Con nostalgia miles de bolivianos miramos por la televisión la final de la Copa Sudamericana, que se jugó este sábado en Asunción (Paraguay). Indudablemente fue una gran fiesta del fútbol, con show incluido y los ojos del mundo en la capital paraguaya.
Santa Cruz la pudo tener, pero descoordinaciones desde el centralismo (en el anterior Gobierno) y peleas internas en la Gobernación cruceña hicieron que esta ciudad y Bolivia entera se queden con las manos vacías y con las ganas de ver un espectáculo de primer nivel.
Y es que una final de esta magnitud no solo es un partido de fútbol. Es economía, es turismo, pasión, cultura, pero sobre todo, era la oportunidad de mostrarle al mundo que esta parte de Bolivia podía organizar un evento de talla mundial.
Para muchos era un sueño, que comenzó el 10 de abril del año pasado cuando la Conmebol anunció que Santa Cruz de la Sierra fue designada como sede de la final de la Copa Sudamericana 2025, pero ese sueño terminó de forma vergonzosa.
Se conformó un comité organizador y las autoridades locales y nacionales posaron para la foto en el mítico estadio Tahuichi Aguilera, pero solo fue eso. Pasaron los días, semanas, meses y las obras de remodelación no avanzaron como estaban programadas. La inspección técnica de la Conmebol arrojó datos desalentadores. No se llegó ni al 50% del avance antes de que la final vuelva a Asunción (también se jugó en 2024).
Pero la pelota no se podía detener, ni manchar por la inoperancia de unos cuantos, por lo que la Conmebol decidió que la final se juegue en el estadio Defensores del Chaco, de la ciudad de Asunción.
Ayer, nos dimos cuenta que la pérdida no solo fue ver un interesante partido de fútbol entre Lanús y Atlético Mineiro. También se perdió el ingreso de millones de dólares, que tanta falta nos hace, la presencia de más de 20.000 turistas que se fueron a Paraguay y miles de empleos, directos e indirectos, que también se escurrieron por entre los dedos.
Toda esta situación pasa en un año en el que el país está unido alrededor de un balón. La Verde está en el repechaje y tiene dos escollos (Surinam e Irak) para devolvernos el sueño mundialista 32 años después.
Tras el pitazo final y con Lanús campeón (5-4 en los penales) en la capital paraguaya, para los bolivianos se consumó una derrota de una final que nunca jugamos.