Este agosto estamos enfocados en el Bicentenario y las elecciones nacionales. Y me atrevería a decir que casi nadie sabe que la primera semana de agosto es la Semana Mundial de la Lactancia Materna. En Bolivia, dentro de unos días (15 de agosto), se cumplirán 19 años de la aprobación de la Ley 3460 de fomento a la lactancia. Según una publicación del Ministerio de Salud del año pasado, en nuestro país, la prevalencia de lactancia materna inmediata alcanza el 55%, en cuanto a la que se da hasta los seis meses, llegó al 58.3% y la prolongada, es decir, hasta los dos años de edad del niño, alcanzó un 43%. Todos esto es bueno.
Lo que no es bueno es que aún persisten barreras que dificultan el acto de amamantar. Todavía hay desinformación y mitos. Tampoco se conoce mucho sobre grupos de apoyo, como hay en otras partes, donde embarazadas o mamás que están amamantando se reúnen con el objetivo de compartir experiencias, apoyo e información. Navegando pillé en Facebook la Liga de la leche Bolivia, donde se publica consejos. Tampoco estaba enterada de la Estrategia Nacional de Lactancia Materna denominada Gotas de amor y esperanza 2024 -2025. Hay contadas iniciativas y deberían ser más.
Por cuestiones de espacio me limitaré a decir que la lactancia materna es la mejor práctica que las mamás podemos ejercer hacia nuestros hijos, viene a ser como la primera vacuna para ellos porque contiene varios anticuerpos que los protegen de enfermedades. Ninguno de los miembros del binomio madre-hijo debe privarse de ese bendito privilegio, que une de manera maravillosa el lazo filial.