¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

El valor eterno de los grandes pensadores: Un llamado a la juventud

Jueves, 13 de marzo de 2025 a las 20:55

En un mundo donde la inmediatez domina el pensamiento y la información se consume en fragmentos efímeros, la lectura de los grandes pensadores parece relegada a un segundo plano. 


Sin embargo, es precisamente en estos tiempos de incertidumbre y cambio que los jóvenes y estudiantes universitarios deben recuperar el hábito de sumergirse en las enseñanzas de Platón, Aristóteles, Pitágoras y otros inmortales del pensamiento. 


Estos autores no solo ofrecen una guía intelectual atemporal, sino que también constituyen el cimiento del razonamiento crítico y la ética que tanta falta hacen en la sociedad actual.


Leer a los grandes clásicos no es un simple ejercicio académico ni un capricho elitista. Es un acto de resistencia ante la superficialidad del conocimiento fugaz. 


En La República, Platón nos advierte sobre la importancia de la educación y la formación de ciudadanos virtuosos, destacando que solo a través de la filosofía podemos alcanzar una sociedad justa. 


Aristóteles, por su parte, en su Ética a Nicómaco, nos recuerda que la felicidad verdadera no se encuentra en el placer efímero, sino en la virtud y el desarrollo del carácter. Son lecciones fundamentales para quienes buscan no solo triunfar profesionalmente, sino también vivir con sentido y dignidad.


Los Versos áureos de Pitágoras nos ofrecen una guía para la autodisciplina y el equilibrio entre mente y espíritu. En ellos encontramos la invitación a la reflexión personal, a la mesura y a la búsqueda de la armonía, principios esenciales para una juventud que muchas veces se ve arrastrada por la ansiedad y el desorden del mundo moderno. 


Asimismo, obras como El discurso del método de Descartes nos enseñan a dudar de lo establecido, a cuestionar y construir nuestro propio conocimiento con rigor lógico, algo imprescindible en una era donde la desinformación prolifera sin freno.

Albert Einstein, reconocido por su genialidad científica, expresó en múltiples ocasiones su admiración por la filosofía griega, especialmente por Aristóteles y Platón. Steve Jobs, el visionario de Apple, se inspiró en las ideas de Leonardo da Vinci y en los principios humanistas del Renacimiento para concebir productos que revolucionaron el mundo tecnológico. Henry Ford, pionero de la industria automotriz, basó su modelo de trabajo en principios organizativos que beben directamente de la lógica y la planificación sistemática que Aristóteles expuso en su obra.
Es necesario comprender que los problemas fundamentales del ser humano siguen siendo los mismos. La justicia, la verdad, la moral, la libertad y el destino del hombre continúan todavía…


El pensamiento de los clásicos y la aplicación de sus principios en la vida cotidiana puede transformar la manera en que tomamos decisiones y enfrentamos desafíos. 


La lógica de Aristóteles puede ayudar a estructurar argumentos sólidos. La ética de los estoicos, enseña la importancia de la fortaleza ante la adversidad, algo especialmente relevante en un mundo donde la frustración y la impaciencia parecen prevalecer.


Los ideales de Locke, Montesquieu, el pensamiento de Friedrich Nietzsche, etc. Hasta el día de hoy, se siguen nutriendo de los clásicos, a veces indicándolo expresamente y otras mediante “nuevas teorías” que de novedad no tienen nada, excepto el cambio de términos y palabras.


Los jóvenes de hoy tienen la responsabilidad de no abandonar este legado. La formación académica sin la lectura de los grandes pensadores es una educación vacía, desprovista de sentido crítico y profundidad. Si queremos una generación que no solo consuma información, sino que también la comprenda, la cuestione y la transforme en acción, es indispensable volver a las enseñanzas de aquellos que sentaron las bases del pensamiento occidental. La grandeza de la humanidad radica en su capacidad de aprender del pasado para construir un futuro más sabio y justo.


En este sentido, es vital que las universidades y centros educativos fomenten la lectura de estos autores como parte de su currículo básico. No basta con hacer referencia a sus ideas en clases de historia o filosofía; es necesario un estudio profundo y reflexivo que permita a los estudiantes interactuar con los textos originales. Además, el acceso a estas obras debe facilitarse mediante ediciones accesibles y comentadas que ayuden a contextualizar sus ideas en la actualidad.


Que la juventud de hoy tenga el valor de elegir el camino de la sabiduría.
 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: