Por Beatriz García, ministra de Educación
En su columna del 15 de enero, el educador Alberto Santelices Salomón publicó una “Carta a la señora ministra de Educación”, donde cuestiona la supuesta eliminación de la dimensión “decidir” en el nuevo sistema de evaluación educativa.
Agradezco a El Deber por la oportunidad para responder a esa misiva y aclarar que la dimensión “decidir” no fue eliminada, sino integrada dentro de la dimensión “hacer” para una evaluación más clara y objetiva del desempeño de los estudiantes, simplificando el proceso.
Un estudiante puede evaluar mentalmente distintas opciones para resolver un problema de matemáticas, o elegir cómo organizar su tiempo para cumplir con una tarea, o reflexionar sobre cómo contribuir de manera más efectiva a un trabajo en grupo.
Todas estas decisiones ocurren en la mente del estudiante, en un nivel de reflexión y análisis que no es directamente observable por los maestros. Sin embargo, sí se manifiestan en comportamientos y acciones dentro del aula o la unidad educativa, que pueden ser observados y, por lo tanto, evaluados.
Con esta premisa, se facilita que los docentes puedan realizar la evaluación de manera más justa, a partir de evidencias visibles y verificables, evitando interpretaciones subjetivas. Con las dimensiones Ser, Saber y Hacer se preserva la integralidad del aprendizaje.
Más allá de la estructura de evaluación, el sistema educativo boliviano enfrenta un reto urgente: garantizar la calidad de la educación. Nuestra prioridad es que los niños y jóvenes aprendan de verdad, no de memoria; que desarrollen habilidades para el empleo, el emprendimiento y sean competitivos a nivel global.
En los últimos 20 años se ocultaron datos sobre los bajos niveles de aprendizaje escolar. Esto no sucederá más, porque los datos nos ayudan para tomar decisiones inteligentes de política pública. Por ejemplo, desde este año se reforzarán las bases de lectura y matemáticas, y tendremos 200 días efectivos de clases.
En poco más de dos meses de gestión hemos dado pasos importantes. Por ejemplo, acabamos de estrenar el nuevo proceso de admisión a Escuelas Superiores de Formación de Maestros, basado en la meritocracia y la transparencia.
Tenemos ante nosotros una labor titánica para sacar a la educación del estado de emergencia en el que se encuentra. Hay un clamor general para cambiar la Ley de Educación “Avelino Siñani – Elizardo Pérez” y trabajaremos en una nueva currícula, que será la base para los textos de aprendizaje. Entendemos que la población espera resultados rápidamente, pero los cambios responsables necesitan tiempo y consenso.
Bolivia es uno de los países de la región que más invierte en educación (en promedio 8,2% del PIB), pero ese esfuerzo no se ha reflejado en la calidad de la misma. En esta gestión queremos lograr una educación de calidad, innovadora y abierta al mundo, con todos los actores alineados para este propósito.