Pan y crisis. El pan, alimento esencial en la mesa de los bolivianos, se ha convertido en un claro reflejo de la crisis económica que atraviesa el país. Desde este lunes, su precio se ha duplicado en ciudades como Santa Cruz y Cochabamba, pasando de Bs 0,50 a Bs 1 por unidad, mientras que en La Paz se anticipa un ajuste inminente. Los panificadores justifican este incremento por el alza en los costos de insumos como la harina, la manteca y el azúcar, cuyos precios han escalado considerablemente en los últimos meses. En Santa Cruz, por ejemplo, el quintal de harina ha subido de Bs 280 a Bs 360, y los panaderos denuncian la falta de subsidios estatales, a diferencia de otras regiones del país.
La subvención selectiva. El Gobierno asegura que ha destinado Bs 1.200 millones en subvenciones para mantener el precio``` del pan de batalla en Bs 0,50, beneficiando principalmente a La Paz y El Alto, que reciben más del 70% de la harina subvencionada. Sin embargo, esta política ha generado disparidades regionales, dejando a ciudades como Santa Cruz y Cochabamba sin el mismo respaldo.
La ley que no es pareja. El Gobierno ha ensayado varias explicaciones para la subvención selectiva. Lo novedoso es que pasó la culpa a los municipios por no controlar los precios. Y como si fuera una aspirina para una inspección generalizada, Luis Arce y sus sindicalistas leales anunciaron un incremento salarial para la gestión 2025. Mientras tanto, las familias bolivianas ven cómo un producto básico se aleja cada vez más de su alcance, reflejando las profundas desigualdades que persisten en el país.