Aunque lo que está sucediendo en el mundo a consecuencia de la administración estatal de Donald Trump y en Bolivia por la administración de Luis Arce es grave, porque ambos nos están llevando al caos, la forma en que se está desarrollando la campaña electoral con miras a las elecciones generales del 17 de agosto próximo (si se celebran) da para muchos comentarios.
Grosso modo me parece que las corrientes político-ideológicas han encontrado su lugar. En los extremos del escenario se encuentran los populismos de izquierda y derecha. Ambos, profundamente divididos.
En el de la izquierda se tiene, por lo menos, tres figuras que aspiran a liderar el sector: el expresidente fugado, el presidente en funciones y el presidente del Senado. El quid de la cuestión es saber si uno de ellos se impondrá o todos querrán terciar en las elecciones. Si optan por uno solo, que aparentemente sería lo sensato en este sector, hasta ahora (repito: hasta ahora) éste sería Andrónico Rodríguez, que además cumpliría el papel de puente entre Morales y Arce.
Pero, no sólo se trata de sensatez o irracionalidad, pues está en curso que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) decida si habilita o no a Morales como candidato presidencial, decisión que afectará, nuevamente, al conjunto: Si Morales es habilitado, es posible predecir que no habrá fuerza alguna que lo haga desistir de ser candidato y lo hará con tal determinación que hasta Arce se vería obligado a ceder. Si no lo es, se puede prever una pugna entre Andrónico y Arce y puede ser que ambos postulen, esta vez con el primero apoyado por Morales.
En la derecha tampoco la situación es fácil porque hay división y confrontación entre personalidades que creen que “deben” ser presidentes. Una corriente está liderada por Manfred Reyes Villa que basa su campaña en su gestión como alcalde de Cochabamba, la que ha recibido un serio remezón por el problema que esa ciudad sufre con el tema de la basura que Reyes no ha podido resolver.
Otra, postula a Tuto Quiroga, quien no se sabe por qué se siente ungido y cree que “debe” ser Presidente… y punto. Con él se han juntado algunas personalidades cruceñas que hasta horas antes de hacerlo difundían públicamente sus enconos (provocando sentimientos de vergüenza ajena y asco).
Pueden ser incluidos en este sector el sui generis candidato coreano Chi Hyun Ching y Jaime Dunn que si bien no tienen perspectiva alguna, afectan adhesiones.
El centro político ha sido copado por Samuel Doria Medina, más que por su decisión, por el comportamiento de sus pares. De ser parte de un conjunto de varios aspirantes a la Presidencia, los devaneos de Tuto Quiroga y la renuncia de Carlos Mesa a coordinar el grupo, le han dado la batuta para dirigir la orquesta que está compuesta por varias expresiones centristas de ambos lados del abanico político-ideológico y un elemento que a mi criterio es central para atraer la adhesión ciudadana: su promesa de que no buscará la reelección (tal vez tiene como ejemplo el último gobierno de Víctor Paz Estenssoro) sino que se concentrará en la administración del Estado.
Como ya ha sucedido, han aparecido algunas figuras con pretensiones presidenciales que ahora no suenan, pero que sirven para colorear este panorama electoral, en el que, revisando las campañas pasadas y, sobre todo, el libro Elecciones peligrosas de Salvador Romero Ballivián –testimonio que sugiero leer y emular en caso de ser servidor público idóneo--, se comprueba una vez más que nada nuevo hay bajo el sol. Por ejemplo, Romero cuenta que la pelea de Quiroga con las encuestas ya estuvo planteada en las elecciones de 2020, pues estaba convencido, de acuerdo a una queja de la coalición que lo respaldaba, de que éstas “inducían al voto a favor de las candidaturas mejor posicionadas, por lo tanto, manipulaban la voluntad popular”.
También se puede apreciar que desde 2005, Evo Morales candidateó en todas las elecciones, menos en la de 2020. Doria Medina, en todas, salvo en 2019 y 2020. Que Tuto hizo lo propio, menos en 2019 y el 2020 se retiró poco antes de la elección porque no logró seducir a su electorado (constatación que psíquicamente lo debe perturbar, pues sintiéndose ungido, ya en 2005 sufrió una dura derrota pese a que cuando comenzó su campaña las encuestas le daban alrededor de un 50 por ciento de aprobación, pero sólo obtuvo el 28,62 por ciento de votación).
Reyes Villa fue candidato en 2009, logrando un 26,46 por ciento del voto y Chi Hyun Ching en 2019 y 2020.
Por último, revisando los datos de las elecciones generales que se realizaron desde 2005, otro elemento que resalta, lamentablemente, es la decadencia espantosa de los partidos políticos del sistema construido desde 1978 que sólo sobreviven por la posibilidad de hacer las más extravagantes alianzas.
En fin, reitero que no sé cómo llegaremos al 17 de agosto si el futuro del planeta está en manos de Donald Trump y del país en las de Luis Arce.