La segunda vuelta electoral en Bolivia presenta un escenario de alta complejidad, en el que el aspirante a gobernar debe demostrar no solo capacidad política para ganar, sino sobre todo una visión clara y seria para enfrentar la profunda crisis económica, política y social que atraviesa el país. En este momento crítico, la ciudadanía exige con razón la elección de gobernantes no solo carismáticos, sino con experiencia y conocimientos capaces de implementar las reformas necesarias para apaciguar el descontento y establecer bases sólidas para un futuro prometedor.
Tuto afirmó que irá al FMI y otros multilaterales con un “plan de salvataje” por US$12.000 millones “desde el día siguiente” al triunfo. Rodrigo Paz declaró textualmente: “No voy a pedir plata al Fondo Monetario Internacional. En Bolivia, si no roban, alcanza.” Lo cual nos muestra, entre otras medidas de corte populista (acabar con la aduana nacional y subir el bono dignidad a Bs 2.000), que Rodrigo Paz, todavía no está preparado para sacarnos de la grave crisis en la que estamos hundidos y va en contra posición a lo expuesto en mi artículo de opinión en El Deber "Acudir al FMI: El único camino realista para enfrentar la crisis de fecha 25/07/2025.
La crisis actual no es solo económica, sino también de confianza e institucionalidad. Bolivia vive una inflación superior al 16%, escasez de combustibles, caída de las reservas internacionales y una crisis fiscal crónica, lo que la coloca al borde del colapso financiero y social. Ante esta situación, expertos coinciden en que la única salida plausible es un programa de estabilización con el respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el acceso a financiamiento multilateral, acompañado de reformas estructurales para modernizar el Estado y diversificar la economía, reduciendo su dependencia del modelo extractivista de hidrocarburos. La ausencia de un liderazgo con experiencia técnica y pragmática representaría un error de consecuencias graves.
En este contexto, Tuto Quiroga posee ventaja por su recorrido político y conocimiento comprobado del funcionamiento del Estado en crisis. Sin embargo, su liderazgo debe proyectarse como el de un estadista que construye consensos, capaz de trascender discursos polarizadores y exabruptos, como los protagonizados por Edman El Capitán" Lara, candidato a la vicepresidencia aliado de Rodrigo Paz. Si bien Lara ha impactado a ciertos sectores con un discurso radical y apariciones en redes sociales, su estilo confrontacional y su falta de experiencia gubernamental pueden poner en riesgo la gobernabilidad futura en un clima social y político tan delicado.
Más allá del marketing político, lo que realmente requiere Bolivia es una dirección con experiencia en gestión pública, manejo económico responsable y capacidad para la negociación internacional. Es imperativo elegir gobernantes que entiendan que un acuerdo con el FMI no es una entrega de soberanía, sino un paso técnico imprescindible para recuperar la credibilidad financiera del país y abrir las puertas a otros financiamientos bilaterales y multilaterales cruciales. Quiroga debe enfatizar su compromiso con esta visión, subrayando que solo mediante decisiones responsables, transparencia y un programa de estabilización serio, Bolivia podrá estabilizar el tipo de cambio, controlar la inflación y reactivar la inversión pública productiva.
Políticamente, el reto es aún mayor. Las elecciones exhiben un altísimo porcentaje de votos que antes fueran del MAS y que ahora se volcaron a un candidato “nuevo” como Paz, lo cual refleja la frustración ciudadana hacia un sistema político desgastado y desprestigiado. Este rechazo horizontal a las élites políticas y líderes tradicionales señala la imperiosa necesidad de refundar la relación entre sociedad e instituciones, construyendo una democracia más participativa, transparente y representativa. Elegir a gobernantes con la experiencia y el compromiso suficiente para fortalecer la independencia judicial y de control, erradicar la cooptación política y garantizar la rendición de cuentas es fundamental para recobrar la legitimidad estatal y la confianza interna.
Bolivia no puede permitirse un experimento político al azar. Para avanzar hacia un futuro prometedor, debe apostar por líderes con trayectoria, compromiso ético y capacidad técnica, que entiendan que resolver la crisis demanda políticas bien sustentadas en el conocimiento económico y una visión de Estado a largo plazo. Quiroga debe atraer a los votantes indecisos y a quienes preocupados por la crisis anhelan certidumbre, proponiendo un proyecto de país realista y renovador, que inmediatamente implemente las medidas necesarias para garantizar la estabilidad social y económica, al tiempo que impulse reformas en la arquitectura institucional para blindar la democracia.
La actual coyuntura representa una encrucijada histórica para Bolivia, donde las decisiones que se tomen definirán si el país continúa en ciclos de crisis y estancamiento o logra forjar un rumbo sostenible y justo. La elección de gobernantes con experiencia comprobada es la base para esa transformación. Solo desde una gobernabilidad segura, con un equipo capaz de implementar un programa financiero y social riguroso y justo, y un compromiso auténtico con la democracia participativa, será posible reconstruir el pacto social y político. Así, Bolivia podrá acabar con la incertidumbre, superar la polarización y enfrentar con éxito los desafíos económicos y sociales para garantizar el bienestar de todos sus ciudadanos.
Bolivia no está condenada a repetir un ciclo de desencantos y fracturas. La elección de 2025 es una oportunidad para definir si se mantiene el statu quo o se opta por una nueva etapa: una democracia robusta, inclusiva, que escuche y responda a la diversidad de su pueblo. La ciudadanía espera líderes con valentía política, compromiso auténtico y capacidad para transformar no solo partidos, sino las propias reglas del juego democrático.
Solo así podrá el país aspirar a un futuro de justicia, inclusión y solidaridad, donde cada voz cuente y los derechos se respeten. La verdadera democracia no se agota en las urnas; comienza y se renueva cada día con la participación activa y crítica de sus ciudadanos. Esa es la tarea fundamental para el próximo gobierno y el reto histórico que enfrenta cada elector boliviano.