir a la cima del Everest, no lo logró, pero en su lugar hizo cumbre en el Lhotse sin oxígeno, con todo y tormenta en la cima de la que es la cuarta montaña más alta de la Tierra, solo superada por el Everest, el K2 y el Kangchenjunga. Se halla muy cerca del Everest, prácticamente al lado.

 

-Esto de ir al Manaslu, ¿a qué se debe? ¿es un reto personal? 

Sí, se podría decir. El objetivo que tengo es lograr subir las catorce montañas más altas del planeta que se encuentran en Asia. Ningún boliviano lo ha logrado, solo un latino, entonces, me gustaría concretarlo. Este año quiero hacer una más (sería la séptima) porque el costo es muy elevado. 

-Cuando dice el costo es muy elevado, ¿a cuánto se refiere? 

Mira, solo el boleto de avión sale como tres mil seiscientos dólares, ida y vuelta a Nepal, a eso hay que sumar los ingresos, estadía, logística, te sale como veinte mil a veinticinco mil dólares, mínimo. Por ejemplo, el guía de montaña en el Everest en un día gana 15 mil dólares por la expedición y aparte, si te lleva hasta la cumbre tienes que darle 2 mil dólares más de propina.

¿Y ya tiene un poco de eso, cuánto le falta juntar? 

Tengo algo, pero sigo buscando apoyo, más que todo sponsor de afuera. Acá en Bolivia es bien complicado, difícil de conseguir.

-Parece que le gustan los objetivos difíciles... 

Escalar es sinónimo de luchar contra la adversidad, hay avalanchas, te puedes enfermar porque como si nada se puede experimentar cincuenta grados bajo cero... son muchas cosas, entonces, es un desafío personal, y también es, más que todo, llevar la bandera tricolor a las montañas más altas del mundo. Y lo más interesante de esto es que yo subo sin tanque de oxígeno, lo cual solo el 2% de las personas lo hacen. El reto que tengo es hacerlo a todo pulmón, cargando todo yo solo.

-Explíqueme eso un poco más, ¿usted lo hace todo completamente solo, o viene un equipo de respaldo atrás de usted? 

Yo tengo alguien que me opera lo que son los permisos para subir la montaña y me va a dar comida saliendo del campamento hasta la base de la montaña, es alguien que también me lleva los equipos. A eso se llama logística, contrato una agencia que me da una carpa, una ducha, que no es como la que tienes en casa, en realidad te bañas con agua caliente en un balde y dentro de una pequeña carpa. Ya para subir a la montaña soy prácticamente autónomo, me voy por mi cuenta. 

-Como buen montañista usted tiene que ir pensando también en imprevistos, ¿verdad? 

Exactamente, por ejemplo, a veces tus maletas no llegan, me pasó eso cuando fui a Pakistán, todo mi equipo de montaña, lo que es la carpa, las botas, casco, no llegaron conmigo, y te pones triste. Hay veces que puede tardar semanas, eso te hace perder tiempo, y hay muchos otros factores que pueden pasar, te puedes caer o lastimar... 

-¿Alguna vez ha tenido una lesión importante? 

Sí, he tenido caídas, he lastimado mis costillas, mis pies, mi rodilla, pero nada grave, lo he podido manejar, gracias a Dios. La montaña es un deporte muy lindo, pero también es de alto riesgo. 

-Por eso mismo le quiero preguntar, ¿Cuál es la gratificación de hacer semejante locura? 

Muchos me dicen no sé por qué te gusta eso, tanto frío, corres peligro, incluso algunos no vuelven a bajar, pero yo les digo que más que todo es un desafío, es un deporte muy lindo. Desde muy pequeño empecé a ver a los turistas venir a mi pueblo y subir la montaña, así nació el sentimiento de que me apasionara la montaña, y empecé poco a poco. Más que todo me emociona llegar a la cumbre, llevar la bandera, el nombre de mi país a los lugares más altos del mundo. Ningún boliviano todavía ha llegado a estas 14 montañas arriba de 8.000 metros, entonces yo tengo que llegar. La montaña es mi vida, este es el estilo de vida que llevo.

-¿Qué pasa una vez llega a la cumbre? 

Es una satisfacción que no tiene una explicación. Llegas a la cima y es como sentirse libre. Llegas cansado, pero lloras de alegría. Es algo que te llena, el haber logrado lo que querías en la vida. Claro que no ha sido fácil llegar a los 'ochomiles', pero es algo que me satisface, te sientes como un cóndor en la cima.  

-Como un cóndor y en soledad también... 

A veces sí se llega solo, pero hay momentos en que encuentras otras personas que suben, conoces amigos en el campamento, claro que cada quien se hace responsable de su vida, uno no puede estar cuidando al otro, pero también nos ayudamos en algunas cosas. 

