Al iniciar un nuevo año, es común establecer propósitos que guíen la gestión personal o institucional. A nivel personal son objetivos que mejoren la salud física, mental o espiritual. En las empresas e instituciones son metas para nuevos mercados, productos, procesos, etc.
Para plantear objetivos claros y alcanzables, primero necesitamos un diagnóstico honesto de dónde estamos y cómo actuamos en 2024. No lo podemos hacer como país porque nos falta el elemento principal para el diagnóstico y la evaluación: la información estadística actualizada.
Por experiencia sé que las principales entidades del gobierno central cuentan con esta información. Pero a nivel societal no es así, lo que representa un grave obstáculo, ya que los retrasos y la opacidad afectan áreas clave de la economía y la sociedad. Comparto algunos ejemplos.
¿Cómo está la actividad productiva del país? La información más reciente es de junio del año pasado, cuando podríamos tener avances de la situación a octubre, tal cual los teníamos antes mediante el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE).
¿Qué está pasando en el mercado laboral? Sabemos que la crisis está afectando los empleos y las empresas, pero la información más reciente también es de junio de 2024, cuando ya se cuenta con información de septiembre.
Iba a incluir en la lista la situación del comercio exterior de bienes (exportaciones e importaciones), porque no se contaba con la información de octubre y noviembre. Sin embargo, los datos fueron liberados el 31 de diciembre. Se publicó la información de dos meses: octubre y de noviembre.
La experiencia de estos años nos muestra que las estadísticas con datos desfavorables no se publican hasta que puedan disimularse con datos positivos, salvo que sean obligatorias, como sucede con los precios al consumidor usados para calcular la UFV. Es repudiable.
¿Qué tan aguda es la emisión inorgánica? ¿Qué nos dice la cantidad de dinero sobre la actividad y los precios? Es una incógnita que no se quiere mostrar, porque en el ámbito monetario, varias estadísticas también se estancaron a mediados de año, cuando su construcción involucra a lo más dos meses de rezago.
Y termino con tres ejemplos emblemáticos de negligencia estadística.
La primera es la información continua sobre reservas internacionales. Por mis ocho años en el banco central sé que las reservas se conocen diariamente con un día de retraso. No es necesario seguir ocultando mensualmente su nivel y composición porque la situación crítica de las reservas es conocida y porque no cambiará significativamente.
La segunda es casi dramática: la parte fiscal. No se ha difundido ningún indicador consolidado de 2024. Es más, una cifra importantísima como el déficit fiscal de 2023 la conocimos recién en septiembre, con más de siete meses de retraso.
¿Qué se tendría que hacer en el ámbito fiscal, la causa principal de la crisis que tenemos? A nivel de sociedad no tenemos ni idea por la opacidad que existe.
Y, por último y no menos importante, lo social. Cada año se lleva a cabo la Encuesta de Hogares, una herramienta útil para conocer cómo está la población boliviana. Oficialmente la historia terminó en 2021, que es la última base de datos que se puede descargar con un clic, aunque se liberó de forma disimulada las de 2022 y de 2023.
Por eso es crucial que se cumpla el artículo 15 de la Ley 1405 de Información Estadística, que dice: “Oportunidad y puntualidad. La producción estadística debe desarrollarse dentro de los plazos establecidos.” Además, sería ideal implementar mecanismos de auditoría independiente sobre la producción de estadísticas públicas.
La falta de información dificulta la generación de propuestas basadas en la situación del país, donde otro elemento, el Censo 2024, es fundamental y tiene retraso porque no se cumplió con la segunda entrega en diciembre.
En un año electoral, garantizar la transparencia es un imperativo para proteger la democracia y construir un futuro basado en la realidad.