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Santa Cruz, 200 años de luchas y fuente de paradigmas para el desarrollo nacional

Viernes, 02 de enero de 2026 a las 15:36

    

Habiéndose celebrado el 2025 los 200 años de independencia de Santa Cruz, con actividades departamentales que recordaron el 14 de febrero de 1825, día en que los cruceños declararon ser libres del poder español, queda por hacer una valoración respecto de su aporte a la nación a través de todo este tiempo transcurrido.

La contribución de Santa Cruz, en la historia de Bolivia, puede analizarse a partir de tres elementos básicos: político, económico y cultural, a partir de los cuales se establecieron paradigmas que modificaron la línea histórica del país.

El primer aporte de Santa Cruz a la entidad nacional se remonta a agosto de 1825, cuando sus delegados asistieron a la Asamblea Deliberante de Chuquisaca con 21 instrucciones elaboradas por el cabildo cruceño, cuyo contenido puede analizarse en el orden político, social y cultural; en el orden político este pliego establecía una democracia representativa con voto libre y general; en el orden económico proponía el libre comercio como base para el desarrollo y prosperidad de la nación, para lo cual se entendía como fundamental la construcción de caminos, el desarrollo de la industria, la ganadería, la agricultura, e incluso la minería; entre los aspectos educativos, la propuesta cruceña establecía la creación de escuelas primarias, secundarias, escuelas de arte y mecánica, además de la fundación de universidades en toda la geografía nacional.

A este proyecto país diseñado por los cruceños en 1825 le sucederían dos siglos de una continua lucha por hacerlos prevalecer. Para el año 1860, las tecnologías de la Primera Revolución Industrial ya habían cambiado el paradigma de la industria mundial, por lo cual, desde Santa Cruz se solicitó al gobierno de José María Linares la liberación de impuestos para la importación de maquinaria azucarera accionada con vapor, y aunque esta petición fue rechazada, los esfuerzos por el cambio de época continuaron hasta que, en 1875, Daniel Suárez logró adquirir similar artefacto para cubrir apenas una parte de la totalidad del proceso; el primer paso ya estaba dado.  

Finalizando el S. XIX, la economía boliviana se basaba en la actividad extractivista de minerales, lo que obligaba a polarizar el debate político entre el norte (minería del estaño, con los liberales) y el sur del país (minería de la plata, con los conservadores). Es en este contexto que, en 1904, intelectuales cruceños dan a conocer al país el documento más integrador en la historia de Bolivia, y el primero en mostrar la capacidad del oriente boliviano para la industrialización y comercialización de sus recursos naturales; este manifiesto, llamado el Memorándum, justificaba la construcción de un ferrocarril hacia el oriente y su importancia en la geopolítica nacional, con una visión modernizadora que llevó al país hacia una nueva discusión, esta vez con Santa Cruz como protagonista.

El ferrocarril hacia el oriente jamás se construyó, y parecía apagarse para siempre toda esperanza de desarrollo para la región oriental, sin embargo, en 1944 se instaló en Santa Cruz el primer ingenio azucarero sofisticado de Bolivia, siguiéndole a éste, otros similares durante la década de 1950. La industria moderna, había llegado por primera vez al país, y Santa Cruz era el único referente.

La instalación de ingenios azucareros modernos en Santa Cruz, a mediados del S. XX, trajo como consecuencia la necesidad de ampliar la producción cañera con todas las labores culturales que esto significaba, desde la siembra hasta el corte de la materia prima, produciéndose el efecto migratorio más grande en la historia del país, con miles de familias de occidente dispuestas a establecerse definitivamente en este suelo oriental para desempeñarse, bien sea en la agricultura, la industria, el comercio o en la construcción de infraestructura; fue éste el punto de inflexión que cambiaría para siempre la historia cultural de Bolivia, con Santa Cruz convertido en el enclave industrial más motivador del país, elegido por bolivianos que buscaban el paradigma del sueño cruceño.

Si bien, en la década de 1920 Santa Cruz se enfrentó al gobierno central por el pedido del ferrocarril hacia el oriente, finalizando la década de 1950 se produciría la lucha más célebre registrada por la memoria nacional: la lucha por el 11% de las regalías petroleras, conquista cruceña que beneficia en la actualidad a todo departamento productor de este recurso. Este acontecimiento modificó el imaginario político nacional al desestabilizar la estructura hegemónica del partido gobernante, el MNR, debatiéndose por primera vez una nueva temática ideológica, la adecuada distribución entre las regiones, de la riqueza generada por la explotación de sus recursos, discusión que fue profundizada para decantar años más tarde en la Ley de Participación Popular.

Santa Cruz consiguió el 11% de sus regalías, sin embargo, para los cruceños, la armonía social no estaba resuelta sin democracia plena; por ello, en 1984 desde el Comité Cívico Pro Santa Cruz se inició una estrategia para recuperar la elección de alcaldes y concejales en todo el país, consiguiéndose que, en 1985, el gobierno central firme en favor de esta demanda. Un hito similar ocurrió el año 2005 con la lucha por las autonomías, conquista que otorgó a los nueve departamentos el derecho de elegir a sus gobernadores, tal como ocurre en la actualidad.

Como reflexión final, Santa Cruz cierra estos primeros 200 años con un balance positivo, con la satisfacción que le genera haber aportado favorablemente en el crecimiento y desarrollo de toda una nación, con contribuciones que definen, incluso el día de hoy, el modelo de sociedad pensado ya por los cruceños de aquel 14 de febrero de 1825. Pero esta historia continúa… 
 

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