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El periodismo que teme y no quiere el poder

Jueves, 27 de marzo de 2025 a las 02:00

La reciente investigación periodística de El Deber sobre el tráfico de tierras, tema descuidado por el gobierno y sus instancias competentes, desnudó uno de esos temas intocables, como ser la inexistencia de un Estado ficticio, el denominado Kailasa, que arrendó más de 60.000 hectáreas a uno de esos pueblos indígenas que fueron usados por el poder político, pero que viven en la miseria, abandono y dolor.

El Deber difundió la investigación y recién el Gobierno se enteró de la situación, al extremo que el Viceministro de Tierras dijo que se enteró por las redes sociales. Vaya impostura de la autoridad, que al parecer no sale de su escritorio y el INRA mantuvo un silencio sospechoso sobre la denuncia.

He ahí la importancia y la enorme necesidad de que en Bolivia debe fortalecerse el periodismo de investigación, nivel superior que tiene sus costos, riesgos y peligros, pero cualifica la información, nos hace protagonistas de los sucesos y devela los negocios sucios y obscuros en que un Estado puede estar involucrado. Precisamente es eso lo que hace tanta falta en este país, plagado de tantos hechos irregulares cuyos autores están quedando en la impunidad.

El periodismo es un oficio invencible, es la razón de ser de un estado de derecho y democrático, que está presente en todo momento, obviamente cumpliendo con los principios de ética, pluralismo, respeto a la verdad y objetividad. La prensa en Bolivia ha tenido que sortear una serie de dificultades, tanto económicas, como las que el poder se encargó de ejecutar. De ahí que se han cerrado varios periódicos, los canales de Tv han tenido que disminuir personal, pero a pesar de ello, el periodismo sigue firme, luchando día a día, informando de lo que sucede en este país intenso, conflictivo, en proceso de definiciones.

Precisamente mientras más dificultades existan, más problemas se presenten, más hechos confusos se registren en el país, más manipulación impulsen el MAS en sus dos vertientes y tengan un ejército de medios de prensa que repiten sus guiones, siempre hará falta y se impondrá un periodismo que solo sirva a la verdad y al pueblo, que no esté de rodillas ante el poder, ni sea su vocero ni sus aparatos de relaciones públicas. Mientras haya tinieblas y violencias, que cuentan dos realidades de acuerdo al interés del poder, la labor de la prensa debe alzar vuelo para ofrecer a la gente la información más completa y apegada a la realidad.

El periodista español Juan Cruz nos decía que el periodismo es “El oficio invencible, el vicio invencible, la invencible ambición de estar atento a lo que pasa para entenderlo y contarlo. Allí entre cucarachas, esa ambición se hizo sólida: contar, contar, vivir contando”. (Un golpe de vida, Alfaguara, Madrid).

En gobiernos democráticos, en dictaduras o sistemas totalitarios, la labor de la prensa se fortalece cada vez más y debe ser un grito de justicia, esperanza, libertad, paz social y de respeto a los derechos humanos. Ahí están los periodistas, con sus luces y sombras, errores y aciertos, aportando por un mejor país, asumiendo que su oficio es invencible. En el periodismo no se sirve al poder. Se fiscaliza, se denuncia, se alerta cuando el poder comete irregularidades, hechos de corrupción. Necesitamos un periodismo fuerte, robusto, creíble y que sea un muro frente a las mentiras, manipulaciones, postverdades o armas del poder. Es el periodismo que no quiere, que teme y desprecia el poder.

“¿Por qué te hiciste periodista, papá?
Para contar la verdad. Por eso me hice periodista”. Señala el escritor español Carlos Ruiz Zafón en su libro El laberinto de los espíritus.
El Deber desde su fundación transitó por esta ruta de la verdad, y una vez más lo demuestra con esta investigación que generó acciones en el gobierno y nos despertó de nuestros letargos.
 

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