¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Jhonny Fernández frente a su hora más difícil

Miércoles, 25 de febrero de 2026 a las 04:00

La aprehensión del alcalde Jhonny Fernández marca un punto de inflexión en la historia política reciente de Santa Cruz de la Sierra. No se trata únicamente de un acto procesal en el marco de una investigación por presuntos hechos de corrupción en la ejecución de obras de pavimento. Es, sobre todo, el desenlace de una larga acumulación de advertencias ignoradas, denuncias desestimadas y señales de deterioro institucional que fueron sistemáticamente banalizadas desde el poder municipal.

Durante años, la gestión edil estuvo rodeada de cuestionamientos: sobreprecios, contratos observados, obras inconclusas y una creciente opacidad en el manejo de recursos. Las alertas no provinieron solo de adversarios políticos; también surgieron de concejales, técnicos y ciudadanos que advertían inconsistencias en la administración. Sin embargo, la respuesta fue casi siempre la misma: minimizar, relativizar o descalificar.

A la sombra de esas denuncias, la ciudad comenzó a mostrar síntomas inequívocos de desgaste. La deuda municipal se convirtió en una pesada carga que compromete la capacidad de inversión futura. La manipulación del sistema informático tributario —que provocó un daño inconmensurable en la recaudación— afectó la sostenibilidad financiera del municipio y erosionó la confianza ciudadana. El resultado fue una administración cada vez más precaria en su capacidad de respuesta.

En paralelo, la convivencia prebendal con sectores empresariales del transporte público consolidó un modelo de gobernanza basado más en la negociación política coyuntural que en el interés general. Las reformas estructurales necesarias para ordenar el sistema quedaron postergadas indefinidamente. La ciudad pagó el costo: caos vial, servicios deficientes y ausencia de planificación.

Mientras tanto, la imagen urbana se deterioraba. Una ciudad inundada de basura, parques abandonados y canales de drenaje convertidos en monte no son meras fallas estéticas; son síntomas de una gestión desconectada de las prioridades básicas. El abandono del espacio público es, en términos políticos, una forma de abandono del contrato social.

A ello se suma un dato político revelador: cinco meses de campaña electoral que implicaron, en la práctica, un alejamiento prolongado de la administración municipal. El cálculo fue errado. No solo no fortaleció su liderazgo, sino que terminó por sepultar la sigla de UCS, heredada como capital político familiar. La historia demuestra que las herencias partidarias no sustituyen la legitimidad construida con gestión eficiente y transparencia.

Podría argumentarse que la ciudad pudo estar peor. Pero ese es un estándar peligrosamente bajo. Lo descrito es suficiente para comprender por qué la aprehensión no sorprende a buena parte de la ciudadanía. Más allá de lo que determinen los jueces, el juicio político y social ya se venía gestando desde hace tiempo.

En la ciencia política clásica hay una lección constante sobre la naturaleza del poder. Nicolás Maquiavelo advertía que el príncipe que pierde el favor del pueblo pierde el fundamento de su autoridad. Y Hannah Arendt recordaba que el poder no es violencia ni imposición, sino una construcción colectiva que existe mientras los gobernados lo reconocen como legítimo.

El poder, entonces, no es eterno ni invulnerable. Tampoco lo es la impunidad. Cuando una autoridad confunde mayoría electoral con licencia ilimitada, cuando banaliza las denuncias y desprecia los controles, comienza a cavar su propio ocaso. La institucionalidad puede ser lenta, pero termina por reaccionar. Y la historia, implacable, demuestra que ningún cargo es un escudo perpetuo frente al juicio y veredicto de la historia, y a la rendición de cuentas.

Tags

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: