¿Cómo queremos que sea el departamento de Santa Cruz en los próximos 30, 50 o 100 años? ¿Algún candidato a gobernador tiene la talla para hacernos soñar con un futuro diferente? ¿Es difícil garantizar la seguridad alimentaria de todos los bolivianos, buenas carreteras, caminos vecinales, el Mutún, Proyecto Rositas y el Hub de Viru Viru que nos conecte a todas partes del mundo? ¿Quién garantiza una nueva reingeniería del Departamento? ¿Cómo resolvemos los grandes problemas existentes? ¿Tenemos la musculatura para dirigir el país o solo servimos para segundones? ¿Podemos señalar los derroteros de la nueva Bolivia?
La gobernación se ha convertido en una tribuna excepcional no solo para bloquear las ideas fracasadas del socialismo del siglo XXI, sino también para proyectarse a nivel nacional. El candidato más exitoso no es el más alto y fornido, sino el que piensa y planifica mejor. El debate de los candidatos debía responder estas y otras preguntas. Sin embargo, no hubo una verdadera confrontación de ideas, ni se escucharon grandes propuestas, ideas novedosas, que impacten y conecten a los votantes. Fue un encuentro monótono, aburrido, y algunos candidatos se sentían autosuficientes, y despreciaron la oportunidad para contrainterrogar, volver a cuestionar, contrastar ideas, etc. Era el momento en que los candidatos debían dar la talla (que algunos la tienen), tener dominio de los ejes temáticos, lucir sus conocimientos, sus experiencias, y solvencia para conquistar la gobernación del departamento más grande de Bolivia.
Algunos candidatos parecían que habían confundido la gobernación con la alcaldía municipal porque ofrecían hacer trabajos que, por Constitución, corresponde a los alcaldes. Está claro que ser un buen candidato no significa ser un buen estadista. Hay líderes preparados que nunca ganarían una elección, y excelentes candidatos que han sido pésimos mandatarios. Este hecho nos lleva a que en ciertos círculos exista una injusta tendencia a despreciar a los candidatos contemporáneos y a suponer que todo tiempo pasado fue mejor. En realidad, ni los líderes antiguos eran tan geniales, ni los actuales son tan mediocres (salvo algunas excepciones).
Los candidatos tienen que conocer la historia cruceña. El Comité pro Santa Cuz no solo ha luchado por las reivindicaciones regionales sino también ha buscado cambiar el viejo Estado republicano fallido. El 1° de octubre de 2003 se llevó a cabo el “Encuentro por Santa Cruz”, en busca de un gran acuerdo con miras a la refundación del país. Este encuentro ha sido considerado como el mayor esfuerzo de concertación política realizado en Santa Cruz con miras a modernizar Bolivia.
El simple hecho de juntar en torno a una mesa de discusión, por varios meses, a sectores tan diferentes de nuestra sociedad, fue una victoria cruceña, máxime si se toma en cuenta que varios de estos sectores son antagónicos por naturaleza y, en algunos casos, enemigos históricos. Era motivante escuchar ponencias y discursos encendidos, exposiciones magistrales y muchas veces, también, fuertes polémicas ideológicas y políticas, siempre dentro de un marco de respeto mutuo y de derecho al disenso.
El encuentro reconocía que era posible llegar a grandes acuerdos entre los cruceños y señalar el derrotero a seguir en lo nacional. Que era posible concertar, idealizar, entre todos, las bases políticas, económicas y sociales para refundar Bolivia. Que era posible soñar con una república incluyente y exitosa, digna del siglo XXI, que sustituya la fracasada de los siglos XIX y XX. El Manifiesto de la institucionalidad cruceña sirvió de base a la Comisión Preconstituyente como ponencia regional para la Asamblea Constituyente que sesionó entre 2006-2009.
Las instituciones cruceñas concluían que todo pueblo siempre tiene la oportunidad de exigir sus reivindicaciones y reencausar su historia. También nuestros antepasados vivieron de la esperanza de ese futuro mejor ¡que nunca llegó! Y que no llegará si no afrontamos hoy nuestra realidad. ¡No podemos dejar a nuestros hijos la amargura de nuestros fracasos y desencantos! No podemos ignorar la realidad de una patria para todos, ¡que quiso ser y que nunca fue! No basta lamentar los hechos de nuestra historia republicana y cantar los himnos de gloria a nuestros héroes y mártires, ni ufanarnos de la exuberancia de nuestra tierra.
Tenemos que repensar nuestro departamento y soñar una “nueva república”, con otras bases económicas, políticas y sociales, en busca “del excelso sueño de un mundo mejor”, al que todos tenemos derecho.