-¿Cuántos días o semanas se tarda en hacer una cumbre de más de ocho mil metros? 

Normalmente son como cuarenta y cinco días. Primero se llega a la base de la montaña donde uno se aclimata y luego vas subiendo gradualmente. Tu cuerpo se tiene que acostumbrar a la altura y el día que aparece la ventana (abertura de buen clima), entonces ahí se sube. 

-Pero en el transcurso de ascender, el clima también puede cambiar, ¿verdad? 

Exactamente, ese es el gran problema, puede cambiar muy rápidamente. Tienes que tener un meteorólogo que te avise muy bien, pero para eso también se necesita dinero. Entonces, a veces yo tengo que averiguar mientras estoy en el campo base, algunos te avisan y algunos no, porque son muy celosos. 

-Si va a ir en septiembre al Manalu, ¿Cuándo estaría partiendo de Bolivia? 

Yo creo que a principios de ese mes. Aún no tengo confirmado exactamente cuándo voy a ir, no tengo boleto todavía, pero ya tengo planeado ir para poder lograr al menos una cima más porque ya con eso tendría siete montañas y me quedarían siete más. 

-Usted tiene 46 años, ¿A qué edad empezó? 

Como a los 22, 23 años. No ha sido fácil porque conseguir equipo de montaña es bien caro, peor en esas épocas. No había mucho aquí para vender y es súper caro. Uno va trabajando, se va ahorrando y así me fui comprando algunas cosas. Poco a poco me he equipado, y me ha ayudado mucho también hacer cursos de montaña. Un equipo cuesta unos 2.500  a 3.000 dólares, mínimo. Normalmente pesa unos 25 kilos, incluso puede llegar hasta 30.

-¿Usted tiene alguna otra formación además de ser montañista? 

Soy rescatista en la montaña, también. Más que nada he dedicado toda mi vida a eso. Mi temporada de trabajo empieza en abril y dura hasta el mes de septiembre, algunas veces hasta octubre, después no se puede subir en la lluvia ni en la nieve, es muy peligroso. Ahí es cuando ahorro mi plata para poder viajar y buscar un poco de sponsors. Trabajo con extranjeros porque aunque tenemos tan lindas montañas en La Paz, no somos una cultura de montaña.

-Cuántas montañas ha escalado? 

Todas las montañas de Bolivia las he escalado, las de aquí son de seis mil. Luego he hecho seis montañas de más de 8 mil metros, todas en Asia: el Lhotse, Gasherbrum I, Gasherbrum II, Nanga Parbat,  Broad Peak y el K2. 

- Y más o menos, ¿Cuánto le cuesta a un turista que usted sea su guía? 

Como guía profesional yo cobro por día cien dólares, fuera de la logística y del transporte. Bolivia es uno de los países para hacer montañismo más baratos, yo he estado en Perú, Chile, Argentina y allá ganan el triple. 

-No cualquiera puede subir, hay que tener cierto estado físico, cuéntenos un poco de eso... 

Si quieres jugar fútbol, tienes que entrenar, yo siempre digo: si tú quieres subir una montaña, no te voy a llevar directo al Illimani, te voy a llevar a una montaña más chiquita, más accesible, ahí voy a ver cómo te sientes, cómo subes. Hay gente que se adapta muy rápido y hay gente que a veces no, entonces, hay que ver eso. Primero los llevo al Huayna Potosí, si lo logran, entonces yo digo que ya están listos, porque el Illimani es más exigente, es más duro.

-Cuéntenos cuán duro fue el Everest...

Intenté subir sin oxígeno, me caí, se me fisuraron las costillas y casi se me congelaron los dedos. A uno de mis amigos se le congelaron y tuve que bajar hasta cierta parte para despacharlo en helicóptero. Me traumé mucho porque cuando viajas en expediciones conoces mucha gente, yo empecé a conocer de Mongolia, de India, había de Francia y un amigo que conocí de Inglaterra falleció. Después unos chicos mongoleses subieron y nunca más bajaron. Así que me quedé un poco traumado y tuve que abandonar. 

Pensé que iba a perder los dedos del pie izquierdo, los sentía adormecidos, al igual que tres dedos de la mano izquierda. Cuando empecé a bajar me dolían mucho y en campo base me hice atender de emergencia. Ahí hicieron que la sangre fluya con agua caliente y haciéndome masajes, me dijeron que iba a recuperarme en unos cuatro meses y gracias a Dios así fue. 

Mi esposa me decía, no vale la pena arriesgarse, además hay una fila para llegar a la cumbre y es ahí donde se congelan bastante, entonces yo tuve que abandonar con todo el dolor de mi corazón, pero la vida era más importante. La montaña estará ahí y un día volveré, cuando pueda. 

 

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