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Educación y empleo: la juventud boliviana y el abandono del Estado

Jueves, 09 de enero de 2025 a las 14:59

En 2024 y empezando este 2025,  la educación universitaria en Bolivia refleja la alarmante indiferencia del Estado hacia el futuro de su juventud. 


En lugar de ser un motor de desarrollo, se ha convertido en un reflejo de la falta de compromiso Estatal con la construcción de una sociedad próspera.


Mientras la economía global evoluciona hacia industrias basadas en el conocimiento y la innovación, Bolivia parece atrapada en un modelo educativo obsoleto y desconectado de las demandas del mercado laboral.


La crisis de la educación superior en el país no es nueva, pero su impacto es cada vez más evidente. Miles de jóvenes egresan cada año de las universidades con títulos que no encuentran lugar en un mercado laboral limitado y saturado. 


Carreras tradicionales como derecho, contaduría y ciencias sociales siguen siendo las opciones más populares, mientras que áreas emergentes como tecnología, energías renovables y biotecnología reciben poca atención. La falta de visión estratégica por parte del Estado para impulsar estas áreas clave es una prueba irrefutable de su incompetencia para adaptarse a los desafíos modernos.


A pesar de ser un país con gran potencial, el rol del Estado en la educación universitaria es prácticamente nulo. La Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), por ejemplo, lucha con recursos insuficientes, burocracia y una planificación académica que no responde a las necesidades actuales. Esta situación no solo afecta a los estudiantes, sino que perpetúa un sistema que desalienta la innovación y margina a Bolivia de las tendencias globales en educación y empleo.


Las universidades privadas, tienen que luchar contra las nefastas agencias Estatales que van tras los impuestos, buscan “multas” y reciben innumerables “fiscalizaciones” en procura de sacarles plata, en lugar de brindar exenciones y facilidades para que las Universidades Privadas puedan apoyar el esfuerzo en pro de una Bolivia digna y competente a corto, mediano y largo plazo.


El abandono Estatal también se manifiesta en la falta de programas de vinculación entre las universidades y el sector productivo. En lugar de fomentar alianzas estratégicas que preparen a los estudiantes para empleos reales y competitivos, el gobierno se mantiene como un espectador pasivo, sin capacidad ni interés en liderar un cambio estructural. Mientras tanto, otros países de la región invierten en educación técnica, investigación y desarrollo, dejando a Bolivia cada vez más rezagada.


La situación es aún más crítica para los jóvenes de áreas rurales, donde las oportunidades de acceder a la educación superior son prácticamente inexistentes. La brecha digital y la falta de infraestructura limitan el alcance de la educación a distancia, agravando la exclusión de una parte significativa de la población. La educación, que debería ser una herramienta de equidad y transformación, se convierte en un privilegio reservado para unos pocos.


Es claro que el Estado boliviano ha fallado en su responsabilidad de garantizar un sistema educativo que prepare a los jóvenes para enfrentar los desafíos del presente y construir el futuro. Ante esta realidad, la juventud debe buscar alternativas que superen las deficiencias Estatales: el emprendimiento, la autoformación y las iniciativas privadas están emergiendo como respuestas frente al vacío gubernamental. Hasta que, nuevamente, aparece el Estado, que en lugar de fomentar estos emprendimientos, los desaniman completamente mediante tanta burocracia y oscuras agencias para extraer el dinero de estos jóvenes y condenarlos a un futuro sombrío.


El tiempo de esperar soluciones desde un gobierno ineficaz ha terminado. Bolivia necesita una revolución educativa impulsada por la sociedad civil, el sector privado y los propios estudiantes. 


El Estado ha demostrado que no sirve para liderar este cambio; el futuro debe construirse desde fuera de sus estructuras. Solo así la juventud boliviana tendrá la oportunidad de superar las barreras impuestas por un sistema que no responde a sus necesidades.

 

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