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Resistencia luminosa

Martes, 30 de septiembre de 2025 a las 04:00

Nabilia Rivero

Septiembre termina, pero deja un mensaje claro. En tiempos en que las cifras alertan y la incertidumbre tiñe las conversaciones, el sector empresarial y productivo del país elige otro camino. Elige no ceder a la parálisis. Elige insistir. Porque la economía no es un número frío, sino un entramado de confianza, de proyectos que se levantan a pulso, de acuerdos que nacen de un apretón de manos.


Septiembre en Santa Cruz es un mes que despierta distinto. El aire se llena de celebración y promesa, las calles se visten de movimiento y las luces parecen encenderse antes que el sol. Es el tiempo en que la feria abre sus puertas a propios y visitantes, y la Rueda de Negocios Internacional de CAINCO convoca a empresarios de todos los rincones del país y de latitudes del mundo. Dos escenarios, una misma certeza: Bolivia tiene puertas abiertas y puentes tendidos hacia el mundo.


La feria brilla como una ciudad dentro de la ciudad. Expocruz son luces encendidas que anuncian vitalidad, un mapa de colores donde se cruzan culturas, innovaciones y sueños. Basta recorrer sus pasillos para sentir que Bolivia respira distinto cuando se encuentra, cuando se abre al mundo y decide mostrarse en grande. Santa Cruz es la sede, sí, pero la dimensión es nacional y la mirada, inevitablemente, internacional.


El pulso se amplifica de manera exponencial en la Rueda de Negocios Internacional de CAINCO. Allí, donde los rostros se inclinan sobre las mesas y los apretones de mano sellan confianzas, se despliega un lenguaje universal; el del futuro que se construye con acuerdos. Un país entero que dialoga consigo mismo y, al mismo tiempo, con el mundo.


En medio de un momento económico difícil, ambos espacios se sienten como un acto de resistencia luminosa. Porque las cifras tensan, la incertidumbre pesa, pero dentro de la feria y dentro de la Rueda se ve la otra cara de Bolivia; la del emprendedor que arriesga, la del industrial que reinventa, la del joven que sueña su primera exportación.


La resiliencia empresarial y productiva nos recuerda que aquí, en esta tierra atravesada por desafíos, siempre hay una energía que se niega a detenerse. Una energía que se transforma en confianza, en inversión, en vínculos que abren fronteras.


Son también una ventana de Bolivia hacia el mundo. Una oportunidad de mostrar lo que somos y lo que merecemos y lo que podemos llegar a ser. Porque la fuerza de un país se mide no solo en sus dificultades, sino en su capacidad de reunir, de atraer y de proyectar.


La feria emociona más allá de los números y la Rueda conmueve más allá de las intenciones de negocio. Porque detrás de cada stand, de cada cita agendada, de cada nuevo proveedor encontrado, de cada remate, de cada nuevo mercado abierto, hay una historia de resiliencia.


Y por eso, en septiembre, el país se permitió recordarse a sí mismo que es capaz, aun en sus momentos más difíciles, de transformar la adversidad en movimiento, y el movimiento en futuro.
 

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