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Cara a cara

Lunes, 18 de agosto de 2025 a las 00:00

La jornada electoral tuvo un matiz global. Más de 369.000 bolivianos en 22 países fueron habilitados para sufragar y demostraron, una vez más, que el vínculo con la patria no se rompe con la distancia. Los migrantes bolivianos ejercieron su derecho, símbolo de la Bolivia extendida en el mundo. 


La gran sorpresa lleva nombre propio: Rodrigo Paz. Fue afectado por Samuel Doria Medina, que le quitó el candidato a la vicepresidencia; marginado por la CAO y la Cainco, que no lo invitaron a sus debates; y prácticamente ignorado por las redes televisivas. Contra todo pronóstico, se sostuvo en campaña y alcanzó un espacio propio, demostrando que las exclusiones de las élites no siempre se traducen en derrotas políticas. Paz encarna, para muchos, la resiliencia de quien fue desestimado y aun así logró hacerse escuchar. 


Las urnas también mandaron un mensaje a quienes creen que la política se mide en encuestas o en likes. La victoria o derrota no se decide en redes sociales, sino en el contacto con el pueblo, en la lectura del territorio y en la capacidad de entender las demandas reales. Algunos cortos de entendimiento todavía piensan que el país se resume en tendencias digitales; la jornada demostró lo contrario. La política boliviana exige calle, organización y diálogo directo. Las elecciones se ganan con convicciones y presencia en la vida cotidiana de los ciudadanos. 

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